El emotivo homenaje a la institución que lleva 70 años enseñando inglés en Neuquén
Si vivís en Neuquén, esta historia te toca de cerca: una institución que acompaña a las familias hace 70 años recibió un reconocimiento que emocionó a todos. Pero lo que pasó con su fundadora, que hipotecó su casa para que siga en pie, es el detalle que no te podés perder.
La Municipalidad de Neuquén distinguió a la Cultural Inglesa por sus siete décadas de trayectoria y su aporte a la educación y la cultura local. Con este reconocimiento, ya son 63 las entidades homenajeadas por el programa municipal que celebra a comercios e instituciones con más de 50 años en la ciudad.
El acto contó con la presencia de la secretaria de Jefatura de Gabinete, María Pasqualini, quien destacó el valor de honrar a quienes forman parte de la historia de la capital neuquina y acompañaron a distintas generaciones de familias.
Una historia de sacrificio y pasión
Pasqualini puso el foco en los orígenes de la institución y recordó la decisión de Chela, quien llegó a hipotecar su vivienda para impulsar la academia. “La Cultural Inglesa está en el corazón de los neuquinos y neuquinas”, sostuvo.
La funcionaria también remarcó la dimensión histórica de la institución: “Ha hecho historia. Son 70 años y prácticamente la ciudad cumple el sábado próximo 122 años. Tiene más de la mitad de la historia de nuestra ciudad”, afirmó.
Para la presidenta de la institución, Lilian Ballis, el reconocimiento tuvo un valor especial. “Es un orgullo habernos mantenido durante tantos años y haber podido superar épocas difíciles”, contó. Y agregó: “Siempre tratamos de no bajar los brazos, de buscar una solución y seguir adelante”. Sobre la distinción municipal, la definió como “una caricia al alma”.
Un aula con nombre propio
La jornada también tuvo un momento emotivo con el homenaje a Teresa de Sorrentino: el aula magna llevará su nombre, en recuerdo de quien, en un momento difícil, llegó a hipotecar su casa para sostener la institución.
Ballis conoce esa historia desde adentro. Fue alumna desde los siete años, cuando las clases funcionaban en calle Rioja. “Teresa iba casa por casa buscando alumnos. Convenció a mi mamá para que me anotara y ahí empecé”, recordó.
Después estudiaron sus hermanos, más tarde sus hijos y ahora también su nieto. “Tengo recuerdos muy lindos de mi infancia y mi juventud acá”, dijo.