El drama invisible de los presos perpetuos: qué pasa en su mente cuando el futuro se apaga
¿Qué pasa por la cabeza de un preso cuando recibe cadena perpetua? Un psicólogo explica el quiebre emocional, las señales de alerta y la urgencia de políticas de salud mental en las cárceles.
La muerte de José “Jota” Figueroa en la Unidad Carcelaria de Villa Las Rosas reabrió el debate sobre la salud mental en las cárceles y el impacto psicológico de una condena a prisión perpetua.
El licenciado en Psicología Rodolfo Ceballos, en diálogo con Efecto Dominó de Radio LUP, explicó qué ocurre en la psique de un detenido cuando pasa de la libertad a un encierro que puede durar toda la vida.
“Siente que su futuro se acabó”
Para Ceballos, la condena perpetua no es solo la pérdida de la libertad, sino un quiebre en la forma en que la persona se proyecta. “Generalmente, cuando el preso recibe una condena de ese tipo, siente que su futuro se acabó”, afirmó.
El especialista detalló que el recluso comienza a experimentar un sufrimiento mental profundo: “siente la soledad, siente el aburrimiento, también puede sentir la vergüenza y comienza en su cabeza a generarse una autopercepción negativa que lo lleva a una máxima desvalorización”.
¿Qué pasa cuando el futuro deja de existir?
El impacto es mayor si la persona ya es psicológicamente vulnerable. La condena profundiza la desesperanza y la sensación de que no hay salida posible. Ceballos advirtió que se puede llegar a un “quiebre subjetivo”: la persona deja de proyectarse y siente que su vida quedó reducida al encierro.
“La condena abruma por todos los costados”, sostuvo el psicólogo.
No todos reaccionan igual
Sin embargo, el profesional aclaró que la reacción no es uniforme. La vulnerabilidad previa, las redes de apoyo y la posibilidad de mantener proyectos y vínculos marcan diferencias notables. Por eso, insistió en que “la prevención exige políticas penitenciarias que integren a la salud mental” como un eje central.
Señales de alerta dentro de la cárcel
Ceballos también enumeró conductas que pueden encender alarmas: el aislamiento, la escasa comunicación con otros internos, los sentimientos de desesperanza, los autoreproches y la autodesvalorización. Detectar estos signos a tiempo podría evitar desenlaces trágicos.