El drama de una madre en el Barrio Bicentenario II: dos días sin agua y un gimnasio paralizado por el frío extremo
¿Cómo sobrevive una familia cuando el agua se congela y el frío paraliza todo? Roxana lo vivió en carne propia en el Barrio Bicentenario II de Río Gallegos.
El invierno en Santa Cruz no da tregua. Mientras el Gobierno Provincial activa el Plan Invernal, en los barrios periféricos de Río Gallegos las familias viven una emergencia cotidiana. Roxana, vecina del Barrio Bicentenario II, pasó dos días sin agua potable porque las cañerías se congelaron, y su emprendimiento, el gimnasio Shadai, quedó prácticamente paralizado.
Un invierno que no esperaban
Roxana reside desde hace cuatro años en la zona de calles 48 y 50 por 19. En diálogo con LU12 AM680, describió la situación como "muy complicada". "La verdad que vivimos un invierno muy crudo, muy frío. No nos esperábamos este invierno", confesó. Las temperaturas bajo cero durante varios días consecutivos dejaron una capa de escarcha de hasta 15 centímetros frente a su casa.
Cañerías congeladas y cisterna inútil
El problema más grave fue el agua. "Se me congeló la cañería. Yo tengo agua de red y el agua se nos congeló. Estuvimos dos días sin agua. La cisterna también se me congeló", relató Roxana. Durante esas jornadas, la familia debió reorganizar sus actividades mientras esperaban que el clima permitiera recuperar el servicio.
El gimnasio sin baño y sin calefacción
Roxana sostiene dos emprendimientos: el gimnasio Shadai y Jardinería Especializada Norita. La falta de agua y el frío extremo afectaron directamente su trabajo. "Esta semana estuvimos sin actividad. Los pocos que vinieron no podían utilizar el baño", explicó. Además, con un solo calefactor, las clases se volvieron insostenibles. "Se nos complicaba dar clase porque hacía mucho frío", agregó.
Un historial de lucha por el agua
Cuando llegó al barrio, Roxana no tenía conexión formal a la red. "Estaba conectada a una conexión clandestina y la municipalidad me traía el agua cada tres días", recordó. Su hija de 19 años, que tiene retraso madurativo y pérdida de memoria, hacía aún más urgente el suministro. "La municipalidad se hizo cargo todos estos años", destacó.
Pese a todo, Roxana no se rinde. "No pienso bajar los brazos", aseguró, mientras continúa al frente de Jardinerías Especializadas Norita, un negocio familiar de 20 años que heredó de su suegra. "Hace cinco años que lo tengo yo, con mucho orgullo", cerró.