El dinero de los argentinos se desinfla: la jugada del Gobierno que hizo caer las tasas en plazos fijos
Los ahorristas argentinos enfrentan una realidad cruda: sus plazos fijos ya no rinden lo esperado. Con una caída de tasas que supera los 3 puntos, el dinero en pesos pierde valor frente a la inflación. ¿Cuál es la estrategia del Gobierno detrás de este movimiento y qué significa para tu bolsillo?
Los ahorros en pesos de los argentinos están perdiendo terreno frente a la inflación. Las tasas de los plazos fijos registraron una caída de entre 3 y 4 puntos porcentuales en lo que va de marzo, un movimiento que responde a las señales del equipo económico de relajar las condiciones de liquidez en el mercado.
Los datos oficiales del Banco Central revelan un panorama claro. La tasa Badlar, que mide los depósitos a plazo fijo a 30 días por montos superiores al millón de pesos, descendió 3,8 puntos en el mes, ubicándose este jueves en un 25,7% nominal anual.
La situación para los pequeños ahorristas es aún más desfavorable. Según la información publicada por el BCRA, el Banco Nación actualmente paga un 22% nominal anual por los plazos fijos a 30 días, lo que implica una baja de 3 puntos respecto a fines de febrero. Numerosas entidades privadas de primer nivel ofrecen tasas del 21%.
¿Qué pasa con los grandes capitales?
El segmento mayorista tampoco se salvó del retroceso. Para los plazos fijos que superan los $1000 millones, la tasa Tamar que sondea el BCRA experimentó una caída aún más pronunciada de 4,8 puntos durante marzo, alcanzando un nivel del 26,3%.
Algunos analistas consideran que este escenario podría ser pasajero. Un informe de BBVA Research proyectó que, en el corto plazo, las tasas de interés se alinearán con la inflación esperada, en un contexto de menor volatilidad que el observado en el segundo semestre de 2025.
El economista Gonzalo Lacunza, de Empiria, coincidió en parte con esa visión. “Creo que esta baja de tasas es circunstancial”, afirmó, aunque aclaró que no provino de un cambio explícito en la política oficial. Reconoció que el Gobierno parece estar abordando el desempleo, lo que podría implicar cierta relajación monetaria para impulsar la actividad económica.
Sin embargo, Lacunza sostuvo que la desinflación sigue siendo el objetivo principal, que se busca alcanzar mediante el control de la masa monetaria en circulación.
Un rendimiento que no alcanza
La cruda realidad para el ahorrista es que el plazo fijo ya no protege su capital. Las tasas efectivas mensuales que perciben los clientes bancarios se ubican por debajo del 2,5%. Frente a expectativas de inflación cercanas al 3% para marzo, esta herramienta de ahorro tradicional genera una pérdida de poder adquisitivo en términos reales.
Esta estrategia del Gobierno, que parece resignar la bandera de mantener tasas reales positivas para la moneda local, va en contra de una recomendación habitual del Fondo Monetario Internacional. El organismo suele sugerir mantener un rendimiento positivo para los pesos con el fin de desalentar la dolarización de los portafolios.
Varias medidas recientes indican un cambio de rumbo en la política monetaria. La inyección de pesos a través de la compra de reservas, las renovaciones parciales de deuda en moneda local y la decisión de reducir los encajes bancarios muestran que las autoridades están aflojando, al menos en parte, el fuerte ajuste monetario implementado para contener la volatilidad durante el período electoral de fines de 2025.
El objetivo final parece ser reactivar el crédito mediante una reducción de sus costos. No obstante, este camino encuentra un obstáculo significativo en el elevado nivel de morosidad. Los pagos atrasados en los créditos personales y con tarjetas ya superan el 10%, el nivel más alto en 16 años.
BBVA Research anticipa que la mora continuará aumentando hasta el segundo trimestre de 2026, como resultado del impacto rezagado de las altas tasas y cierta debilidad en los ingresos reales. Se espera que se estabilice hacia fines de ese trimestre y comience a descender en la segunda mitad del año, en un escenario proyectado de menor volatilidad y crecimiento económico.