El emotivo homenaje a un cura de Curuzú Cuatiá que lleva 40 años sirviendo a Dios
¿Qué secreto esconde la historia de un sacerdote que lleva 40 años en el mismo pueblo? La emotiva celebración que reunió a toda una comunidad y las palabras del obispo que nadie esperaba.
Con una misa especial presidida por el obispo de Goya, la comunidad de Curuzú Cuatiá celebró un hito que pocos alcanzan: las cuatro décadas de sacerdocio del padre Norberto Damelio. Un recorrido que comenzó en 1986 y que aún hoy lo mantiene al frente de la parroquia Nuestra Señora del Pilar.
El pasado sábado 15 de agosto, en el marco de la solemnidad de la Asunción de la Virgen, monseñor Adolfo Ramón Canecin encabezó la ceremonia religiosa en la parroquia Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá. La celebración contó con la concelebración de sacerdotes del clero diocesano y religioso, y reunió a los fieles en una acción de gracias por el ministerio del padre Damelio.
Un reencuentro con la historia
Durante la homilía, el obispo reveló que conoce al padre Norberto desde mucho antes de su ordenación, cuando ambos participaron de un encuentro nacional de Pastoral Vocacional en San Antonio de Arredondo, Córdoba. Ese vínculo temprano marcó el tono de una prédica cargada de emotividad.
Monseñor Canecin instó a los presentes a realizar una “memoria agradecida” por la vocación del sacerdote, comparando su respuesta generosa con el “sí” de María. En ese sentido, recordó una frase del padre Julián Zini: “Qué linda es la gente que tiene memoria, seguro que tiene esperanza también”.
El obispo también se detuvo en la pregunta del salmista: «¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?». Explicó que esa interrogación puede ser pronunciada por cada persona al contemplar su propia vida y su vocación, reconociendo que todo lo recibido es “puro don y pura misericordia”.
“Todo lo que somos y tenemos es, en definitiva, un don de Dios. Quien reconoce cuánto ha recibido de Dios, también aprende a compartir y a caminar junto a los demás”, afirmó durante su mensaje.
El legado de un sacerdote
El padre Norberto José Damelio, de 72 años, nació en el seno de la familia formada por Norberto José Damelio y Nélida Vicenta Pereyra. Fue bautizado el 12 de junio de 1954 en la parroquia Nuestra Señora de la Providencia de la Capital Federal, y recibió la Confirmación el 15 de noviembre de 1964 en el mismo templo.
Su formación sacerdotal transcurrió en el Colegio Eclesiástico “Doce Apóstoles”, dependiente de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA). El 24 de agosto de 1985 fue ordenado diácono en Florencio Varela, diócesis de Quilmes, por imposición de manos de monseñor Carmelo Juan Giaquinta.
Al año siguiente, en 1986, llegó a Curuzú Cuatiá para desempeñar su ministerio diaconal en la parroquia Nuestra Señora del Pilar, acompañando a los presbíteros Francisco Bousson y Teófilo Castillo. El 15 de agosto de 1986, exactamente 40 años antes de esta celebración, fue ordenado presbítero por monseñor Luis Stöckler, adoptando como lema de vida “Haz de mí un instrumento de tu paz”.
Su trayectoria incluye el paso por la parroquia San José Obrero de Goya, la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Monte Caseros y, desde 2006, nuevamente la parroquia Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá. También se desempeñó como capellán del Comando de la Primera División del Ejército Argentino.
La celebración de estos 40 años de sacerdocio se convirtió en una oportunidad para que la comunidad diocesana diera gracias a Dios por el ministerio del padre Norberto y renovara la oración para que continúe entregando su vida como “instrumento de paz” al servicio del pueblo de Dios.