El duro mensaje del cura en San Cayetano: "Ninguna política económica puede olvidar a las personas"
El padre Ariel Giménez sorprendió en la misa de San Cayetano en Goya con un mensaje que incomoda al poder: "Ninguna política económica puede olvidar a las personas". ¿Qué más dijo sobre la desregulación y el trabajo?
Miles de fieles colmaron la capilla de Goya para honrar a San Cayetano, pero el padre Ariel Giménez aprovechó la ocasión para lanzar una advertencia contundente: "Ninguna política económica puede olvidar a las personas y las familias". La misa central, presidida por el párroco de la Catedral, se convirtió en un llamado a la reflexión sobre la realidad social del país.
Con el lema "Iglesia sinodal, comunión, participación y misión", la celebración reunió a una multitud en la histórica capilla de Tucumán y Pujol. Desde temprano, los peregrinos llegaron para encomendar sus intenciones al Patrono del Pan y del Trabajo, en una jornada que mezcló fe y preocupación por el contexto económico.
¿Qué dijo el sacerdote sobre la economía?
En su homilía, Giménez fue claro: la Iglesia no pretende reemplazar a las instituciones, pero sí tiene la misión de "favorecer el diálogo, escuchar el clamor de los pobres y recordar que el bien común debe estar por encima de cualquier interés sectorial". Sus palabras resonaron entre los presentes, muchos de ellos afectados por la falta de empleo estable.
El sacerdote no solo habló de fe, sino que trazó un diagnóstico crudo: "Miles de jóvenes no encuentran un trabajo estable. Muchas familias viven con miedo a perder el empleo o a no llegar a fin de mes. El trabajo informal crece, mientras tantas personas quedan descartadas porque ya no son consideradas 'útiles' para el mercado".
La advertencia sobre la desregulación
Otro de los puntos fuertes de su mensaje fue la crítica a ciertas políticas económicas. "Contemplamos con preocupación decisiones que muchas veces dejan desprotegidos a los más débiles", afirmó, y agregó que la desregulación "puede generar oportunidades, pero también corre el riesgo de debilitar derechos laborales conquistados con mucho esfuerzo". También mencionó la explotación de los bienes naturales como una señal de alerta.
La multitud, según el padre, es "mucho más que una manifestación de religiosidad popular. Es el retrato de un pueblo que sigue creyendo que Dios escucha el clamor de quienes sufren". Pero también lanzó una pregunta incómoda: "¿Por qué sigue habiendo tantos argentinos que piden pan y trabajo?".
La celebración, que se realiza cada año el 7 de agosto, volvió a ser un espacio de encuentro comunitario, pero también un altavoz para las inquietudes de una sociedad que atraviesa momentos difíciles. La convocatoria superó las expectativas, confirmando que la devoción al santo sigue intacta.