El emprendedor que desafió la industria del mate con madera y diseño artesanal

Un emprendedor argentino crea mates de algarrobo que mejoran con el tiempo. ¿Cuál es el secreto de su curado con whisky y cuánto cuestan estas piezas únicas?

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El emprendedor que desafió la industria del mate con madera y diseño artesanal

Mientras el mercado se llenaba de mates de silicona, acero y plástico, Alejandro Gats decidió ir en la dirección opuesta. Sus creaciones de algarrobo, hechas a mano, no solo rompen con la forma tradicional sino que mejoran con el uso. La tendencia hacia lo descartable encontró un rival inesperado: la madera curada con whisky.

¿Por qué algarrobo?

La elección del material no es casual. “Tiene que ser madera que no absorba agua y que tolere la fatiga por dilatación que genera el agua caliente”, explica Gats. “El algarrobo es la que mejores resultados da por la elasticidad que tiene.”

Una vez resuelto el material, vino el diseño: formas que rompen con la calabaza esférica que definió al mate durante siglos. Los acabados convierten cada pieza en algo más cercano al objeto de autor que al utensilio de cocina.

Los clientes que compraron en 2018 todavía mandan fotos de sus piezas en perfecto estado. La madera no se deteriora con el uso: mejora.

De la publicidad al oficio manual

Gats estudió publicidad en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora pero construyó su lenguaje desde el oficio. Creció viendo a su padre construir su propia casa sin formación previa, y esa impronta se nota en cómo encara cada pieza. “La principal ventaja es poder diseñar y también realizarlo. Esa combinación es el primer diferencial”, dice.

El proceso es de exploración permanente: “Me cuestiono cuál es la función, miro con qué cuento e inicio un proceso de experimentación donde concluye todo lo que conozco desde el punto de vista de habilidad, proceso, conocimiento técnico, artístico y gusto personal. Cada vez que llego a un escalón, me pregunto: ¿qué pasa si?”

Cuidado y curado: el ritual detrás del objeto

Para el interior, agua y sin detergente, dejarlo secar boca arriba. Para el exterior, aceite comestible cada quince días. Y para curarlo, Gats tiene su método preferido: yerba con agua tibia hasta el borde durante 24 horas y, si al dueño le gusta el whisky, un chorrito en la mezcla. “¡Es mi opción favorita!”, dice.

De las manos de Gats a la mesa de Colapinto

Cuando se le pregunta qué mensaje intenta dar, Gats recurre a una imagen: “Un mate puede ser como un cristal que descompone la luz: si un mate puede ser diferente, muchas otras cosas también pueden serlo. Cosas que atraviesan nuestra vida.”

Lo que Gats encontró en el camino es que hay un mercado para esa singularidad. “Muchas personas buscan un soplo de aire fresco”, dice. “La intervención manual permite cruzar a baja escala el estereotipo estándar.”

Sus piezas llegaron a manos de referentes culturales y celebridades —el único caso que reconoce haber gestionado activamente es el de Franco Colapinto. El resto eligió solo. En sus redes sociales tiene publicado un mate diseñado especialmente para la familia de Lionel Messi, aunque prefiere no dar detalles sobre si logró ya entregárselos o si aún está tratando de llegar y generar el vínculo.

“La cultura del mate es transversal, nos atraviesa a todos. Quienes están en esa búsqueda de alternativas encuentran una identificación inmediata. No tengo que explicar nada.”

Cuánto cuesta y dónde se consigue

La marca tiene tienda física en Juncal 383, Recoleta, y vende también online y por Mercado Libre. Los precios van desde los $77.000 hasta los $115.000 según el modelo; las bombillas de alpaca, $60.000. No son valores de utensilio. Son valores de pieza de arte hecha a mano, de principio a fin.

La exportación, por ahora en sus primeros pasos, empieza a asomar como el horizonte de una marca cuya materia prima, el mate, el ritual, la identidad argentina, no necesita traducción. Lo que empezó como una pregunta —¿por qué siempre tiene la misma forma?— hoy tiene respuesta concreta en cada pieza. Los mates de algarrobo de Sasha Gats se curan con yerba, se lustran con aceite y con el uso no se deterioran sino que mejoran. En un mercado acostumbrado a lo descartable, eso también es una declaración.

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