El emotivo regreso de las colectividades a la Fiesta de la Nieve: sabores, bailes y nostalgia en Bariloche
Tras dos años, las colectividades vuelven a la Fiesta de la Nieve con sus sabores y bailes. ¿Qué historias esconden sus stands?
Tras dos años de ausencia, las colectividades europeo-argentinas volvieron a brillar en la Fiesta Nacional de la Nieve. La calle Mitre se transformó en un paseo multicultural que celebra las raíces y emociona a turistas y locales.
La segunda jornada de la fiesta arrancó al mediodía con un recorrido lúdico que desembocaba en el paseo de las colectividades, con escenario propio frente al Banco Nación. Entre Quaglia y Villegas, doce comunidades revivieron su modalidad invernal con comidas típicas y bailes tradicionales.
Un viaje al pasado con sabor europeo
Croatas, españoles, alemanes, rusos, italianos, húngaros, daneses y vascos se prepararon desde temprano para abrir sus stands, que funcionarán hasta el domingo. Las casas, decoradas con banderines, flores y carteles, albergaban a familias enteras que, a pesar del frío, lucieron sus trajes típicos: polleras, chalecos, sombreros y vestidos se movían entre pequeñas cocinas y mostradores.
“Nosotros somos todos argentinos que quieren honrar a abuelos o padres que han venido de Europa, sus comidas, sus bailes, sus tradiciones. Nos hace muy bien y somos una gran familia”, contó Cecilia Rupa, presidenta de la Asociación Civil Amigos de las Colectividades Europeo-Argentinas, con 20 años de participación. Aclaró que “es mucho esfuerzo poder participar, pero tuvimos una buena sincronía con la Municipalidad que nos ayudó con la logística y el armado de los stands”.
La última fiesta propia, en 2023, fue un golpe duro para la organización. Luis Galarreta, de la asociación vasca, admitió que “cuesta que se involucren las nuevas generaciones, que quieran trabajar de manera voluntaria”.
Historias que se tejen entre sabores
Carlos Gallmann, de la colectividad suiza, llegó a Bariloche en 1949 con sus padres, inmigrantes suizos que primero vivieron en Misiones y luego en la Patagonia. Participó de las primeras fiestas y logró que hijos y nietos lo acompañaran este viernes. “Traíamos nieve desde el cerro Otto, para poner en la pista de esquí que se armaba acá en el centro, y para decorar los stands. Todo era distinto”, relató.
Vestido con ropas típicas, Gallmann llegó a las once de la mañana para ayudar en el stand donde se venden waffles, chocolate caliente, pizzas italianas y chorizos alpinos eslovenos. Este año no estarán las clásicas rabas vascas, reemplazadas por la txistorra, un embutido de Navarra.
Las casas de madera con techo a dos aguas ya estaban concurridas desde temprano. “Ojalá vuelvan a hacer la fiesta, no es Bariloche sin ese evento”, dijo una mujer mayor acercándose al stand suizo.
Por el espacio reducido, cuatro casas alojaron a las doce colectividades: la húngara (con comidas vascas y portuguesas), la alemana (compartida con Austria y Dinamarca), la suiza (con Italia y Eslovenia) y la croata (con españoles y rusos).
Esfuerzo y tradición en cada bocado
“Acá hay que llegar con la panza llena”, bromean en el stand ruso, que ofrece vodka, café a la turca, vino jerez y cerveza, además de la clásica torta pavlova. Marisol Lipsis, de la colectividad española, cuenta que hace una semana trozan pollos y cortan ajos para el pollo al ajillo.
La colectividad eslovena, que vende chorizo alpino, empezó los preparativos hace más de un mes. “Además de comprar los insumos, cocinar y organizar el armado de las casas, hubo que retomar el contacto con las maestras de danzas, los espacios en las academias, en los colegios, preparar los bailes. Es todo un gran esfuerzo, esperemos que nos vaya bien”, enfatizó Rupa, vestida con tapado y sombrero verde, y agregó: “Ojalá podamos seguir participando”.
Los precios: el pancho con chucrut cuesta 10.000 pesos, el sándwich de cerdo o las txistorras, 8.000.
Más que gastronomía: juegos para todas las edades
Desde temprano, un tobogán inflable frente al Centro Cívico atraía a los más chicos. La calle se convirtió en plaza con jenga gigante, slack-line, sudoku, tatetí y cornhole, donde hay que embocar bolsitas de tela rellenas con maíz.
Una familia de turistas brasileños intentaba encestar las bolsitas. Paulina, con sus cuatro hijos, paseaba entre los juegos; son de Chiloé, primera vez en Bariloche y se encontraron con el evento “de casualidad”. Ludmila, de Rosario, vino con sus hijas sin saber de la fiesta: “Fue una gran sorpresa”.
Santiago Navarro, director de deportes federados de la Subsecretaría de Deportes, destacó que los juegos son para todas las edades: “El adulto viene, participa y es parte también. Es una regresión al poder jugar, que a veces lo dejamos de lado como adultos”.
La fiesta continúa hasta el domingo, con la calle Mitre como epicentro de una celebración que une generaciones y culturas.