El drama invisible de los jóvenes: por qué un 'like' puede disparar la ansiedad
¿Sabías que un simple 'like' puede alterar tu ansiedad? Un estudio de la UNLP revela cómo las interacciones en redes sociales, incluso las más breves, impactan en los jóvenes. Descubre qué situaciones son las más peligrosas.
Un simple 'me gusta' o la falta de él puede generar un impacto medible en la ansiedad de los jóvenes. Un estudio de la Universidad Nacional de La Plata lo confirmó: situaciones cotidianas en redes sociales, como ser ignorado o compararse con otros, aumentan los niveles de ansiedad.
La investigación, realizada por las investigadoras del Cedlas María Laura Alzúa, Azul Menduiña y Milagros Onofri, se centró en estudiantes de primer año de la Facultad de Ciencias Económicas. En febrero de este año, 506 jóvenes con una edad promedio de 19,8 años participaron en el experimento, siendo asignados aleatoriamente a diferentes grupos.
¿Qué situaciones generan más ansiedad?
Los participantes fueron expuestos a cinco escenarios hipotéticos que replican interacciones digitales habituales. Uno de ellos consistía en imaginar que publicaban contenido y no recibían ninguna reacción. Otro, recibir comentarios negativos sobre una publicación personal. También debían visualizar una imagen corporal idealizada con muchos 'likes'. Un escenario más involucraba un video generado por inteligencia artificial donde aparecía el propio estudiante, creado por una cuenta anónima. El quinto planteaba una situación muy común: proponer un plan a los amigos y ser ignorado.
Un grupo de control, en cambio, recibió estímulos neutrales como un tutorial de cocina o una publicidad de café. Los resultados fueron contundentes: quienes enfrentaron las situaciones vinculadas a redes sociales registraron 1,70 puntos más de ansiedad en comparación con el grupo de control, con significación estadística al 10 por ciento.
La magnitud puede parecer modesta, pero cobra relevancia al considerar que los estudiantes no vivieron experiencias reales, sino que apenas imaginaron situaciones diseñadas para reproducir interacciones típicas. Los investigadores destacan que el efecto es significativo justamente por aparecer tras una exposición breve y en contextos hipotéticos.
Más que las horas de pantalla
El uso de redes entre los participantes era elevado: el 60% declaró pasar más de cuatro horas diarias durante los días de semana, cifra que ascendía al 72% los fines de semana. Un 28% superaba las seis horas diarias entre semana, y un 40% lo hacía los sábados y domingos.
Sin embargo, al analizar si quienes usaban más intensivamente las redes sufrían un efecto mayor ante las situaciones planteadas, los investigadores no encontraron diferencias estadísticamente significativas. Esto sugiere que el contenido y el contexto de la experiencia digital importan más que el tiempo de exposición en sí mismo.
Los autores señalan que la falta de respuesta social, la evaluación negativa y la comparación con imágenes idealizadas pueden desencadenar respuestas de ansiedad incluso en períodos muy breves.
Una generación bajo evaluación
En un mundo hiperconectado, el rechazo no siempre se manifiesta como una agresión directa; a veces aparece como silencio o ausencia de respuesta. El experimento de la UNLP buscó reproducir esas situaciones para observar sus consecuencias inmediatas, y los resultados revelan que una interacción digital aparentemente menor puede tener un efecto psicológico medible.
Este hallazgo abre un debate sobre el papel de las plataformas. Si parte del malestar proviene de los mecanismos de comparación, aprobación y evaluación social, reducir simplemente el tiempo de pantalla podría no ser suficiente. Los investigadores plantean que las intervenciones deberían considerar también la naturaleza de las interacciones y cómo las plataformas estructuran esas experiencias.
No obstante, el estudio tiene límites: no demuestra que las redes sociales causen trastornos de ansiedad ni permite predecir los efectos a largo plazo. Lo que mide es un cambio inmediato en la ansiedad después de situaciones puntuales, un primer paso para entender el impacto real de la vida digital en la salud mental.