El drama oculto de la infancia argentina: 5 de cada 10 menores son pobres o indigentes
¿Qué esconde la cifra de pobreza infantil en Argentina? Un informe revela datos que estremecen y un referente social cuenta la cruda realidad en los barrios. Enterate de los detalles que nadie te contó.
Cinco de cada 10 niños en Argentina viven en la pobreza o la indigencia, según el último informe de la Universidad Católica Argentina (UCA). La cifra, lejos de asombrar a quienes trabajan en el territorio, confirma una realidad que se viene advirtiendo hace tiempo.
Ricardo Camarasa, referente del Movimiento Solidario Rosario (MSR), organización que asiste a más de 20 comedores de la ciudad, fue contundente al respecto: “No es un dato que nos sorprenda, estamos viendo desde hace bastante tiempo la rotura del tejido social”.
Indigencia contenida por los planes sociales
El estudio de la UCA revela que uno de cada 10 menores es indigente, pero esta cifra estaría contenida gracias a los programas sociales. Sin la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, la cantidad de niños y adolescentes en situación de indigencia se duplicaría. Además, el 30% de la población argentina recibe alguno de estos programas y aún así se encuentra por debajo de la línea de pobreza.
Según la misma universidad, estos dos programas destinados a las infancias y adolescencias incrementaron su poder de compra: pasaron de cubrir entre un 12 y 28 por ciento de la canasta básica alimentaria en 2024 a un 39 y 62 por ciento en 2026. Sin embargo, las carencias van más allá de la alimentación.
Privaciones que van más allá de la comida
El relevamiento también detectó otras falencias: el 37,5 por ciento de los niños y adolescentes no compra ropa o calzado por motivos económicos; el 36,8 por ciento presenta dificultades en el aprendizaje escolar; y más del 45 por ciento tiene problemas para hacer amigos o sufre de salud mental. “En todos los casos, estas privaciones se agravan cuanto más bajo es el nivel socioeconómico del hogar”, advirtieron desde la UCA.
El informe se basa en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-Indec) de los primeros trimestres de 2018 a 2026, con cobertura en 31 aglomerados urbanos que representan aproximadamente el 62% de la población total del país.
La vuelta a lo básico
Frente a este panorama, Camarasa contó que el MSR tuvo que retomar una colecta de invierno que había dejado atrás. “Años atrás sólo recolectábamos frazadas o camperas, ahora tuvimos que volver a buscar ropa, zapatillas, medias, que se volvieron tan necesarios como los alimentos”, explicó en LT8.
Otra de las preocupaciones es la deserción escolar. “Incluso cuando a los jóvenes se les da una beca y se hace un seguimiento los chicos dejan los estudios”, lamentó. Y agregó: “Hay algo de la época que está siendo muy difícil de contrarrestar, porque los pibes dejan los estudios para ir a trabajar, conseguir una changa, porque en la casa faltan muchas cosas”.
Para Camarasa, el camino es “redoblar apuestas, trabajo en el territorio y poner el foco en la humanización”, con el objetivo de “sostener a la gente que menos tiene sin que le falte un plato de comida, unas zapatillas o algo para abrigarse”.
Menos ayuda y más deshumanización
El referente social también se refirió a la situación de las ONG: “a las ONG que todavía siguen funcionando”, dando a entender el cierre o corrimiento de actores sociales ante “la deshumanización como bajada de línea a nivel nacional”. “Es desesperanzarse, perder las ganas, porque dicen que si ayudás a alguien sos chorro. Es una bajada de línea muy perversa que confunde”, retrató.
No obstante, remarcó que en Rosario “gana la solidaridad”, aunque expuso que comedores que se organizaban para “dar una mano al vecino que la pasaba mal se ven obligados a cerrar por la falta de recursos”.
Finalmente, Camarasa afirmó que “será una tarea bastante difícil la de no perder la humanidad, el sentido social y la solidaridad con el prójimo” y que es un trabajo que involucra a toda la sociedad.