El edificio del bar Berlín tiene nuevo dueño y ya buscan quién lo ocupe

El edificio donde funcionó el bar Berlín ya tiene nuevo dueño y buscan operadores para reactivarlo. La movida cambia el futuro de toda una zona del centro rosarino, pero el destino que le espera al histórico inmueble no es el que muchos imaginaban.

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El edificio del bar Berlín tiene nuevo dueño y ya buscan quién lo ocupe
El edificio del bar Berlín tiene nuevo dueño y ya buscan quién lo ocupe

El inmueble donde funcionó el bar Berlín durante casi tres décadas, en pasaje Simeoni 1128, ya tiene comprador. Un inversor adquirió la propiedad de 1.000 metros cuadrados y la pondrá en alquiler para que allí se desarrolle una propuesta gastronómica y cultural, según informó La Capital.

La operación llegó después de que el edificio quedara al borde de ser vendido a una constructora, acumulara intentos fallidos de reapertura y atravesara un largo conflicto judicial con sus anteriores ocupantes. Ese litigio por la permanencia y el uso del inmueble se cerró este año a favor del titular.

El objetivo es que el lugar recupere parte del espíritu que lo hizo conocido: un espacio que durante décadas combinó bar, música, teatro, humor, poesía, cine y encuentros de distintas generaciones de rosarinos.

Qué ofrece el edificio

La planta baja cuenta con 440 metros cuadrados de locales a la calle. El subsuelo, de 180 metros cuadrados, fue el histórico escenario de recitales. La planta alta suma otros 420 metros cuadrados.

El inmueble está catalogado con protección patrimonial 2.1, lo que preserva su fachada art déco de comienzos del siglo XX. Tiene 25,45 metros de frente y acceso independiente por unidad, por lo que admite un operador único o hasta tres propuestas conviviendo sin necesidad de obra estructural.

La propiedad es más grande de lo que se recuerda como el boliche: al local donde funcionó Berlín, con su propio sótano, se suma otro espacio contiguo casi en espejo, una planta alta y seis departamentos en el primer piso. Esa distribución permite pensar en gastronomía, coworking, un hotel boutique y distintos rubros comerciales, aunque la actividad artística, musical y gastronómica debería tener un lugar central.

De Zeppelin a Berlín

El bar había cerrado en 2022, después de 26 años como una de las usinas culturales y nocturnas más reconocidas de Rosario. Por su subsuelo pasaron músicos como Pappo, Willy Crook, Bersuit Vergarabat, Los Piojos, Las Pelotas, La Mississippi y Palo Pandolfo, además de figuras del teatro, la literatura y la cultura local.

El nombre Berlín llegó después de la etapa de Zeppelin, otro espacio que funcionó en el mismo edificio con una propuesta más ligada al baile y a la música. Con el tiempo, el bar se volvió una referencia del circuito alternativo rosarino: entre quienes frecuentaban la noche de la ciudad quedó instalado el verbo “berlinear”.

La disputa que quedó atrás

Tras el cierre, se anunció incluso la creación de un Museo del Che Guevara, una iniciativa que no llegó a concretarse. La situación derivó en un conflicto judicial que mantuvo el lugar sin actividad y en un limbo hasta este año.

En paralelo, la posibilidad de que el edificio se vendiera para un desarrollo inmobiliario generó preocupación entre vecinos, habitués y referentes de la cultura rosarina. En el pasaje Simeoni ya habían desaparecido otros espacios históricos: Jekyll & Hyde fue demolido en 2021 para dar lugar a una torre de departamentos y, más recientemente, la tradicional Parrillita de Don Alberto cerró sus puertas y su inmueble fue vendido para avanzar con otro edificio.

En marzo hubo una despedida simbólica con una fiesta en la calle. Otros grupos inversores querían construir allí un edificio de ocho pisos, aunque ese destino dependía de que el Concejo Municipal autorizara una excepción. La compra por parte del actual propietario cambió ese escenario: el objetivo es conservar la historia.

La búsqueda de operadores

La convocatoria de interesados se hará a través de una especie de licitación privada coordinada por el Grupo AM Real Estate. Los posibles operadores deberán presentar sus proyectos y explicar de qué manera se integrarían al edificio. El comprador apuesta a que la expansión de la zona atraiga una importante cantidad de oferentes.

La propiedad también tiene posibilidades de ampliación: hoy se puede construir sobre el edificio hasta alcanzar cuatro pisos, es decir, dos niveles más de los actuales. Esa alternativa queda como posibilidad futura, aunque la prioridad sigue siendo recuperar el inmueble existente y darle un uso que dialogue con su historia.

Una zona en movimiento

El proyecto se enmarca en la transformación del área central, en el sector entre Tucumán y el río, donde se registran nuevos desarrollos inmobiliarios y la llegada de población con mayor poder adquisitivo, en un contexto de revitalización urbana que impulsa la Municipalidad.

A ese escenario se suma el local vecino, ubicado debajo del edificio donde funcionó la parrilla, donde se proyecta un espacio comercial de grandes dimensiones con posibilidades para una propuesta gastronómica más diurna. La combinación de superficie, ubicación e historia aparece como uno de los principales atractivos para futuros operadores.

La recuperación del edificio se suma a otros movimientos del Bajo rosarino: la puesta en valor de la plaza de la Cooperación, la reconversión de Pasaporte en cafetería y panadería, proyectos como El Diablito en la antigua whiskería Scorpio y Feuer, o la reaparición por una noche del legendario Contrabando.

El área alrededor del antiguo Mercado Norte fue uno de los principales polos de entretenimiento, gastronomía y ocio de Rosario. La cortada que hoy lleva el nombre de Fabricio Simeoni, antes pasaje Zabala, concentró bares, parrillas y espacios culturales que formaron parte de la memoria urbana de varias generaciones. Mientras otros inmuebles cayeron bajo la picota para dar paso a edificios, el antiguo bar conservará su estructura y tendrá la chance de volver a ser ocupado.

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