El dilema del Banco Central: por qué sostener el dólar dispara las tasas y qué significa para tu bolsillo
¿Por qué el dólar no se mueve pero las tasas se disparan? La respuesta revela un dilema que afecta tu crédito y la economía. Conocé los detalles.
El mercado financiero argentino vivió una semana de alta tensión: las tasas de interés en pesos se dispararon y el dólar oficial permaneció planchado. Detrás de esta calma cambiaria se esconde un costo creciente que ya se siente en el crédito y la actividad económica.
El martes, la caución bursátil a un día, el préstamo más corto del mercado y termómetro de la liquidez inmediata, llegó a operar al 38% de tasa nominal anual. Al día siguiente se acomodó en torno al 29%, con el Banco Central ofreciendo pases activos para contener el rebote.
La TAMAR, tasa mayorista de referencia entre bancos, tocó su nivel más alto desde abril. Toda la curva de Lecaps, la deuda corta del Tesoro en pesos, pasó a cotizar por encima del 2,2% mensual.
La regla que explica el ruido
Detrás de este movimiento hay una regla económica fundamental: un banco central puede fijar el precio del dólar o el nivel de la tasa de interés, pero no ambos al mismo tiempo. Si intenta sostener los dos, alguna variable termina saltando por su cuenta.
La lógica es directa. Si el Gobierno decide que el dólar mayorista no supere cierto nivel —hoy, el techo de facto son los $1500—, cada vez que aumenta la demanda de dólares, el Banco Central debe venderlos. Al vender dólares, retira pesos del mercado, reduce la liquidez y encarece el costo del dinero. Eso es, técnicamente, una suba de tasas.
El proceso también funciona al revés: si se prefiere sostener una tasa determinada, no se puede defender un valor específico del dólar. En economía, esto se conoce como la “trinidad imposible”. En criollo: elegí uno, no los dos.
La decisión del Gobierno
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, fue explícito esta semana en una charla con la Fundación FIEL: “Nosotros mantenemos un sesgo contractivo mientras la inflación permanezca por arriba de nuestro objetivo. No hay que esperar que el Banco Central esté buscando incentivar la actividad económica a través de herramientas monetarias”.
La traducción es simple: el Gobierno eligió sostener el ancla cambiaria y la desinflación, aun a costa de tasas más altas y actividad más floja.
El costo real: crédito que no arranca
Esa elección ya tiene consecuencias visibles. En julio, el crédito al sector privado cayó 1% en términos reales, según datos del BCRA. El único segmento que creció por arriba de la inflación fue el hipotecario; el resto —consumo, tarjetas, préstamos comerciales— quedó abajo.
La curva de bonos ajustados por inflación (CER) incorpora hoy tasas reales del 10% anual en el tramo largo y del 8% al 9% en los vencimientos que operan durante 2027. Son tasas reales altísimas para cualquier estándar internacional, y explican por qué el crédito no despega.
La tensión política de fondo
Para reactivar la economía real, la que se vive en el supermercado y en la fábrica, hay que bajar las tasas de interés. Con tasas de dos dígitos en términos reales, ninguna empresa invierte y ninguna familia se endeuda para consumir bienes durables.
Pero para bajar las tasas hay que soltar, al menos un poco, el techo del dólar. Y soltar el techo, en un año preelectoral, tiene un costo político que el Gobierno hasta ahora no está dispuesto a pagar.
Un equilibrio incómodo
El resultado es un equilibrio incómodo: el dólar oficial se mantiene planchado, la inflación desacelera, pero la actividad se estanca y el crédito se seca. Es el trade-off que el propio Bausili ratificó, y es la razón por la cual quienes miran de cerca el mercado saben que la foto actual no puede sostenerse indefinidamente. En algún momento, alguna de las dos variables va a ceder.
Para el ahorrista, el inversor y el empresario, la lección práctica es una: no hay que mirar el dólar o la tasa por separado, como si fueran dos noticias independientes. Son dos caras de la misma decisión.
Cuando la tasa sube fuerte sin que suba el dólar, el Gobierno está gastando reservas o liquidez para sostener la paridad. Cuando el dólar sube sin que suba la tasa, es porque cedió el ancla. Y cuando las dos parecen tranquilas, alguien está pagando el costo en otro lado, normalmente la actividad. La macro argentina es, más que nunca, un juego de vasos comunicantes.