El durísimo relato de Ailén, la joven que descubrió su VIH a los 6 años y fue rechazada por todo un pueblo
¿Cómo es crecer con VIH en un pueblo donde todos lo saben? Ailén lo vivió en carne propia y hoy cuenta su historia para que nadie más sufra lo mismo.
Ailén Medina tenía apenas seis años cuando supo que vivía con VIH. Hoy, con 25, decidió romper el silencio y contar una historia marcada por la discriminación, el miedo y la soledad en un pequeño pueblo de La Pampa. Su objetivo: que nadie más tenga que atravesar lo que ella vivió.
Todo empezó con un cuadro de fiebre y ganglios inflamados. Los médicos le diagnosticaron el virus, pero el impacto más grande no fue la enfermedad en sí, sino la reacción de la gente. La negligencia médica expuso su diagnóstico y el pueblo entero se enteró.
“Me enteré de que tenía VIH a los 6 años. Desde entonces, me enfermaba seguido, tenía que hacerme controles constantemente y, a veces, me tenía que aislar para no empeorar”, recordó Ailén en diálogo con TN.
El tratamiento y sus complicaciones
Recién a los 10 años comenzó con la medicación antirretroviral. Pero el primer fármaco le provocó una reacción alérgica severa que la mantuvo internada un mes entero. Los médicos decidieron suspenderlo y recién lo retomó dos años después, cuando entró en la pubertad.
El contagio fue vertical: su mamá vivía con VIH y se había infectado un año antes de quedar embarazada, pero nunca le informaron sobre el riesgo de transmisión durante la gestación.
El rechazo que marcó su infancia
El mayor dolor no fue el tratamiento, sino el estigma. “Eran los mismos adultos los que les decían a sus hijos que no se juntaran conmigo. Algunos tiraban el vaso del que yo había tomado, no querían compartir el mate y hasta escuchaba comentarios muy duros sobre mí”, contó.
Ese rechazo también condicionó su vida afectiva. “A mi primera pareja le mentí durante tres años. Una vez le pregunté si sería capaz de estar con una persona con VIH y me dijo: ‘No estaría ni loco, mirá si me contagia, es muy peligroso’. Eso me destruyó mentalmente. Terminé con ansiedad, ataques de pánico y despersonalización por guardar tanto tiempo ese secreto y sentirme tan sola”.
Con su segunda pareja, la historia se repitió. Aunque al principio lo tomó con naturalidad, el vínculo terminó mal. “En una de las últimas discusiones me dijo: ‘Te vas a morir por tu enfermedad’”.
La discriminación también llegó al ámbito laboral. “En mi último trabajo hicieron un grupo de WhatsApp en el que yo no estaba que se llamaba ‘Los sin sida’. Incluso, una compañera se enojó conmigo y me dijo ‘sidosa’. Aunque estoy acostumbrada, me dolió muchísimo”.
El punto más oscuro y la decisión de seguir adelante
En 2024, Ailén intentó quitarse la vida. Sentía que no podía soportar más el peso de una realidad que nunca eligió. Pero ese episodio marcó un antes y un después: comprendió que no quería vivir bajo la sombra del VIH y decidió transformar su experiencia en una herramienta para acompañar a otros.
“Estoy enfocada en ser una referente de su comunidad. Es algo que me llena de orgullo y me tranquiliza. Lo hago por las personas que la están pasando mal. Porque somos personas y la discriminación y el rechazo duelen”, explicó.
“A pesar de todo elijo vivir en plenitud, sigo con secuelas, la depresión no desapareció, pero tengo fe de que algún día voy a sanar”, dice con esperanza.
Hoy, Ailén quiere informar y generar conciencia para erradicar la discriminación. “Yo sé que entre todos podemos cambiar esto y salvar vidas que no se merecen seguir sufriendo”.
La desinformación sigue siendo el principal motor del estigma. Aunque hoy hay más acceso al conocimiento, persisten mitos que alimentan el miedo y el rechazo. Derribarlos no solo mejora la calidad de vida de quienes viven con VIH, sino que también evita situaciones de violencia como las que atravesó Ailén.