El drama oculto detrás del aumento en la terminalidad del secundario

¿El secundario es realmente para todos? Las cifras oficiales muestran una mejora, pero esconden una brecha económica y de género que preocupa. Enterate de los detalles que no te contaron.

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El drama oculto detrás del aumento en la terminalidad del secundario
El drama oculto detrás del aumento en la terminalidad del secundario

Mientras el país celebraba el avance en la cantidad de jóvenes que terminan el secundario, una mirada más profunda a las cifras revela una brecha que nadie quiere ver. Los números oficiales muestran una mejora general, pero también exponen desigualdades que persisten y hasta se profundizan.

Según los últimos datos correspondientes a 2024, el porcentaje de estudiantes que completaron el nivel secundario pasó del 61,9% en 2014 al 74,6% en 2024. Un salto de casi 13 puntos porcentuales en una década que, a simple vista, parece una gran noticia.

¿Qué esconden los promedios?

Sin embargo, al desglosar las estadísticas por género y nivel económico, el panorama se vuelve más complejo y revelador. Las cifras dejan en evidencia que no todos los jóvenes tienen las mismas oportunidades de terminar sus estudios.

En 2024, mientras que el 78,8% de las mujeres completó el secundario, entre los varones el porcentaje descendió al 70,6%. Una diferencia de más de 8 puntos que plantea interrogantes sobre los factores que influyen en la deserción escolar masculina.

La brecha económica: el dato más preocupante

Pero el dato más alarmante surge al analizar la terminalidad según el nivel económico de los estudiantes. Entre los alumnos de mayores ingresos, el 92% logró terminar el secundario, mientras que entre los de menores ingresos apenas el 59,6% alcanzó ese objetivo.

Esta diferencia de más de 32 puntos porcentuales evidencia una profunda desigualdad que pone en jaque la idea de una educación igualitaria. Mientras los sectores más acomodados tienen casi asegurado el título secundario, los jóvenes de bajos recursos enfrentan barreras que muchos no logran superar.

Estas estadísticas, difundidas recientemente, invitan a reflexionar sobre las políticas educativas y sociales necesarias para achicar estas brechas. No alcanza con celebrar los promedios generales si detrás de ellos se esconden realidades tan dispares.

La terminalidad del secundario es un indicador clave para el futuro de los jóvenes y del país, pero los números demuestran que el camino hacia la equidad educativa todavía tiene obstáculos importantes por superar.

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