El encuentro imposible que desafía la historia: Evita y Marilyn se cruzan en los escenarios de Córdoba
Evita y Marilyn, dos íconos separados por la historia, se encuentran en una obra surrealista que promete desarmar mitos. ¿Qué pasaría si pudieran hablar sin máscaras? Enterate de las funciones y las sorpresas que depara este cruce teatral.
¿Qué pasaría si la figura política más influyente de la Argentina y el símbolo máximo del glamour hollywoodense se encontraran en un plano atemporal? Esa es la premisa de "Quien quiera amar, que ame", una obra que rompe las barreras geográficas, históricas y culturales para reunir a Eva Perón y Marilyn Monroe en un mismo escenario. La propuesta, tan surrealista como provocadora, ya se presenta en salas de Córdoba y Sierras Chicas, y promete sacudir las estructuras del teatro local.
La pieza, escrita por Leandro Calle e interpretada por Laura Pilone y Ludmila Hernández, bajo la dirección de Karla Torres, no busca ser una biografía ni un documental. Por el contrario, utiliza el juego dramático, el estereotipo y la caricatura para desarmar los mitos que la historia y los medios construyeron alrededor de ambas figuras. A través de estas herramientas, la obra abre un resquicio poético por el que asoman las mujeres reales detrás del ícono, lejos del bronce estático y del póster comercial.
Dos mujeres, un mismo anhelo
En escena, Evita y Marilyn se presentan como dos seres sensibles y apasionados que sienten, ríen, se enojan y se conmueven. Más allá del poder y la fama, descubren que compartían una búsqueda humana fundamental: el anhelo de ser amadas sin condiciones. Este encuentro imposible se convierte en un espejo donde se reflejan las contradicciones, fragilidades y la enorme fuerza de dos mujeres que marcaron el siglo XX.
En diálogo con Ludmila Hernández, quien da vida a Eva Perón, la actriz confiesa: "Interpretar a Eva es desarmar el monumento para mirar a la mujer". Y explica el origen de la obra: "La idea surge del deseo de imaginar un encuentro imposible entre dos mujeres que, aunque pertenecen a mundos muy diferentes, tienen algo profundamente en común: Eva Perón y Marilyn Monroe fueron mujeres atravesadas por la mirada de los demás, por el amor, por el deseo, por la exposición y también por el juicio. Me interesaba justamente ese encuentro surrealista, imaginario, imposible. ¿Qué pasaría si estas dos mujeres pudieran encontrarse, hablar entre ellas y dejar por un momento de ser los personajes que la historia construyó sobre ellas?"
La construcción del personaje: más allá de la imitación
Uno de los mayores desafíos fue abordar a una figura tan instalada en el imaginario colectivo sin caer en la imitación burda. Hernández lo explica: "Ese fue uno de los grandes desafíos. Eva está tan instalada en nuestro imaginario colectivo que es muy fácil caer en la imitación: la voz, los gestos, la postura, la manera de hablar. Pero para mí interpretar a un personaje no significa reproducirlo. Trabajé desde la investigación y desde lo que conocemos de ella, pero fundamentalmente intenté encontrar qué había detrás de esa imagen tan poderosa. Me interesaba la mujer detrás del mito. Busqué construir una Evita que pudiera tener momentos de autoridad y de vulnerabilidad, de ironía, de humor, de deseo. Una Evita que pudiera encontrarse con Marilyn desde un lugar más humano. Mi Evita no pretende ser 'la Evita verdadera', porque creo que no existe una única manera de representar a una figura tan compleja. Es mi mirada sobre ella, atravesada por mi propia sensibilidad como actriz".
La corporalidad y la voz: dos registros para una misma mujer
La obra también explora la dualidad entre la Evita pública y la privada. La actriz detalla: "Fue justamente interesante trabajar con esa contradicción. Hay una Evita que todos conocemos: la de los discursos, la del balcón, la de la palabra política, la mujer con una presencia enorme. Pero en esta obra no necesitábamos reproducir permanentemente esa dimensión pública. Trabajé mucho la corporalidad para encontrar cuándo aparece esa mujer pública y cuándo aparece la mujer privada. La voz también tiene diferentes registros: hay momentos donde aparece esa fuerza tan reconocible de Evita y otros donde la voz puede bajar, quebrarse, jugar o simplemente conversar. El cuerpo también cuenta esa transformación. Porque cuando una persona deja de estar frente a una multitud y queda frente a otra persona, puede aparecer algo completamente diferente".
El equilibrio entre el respeto y la sátira
La dramaturgia se permite jugar con la caricatura, pero siempre desde un lugar de respeto. Hernández aclara: "Creo que el respeto no está necesariamente en solemnizar al personaje. Para mí, también hay una manera de respetar a una figura histórica permitiéndole jugar, equivocarse, reírse y ser contradictoria. La caricatura y el humor no buscan destruir al personaje, sino desarmar por un momento el monumento para poder volver a mirar a la mujer. El teatro tiene esa libertad maravillosa de permitirnos imaginar lo imposible. Y el surrealismo nos da justamente la posibilidad de salir de la lógica histórica para entrar en una lógica más emocional y poética. La obra no pretende burlarse de Eva ni de Marilyn. Al contrario: el juego permite acercarnos a ellas desde un lugar más íntimo, más humano y, quizás, más libre".
Un diálogo con el presente
A más de medio siglo de la partida de ambas, la sociedad sigue juzgando a las mujeres públicas. La obra no esquiva esa realidad y se conecta con debates actuales. La actriz reflexiona: "Sí, absolutamente. Y creo que ahí está una de las razones por las que estas dos mujeres siguen siendo tan actuales. Eva y Marilyn fueron observadas, deseadas, admiradas, criticadas y juzgadas permanentemente. Y muchas veces se las redujo a una imagen: la mujer poderosa, la mujer sensual, la mujer deseada, la mujer ambiciosa. Pero detrás de esas imágenes había mujeres con deseos, contradicciones, necesidades afectivas y una enorme necesidad de ser reconocidas. Creo que todavía hoy las mujeres estamos muy atravesadas por esa mirada ajena. Se nos exige ser fuertes, pero no demasiado; deseables, pero no demasiado; independientes, pero sin dejar de responder a determinadas expectativas. Y cuando nos salimos de esos lugares, aparece rápidamente el juicio. Por eso el título, Quien quiera amar que ame, también puede leerse como una declaración de libertad. Amar y ser amada sin tener que cumplir con una imagen determinada. Poder desear sin pedir permiso. Poder ser una misma más allá de lo que los demás esperan. Y quizás ese sea el punto de encuentro más profundo entre Eva y Marilyn: dos mujeres que fueron convertidas en imágenes por los demás y que, desde la ficción, podemos devolverles algo que muchas veces la historia les quitó: la posibilidad de hablar desde su propio deseo".
Funciones y reservas
La obra tendrá presentaciones en diferentes puntos de la provincia. Las funciones son las siguientes:
Sábado 22 de agosto | 20.30 hs: Cielo y Tierra (Cavalotti 162, Río Ceballos). Entrada a la gorra.
Domingo 23 de agosto | 20.30 hs: Teatro La Calle (General Bustos 1000, Córdoba). Anticipadas $15.000 / En puerta $20.000.
Sábado 29 de agosto | 21.00 hs: La Piojera (Av. Colón 1559, Córdoba). Entrada a la gorra.
Las reservas para todas las funciones se realizan al 351 6962220.