El emotivo regreso a Copo: misioneros de Chascomús cerraron tres años de fe y amistad
Después de tres años de misión, un grupo de Chascomús se despidió de Copo con el corazón lleno. ¿Qué los marcó tanto?
Tras tres años de vínculos y entrega, un grupo de misioneros de la Diócesis de Chascomús puso punto final a su experiencia en el departamento Copo. Lo que encontraron en cada hogar los transformó para siempre, y su testimonio deja una enseñanza que trasciende lo religioso.
Entre el 9 y el 16 de agosto, los misioneros regresaron a Monte Quemado para vivir la última etapa de una iniciativa que los unió a las comunidades de la zona. El Paraje Las Carpas fue el centro de operaciones, donde se alojaron en una escuela albergue y desde allí recorrieron distintos puntos que ya habían visitado el año anterior.
Reencuentros que emocionan
Las visitas a las familias fueron el corazón de la misión. Los misioneros volvieron a abrazar a personas que conocieron en años previos y también se abrieron a nuevas historias. "Cada encuentro nos regaló algo nuevo y nos permitió experimentar, una vez más, que la misión se construye caminando junto a otros", expresó Rosana Olguín, directora de la Pastoral Misionera de Chascomús.
La presencia del grupo coincidió con la novena en honor a la Virgen del Carballo, una de las celebraciones más sentidas de Monte Quemado. Los misioneros participaron de la procesión que recorre las calles del pueblo, de la Santa Misa y de los espectáculos preparados para la patrona. Para los visitantes, sumarse a esa tradición fue una forma de acompañar a los vecinos en un momento central de su calendario religioso.
Los más chicos también tuvieron su lugar. En la Capilla San Antonio, se organizaron juegos y una merienda para los alumnos de una escuela cercana. La convocatoria, que se extendió por dos jornadas, contó con el apoyo de las animadoras de la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM) de la zona.
"Volvemos completamente misionados"
La experiencia dejó una marca profunda en quienes viajaron desde Chascomús. "Fuimos a misionar, pero volvemos completamente misionados", resumió Olguín. La misión, entendida como un camino de ida y vuelta, enseñó que no se trata solo de llevar un mensaje, sino de escuchar, compartir y dejarse transformar por quienes abren las puertas de sus hogares y comunidades.