El emotivo encuentro entre Sarmiento y San Martín: la historia que une a dos gigantes de la Patria
¿Qué ocurrió cuando Sarmiento viajó a Francia para conocer a San Martín? Un diálogo revelador y un recuerdo familiar que marcó a los dos próceres. Descubrí los detalles de este encuentro histórico.
En el 176° aniversario de la muerte del General José de San Martín, emerge un relato que pocos conocen: la vez que Domingo Faustino Sarmiento, el ilustre sanjuanino, cruzó el Atlántico para estrechar la mano del Libertador. Un diálogo en Francia, un recuerdo de infancia y una admiración mutua que selló un vínculo único.
Para Sarmiento, San Martín no era solo un estratega militar: era el símbolo vivo de la libertad, el honor y la grandeza moral. Así lo dejó plasmado en múltiples escritos a lo largo de su vida, donde resaltaba la dimensión humana y política del prócer que lideró la independencia sudamericana.
Según una investigación de la profesora Valeria Sacchi, difundida por el Museo Casa Natal de Sarmiento, el lazo entre ambos tuvo un condimento inesperado: la figura de Clemente Sarmiento, padre de Domingo, quien había tenido un rol protagónico vinculado al Libertador tras la batalla de Chacabuco.
El día que Sarmiento cumplió su sueño en Francia
Todo comenzó el 24 de mayo de 1846, cuando Sarmiento llegó a Gran Bourg, una localidad francesa, con una meta que consideraba un anhelo casi imposible: conocer personalmente al General José de San Martín, quien vivía exiliado.
En una carta enviada a Antonino Aberastain desde París, en septiembre de ese año, Sarmiento narró aquella jornada con una emoción que aún se percibe en sus palabras:
“A una legua de Mainville, no lejos de la margen del Sena, vive olvidado don José de San Martín, el primero y el más noble de los emigrados… He pasado con él momentos sublimes que quedarán para siempre grabados en mi espíritu. Solos todo un día entero…”
Un diálogo que emocionó al Libertador
Durante el encuentro, San Martín evocó a un viejo conocido: Clemente Sarmiento, capitán de milicias de San Juan y padre de Domingo. En su obra “Las culebrinas de San Martín”, Sarmiento reconstruyó aquel intercambio:
—Conocí un Capitán de milicias de San Juan, don Clemente Sarmiento, a quien entregué después de la batalla de Chacabuco los prisioneros españoles que debían llevarse a San Juan.
—Es mi padre, señor, y yo vi llegar los prisioneros…
—¡Pero!… Debía V. ser muy niño…
—Seis años justos, pues he nacido el 15 de febrero y siendo el 11 de 1817 la batalla, los prisioneros han de haber llegado el 20 a más tardar.
—Es raro acordarse.
—Como si fuera hoy.
Ese recuerdo estrechó aún más los lazos entre ambos. Sarmiento, de niño, había sido testigo de la llegada de los prisioneros de Chacabuco a San Juan, una imagen que jamás olvidó.
De hecho, su primer artículo periodístico, publicado en Chile y titulado “12 de Febrero de 1817”, estuvo dedicado a esa batalla. Ese escrito no solo impulsó su carrera intelectual, sino que también ayudó a reivindicar la figura de San Martín.
Sarmiento, el guardián de la memoria del Libertador
La admiración de Sarmiento por San Martín no fue pasajera. A lo largo de su vida, le dedicó más de una docena de textos, entre ellos el discurso “San Martín y Bolívar”, presentado al ingresar al Instituto Histórico de Francia, y su conmovedora oratoria durante la recepción de los restos del Libertador en Buenos Aires, en 1880.
Para el sanjuanino, el nombre de San Martín representaba “libertad y honor”, y defendió su legado con firmeza. Incluso como presidente de la Nación, trabajó para preservar objetos vinculados a las campañas libertadoras. En 1872, encontró en el Parque de Buenos Aires unas piezas de artillería y exclamó: “¡Las culebrinas de Mendoza!”.
Ordenó que fueran restauradas y enviadas a Mendoza, tal como había hecho con otros elementos históricos que devolvió a San Juan.
La estima era recíproca. San Martín, en una carta al general Las Heras, escribió sobre Sarmiento: “La aplicación e instrucción de este joven compatriota lo hacen acreedor a toda consideración, pudiendo asegurarse, desde ahora, que tendrá un porvenir distinguido…”.
Dos hombres separados por generaciones, pero unidos por una causa común: mantener viva la memoria de la libertad argentina.