El docente que aprendió a leer a la luz de las velas y hoy enseña en Jáchal

Pedro Muñoz aprendió a leer a la luz de las velas en una casa de adobe de Jáchal. Hoy, después de 20 años de docencia, enseña en la Escuela Provincia de La Pampa y reivindica la vocación como bandera. Pero él mismo advierte que la profesión atraviesa un momento crítico: ¿qué desafío enfrentan los maestros?

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El docente que aprendió a leer a la luz de las velas y hoy enseña en Jáchal
El docente que aprendió a leer a la luz de las velas y hoy enseña en Jáchal

Pedro Muñoz es docente desde hace 20 años y actualmente está al frente de un grupo de alumnos de la Escuela Provincia de La Pampa, en San José de Jáchal. Su historia de vida, marcada por la humildad y el esfuerzo, explica su vocación: de chico leía los primeros libros a la luz de las velas, en una casa de adobe donde sus padres, un albañil y una ama de casa, hacían lo imposible para acercarles material de lectura a él y a su hermano.

“De chico me gustaba enseñar, aprender, comunicar y eso me llevó a estudiar”, cuenta Pedro en diálogo con DIARIO DE CUYO. Recuerda que su infancia fue feliz pese a los recursos justos. “Los primeros libros los leíamos a la luz de las velas. En ese tiempo era primordial la educación y mis padres nos insistían mucho. Creo que eso es lo que me llevó a ser docente de vocación”, rememora.

Del sur a la pandemia: una carrera construida a paso firme

Nacido y criado en Jáchal, terminó su formación a inicios del año 2000 y, gracias a un amigo, se trasladó a Río Negro. Allí consiguió sus primeras horas como educador haciendo suplencias, hasta que llegó a Maquinchao, un pueblito de esa provincia. “No me olvido el día que llegué. Corría mucho viento, llegué a fines de abril, y me tocó segundo grado, con 32 chicos. Chicos muy humildes, muy chicos. Mi primera prueba de fuego fue el clima, porque allá no es como San Juan”, dice entre risas.

Fueron ocho años en el sur, en nivel primario y luego como preceptor en secundaria. En 2011 regresó a San Juan y Jáchal lo recibió con los brazos abiertos, aunque su vuelta sería fugaz. “En el 2017 titularicé en la Ciudad, en la Escuela Luis Jorge Fantana, frente al Parque de Mayo. Trabajé hasta el 2019 y en la pandemia me vine para Jáchal, donde me quedé. Anduve por todos lados, siempre como maestro”, relata.

“Devolver un poco de lo que el pueblo me dio”

Pedro es un agradecido de la vida. Cada jornada en el aula, con sus alumnos y la comunidad educativa, es algo que no cambiaría por nada. Entiende que su rol va mucho más allá de enseñar: entre risas cuenta que a veces son asistentes sociales y hasta psicólogos de los chicos. “El maestro puede estar en la escuela más humilde hasta la más completa, y siempre vamos a hacer lo mismo, porque las problemáticas son distintas pero los niños son el futuro de todo. Más allá de enseñar, los niños toman a los maestros de ejemplo, escuchan lo que dicen, el consejo. Es la parte más hermosa que uno puede tener, dejar la huella a los chicos”, destaca.

Para él, hacer camino en su departamento es un orgullo y una forma de devolver lo que su pueblo le dio, tanto en la oportunidad de formarse como en las puertas que le abrió la comunidad educativa años después de haber partido. Pero no todo es vocación: Pedro reconoce que la profesión a veces es cruel por la falta de reconocimiento y el desprestigio que pesa sobre la docencia. “Ahora la docencia tiene el desafío de recuperar los valores. La sociedad va para un lado y la escuela a veces por la otra. Hay que tratar de mediar, entender la situación en la que uno vive, desde la confianza y el respeto”, puntualiza.

Allanar el camino para los que vienen

Pedro sostiene que su vida es por y para la docencia. No descarta aspirar a un cargo directivo en el futuro, no por ambición sino para seguir progresando y acompañar la enseñanza de los alumnos. Mientras tanto, cada día sigue siendo una maravilla para él, que disfruta de compartir con los más pequeños y de invitarlos a conocer el mundo con todas sus oportunidades.

“Me gustaría que los docentes sigamos en este camino de vocación. Aunque no crean, nosotros vamos a dejar algo en las escuelas. En algunos años nos vamos a retirar y tenemos que dejar proyectos lindos, enseñar a los nuevos maestros para que sigan el camino de la vocación. Más allá del pago, es algo lindo y fructífero”, precisa. Y cierra: “La docencia es linda y la recompensa que nos queda es que los chicos nos reconocen. Seguiremos en esta tarea hasta que Dios diga y a los demás docentes darles la fuerza, decirles que se puede, siempre hay que estar preparados para distintas situaciones. Los cambios son continuos. Solo me queda agradecerle a Dios por haberme puesto en esta tarea”.

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