El drama educativo que nadie quiere ver: los chicos van a la escuela pero no aprenden

Los chicos catamarqueños van a la escuela, pero ¿aprenden? El IRE 2025 revela que solo 43 de cada 100 terminan la primaria con los conocimientos esperados. ¿Qué está fallando?

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El drama educativo que nadie quiere ver: los chicos van a la escuela pero no aprenden
El drama educativo que nadie quiere ver: los chicos van a la escuela pero no aprenden

En Catamarca, la mayoría de los chicos completan la primaria sin repetir ni abandonar, pero apenas 43 de cada 100 alcanzan los aprendizajes esperados en Lengua y Matemática. El dato, que surge del Índice de Resultados Escolares (IRE) 2025 de Argentinos por la Educación, expone una paradoja que obliga a replantear el debate educativo en la provincia.

El informe revela que el sistema mejoró su capacidad para sostener las trayectorias escolares, un avance que durante décadas fue el eje de la discusión. Sin embargo, la permanencia en el aula no se traduce en conocimientos sólidos. La brecha entre escolarización y aprendizaje es la deuda más urgente que tiene Catamarca.

¿Qué mide el Índice de Resultados Escolares?

El IRE no se conforma con saber cuántos chicos llegan a sexto grado. Cruza esa información con el desempeño en las pruebas Aprender 2025. Así, combina dos dimensiones: la trayectoria (que los estudiantes avancen en tiempo y forma) y los aprendizajes reales.

En trayectoria, Catamarca muestra números alentadores: la enorme mayoría de los que ingresan a primer grado llega a sexto sin repetir ni abandonar. Pero cuando se suma el rendimiento académico, el panorama cambia por completo. Solo 43 de cada 100 alumnos que terminaron la primaria lograron los conocimientos esperados en Lengua y Matemática.

El debate que viene: más allá de salarios e infraestructura

Durante años, la discusión educativa en la provincia estuvo centrada en los sueldos docentes y el estado de los edificios escolares. Nadie niega que ambos temas son fundamentales. Un maestro mal pagado o una escuela en malas condiciones difícilmente puedan garantizar una educación de calidad.

Pero el déficit de aprendizajes no se resuelve solo con esos reclamos. Hay otras variables que pesan: la formación docente continua, las prácticas de enseñanza en el aula, el tiempo real dedicado a la lectoescritura y al pensamiento lógico-matemático, y la capacidad del sistema para detectar a tiempo a quien se queda atrás.

Por eso, el IRE 2025 no debería leerse como un veredicto sobre culpables, sino como una herramienta de diagnóstico que exige respuestas. Y esas respuestas requieren de un debate plural, con metas concretas y plazos verificables.

¿Qué experiencias locales pueden inspirar el cambio?

Lejos de partir de cero, Catamarca tiene antecedentes que merecen ser estudiados y ampliados. El sistema educativo de la Capital viene implementando iniciativas innovadoras: exámenes Cambridge en formato digital, programa municipal de inglés, fortalecimiento de la educación inclusiva, capacitación en Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), centros de estimulación de la infancia, operativos municipales de evaluación y robótica educativa.

Ninguna de estas propuestas, por sí sola, puede cerrar una brecha estructural. Pero en conjunto representan un capital valioso que debería estar en el centro de cualquier discusión seria sobre cómo mejorar los resultados escolares.

Los dos frentes prioritarios

El informe deja en claro que hay dos ejes que no pueden esperar. El primero es la consolidación de la lectocomprensión temprana y el razonamiento lógico-matemático en la primaria. Un chico que llega a sexto grado sin esas bases arrastrará esa deuda durante toda su secundaria.

El segundo es la formación docente: no solo la capacitación continua, sino también la valoración del rol del maestro y la disponibilidad de recursos didácticos en las aulas.

La mejora en la retención escolar demuestra que Catamarca es capaz de sostener políticas efectivas. Ahora el desafío es aplicar esa misma capacidad de gestión al problema más complejo: que estar en la escuela realmente signifique aprender.

Convocar a mesas de diálogo o foros provinciales de educación, con voces diversas, es el punto de partida para que el próximo informe muestre una mejora equivalente en los aprendizajes.

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