El drama de los perros sueltos que amenaza la producción fueguina
Los perros asilvestrados ya no solo atacan ovejas: ahora van por los terneros y las pérdidas se sienten en el bolsillo de los productores. Mientras las ciudades no controlen a los animales sueltos, el campo sigue pagando las consecuencias.
La producción ganadera de Tierra del Fuego lleva cuatro décadas conviviendo con un enemigo que crece sin freno: los perros asilvestrados. Según advirtió la Sociedad Rural, las pérdidas ya son millonarias y el problema se traslada ahora del ganado ovino al bovino, en vísperas de la temporada de parición de terneros.
Lucila Apolinaire, referente de la entidad, explicó que desde febrero trabajan junto al ministro de Producción, Francisco Devita, en un comité de seguimiento. El objetivo inmediato es firmar convenios con Ushuaia, Río Grande y Tolhuin para convertir acciones aisladas en una política provincial.
“Esto es un problema que nace en las ciudades con los perros que están en la calle y después se traslada al campo”, sostuvo Apolinaire, y remarcó que Provincia y municipios deben actuar con criterios comunes.
Un primer censo y una meta clara
Durante el último año, CADIC-CONICET, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego y los municipios realizaron un primer conteo de perros en las tres ciudades. Esa información, según la dirigente, debería servir para medir resultados y ajustar políticas. “Ya no alcanza con informar cuántas castraciones se hacen”, dijo, y resumió el objetivo urbano en una consigna: “perros sueltos cero”.
La propuesta apunta a fortalecer la tenencia responsable, la identificación, la castración, el control y la educación para evitar que los animales abandonados engrosen las poblaciones asilvestradas.
La emergencia ya está en el campo
Mientras se intenta actuar sobre el origen, los estudios estiman que estas poblaciones crecen a un ritmo anual cercano al 47 por ciento, que en algunos sectores podría llegar al 62 por ciento. Las cámaras trampa instaladas en establecimientos rurales registran movimientos constantes de perros.
En zonas donde los ovinos prácticamente desaparecieron, los ataques ahora se dirigen a los bovinos. Con la llegada de los terneros en las próximas semanas, los productores temen volver a encontrar animales muertos o heridos, una escena que se repite temporada tras temporada.
Para enfrentar a las poblaciones ya asilvestradas, la Sociedad Rural planea traer durante el verano a especialistas de Canadá o Estados Unidos con experiencia en control de especies exóticas invasoras. “Nosotros lo que sabemos hacer es producir carne y producir lana. No somos cazadores expertos”, sintetizó Apolinaire.
Un reclamo que cruza fronteras
La referente insistió en que Tierra del Fuego necesita una “política de Estado provincial permanente”, que no dependa de los cambios de gobierno. La coordinación entre municipios es indispensable, porque de poco sirve que una jurisdicción avance si otra mantiene una alta población de perros sin control. El fenómeno, además, desconoce límites administrativos y también afecta al sector chileno de la Isla Grande.
Las consecuencias económicas siguen acumulándose. Mientras la provincia argentina cuenta con unos 300 mil ovinos, la región chilena de Magallanes supera los 1,3 millón. La diferencia pesa más aún ante la recuperación internacional del valor de la lana natural y el interés por los mercados premium.
“Entre distintas crisis económicas y el perro nos llevó puestos”, resumió Apolinaire, al señalar que sin este flagelo la ganadería fueguina podría haber invertido más en genética y mejoramiento de rodeos.
Después de cuarenta años, ya no faltan diagnósticos. Hay estudios, registros y experiencia para empezar a medir resultados. Lo pendiente, dice el sector, es convertir ese conocimiento en decisiones concretas y sostenidas. Mientras tanto, en el campo la reproducción continúa, y cada temporada sin una estrategia integral significa más perros asilvestrados, más ganado atacado y más pérdidas para una actividad que la provincia necesita preservar.