El enigma de los Señores de La Resfalosa: un santuario ancestral escondido en Catamarca

¿Qué secretos esconde el Alero de las 2 Cuevas en Catamarca? Un investigador revela pinturas rupestres únicas que podrían cambiar la historia de la Cultura Aguada. Descubre al Sacrificador y al Shaman.

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El enigma de los Señores de La Resfalosa: un santuario ancestral escondido en Catamarca
El enigma de los Señores de La Resfalosa: un santuario ancestral escondido en Catamarca

En el corazón del oriente catamarqueño, un investigador local revela un sitio arqueológico inédito que podría reescribir la historia de la Cultura Aguada. El Alero de las 2 Cuevas, con sus enigmáticas pinturas rupestres, esconde secretos que desafían las teorías establecidas.

R. Alberto Avellaneda, heredero de una tradición familiar de exploradores, documentó durante años este lugar sagrado, considerado un adoratorio por los pueblos originarios. Su hallazgo, publicado recientemente, incluye representaciones únicas en el mundo andino que podrían cambiar la comprensión de la expansión de esta civilización.

Un legado familiar que se convierte en misión

La historia comienza en 1949, cuando Avellaneda, con apenas 4 años, recorría a caballo estas sierras de la mano de su abuelo Basilio. Aquel niño quedó fascinado por las pinturas de "los antiguos" y prometió preservarlas. Décadas después, en 2010, cumplió esa promesa iniciando una exhaustiva documentación del arte rupestre de la zona.

Su abuelo y Amalio Correa Soria, un "culiyo" ancasteño, ya habían referenciado algunos aleros en las primeras décadas del siglo XX. Pero fue Avellaneda quien, junto a otros colaboradores, llegó a sitios hasta entonces desconocidos: Aleros del Sapo, del Palo Borracho, de los Morteros, de Las Cuevas, entre otros, sumando 8 sitios inéditos al Complejo Arqueológico de La Nueva o Altos de La Resfalosa.

El Alero de las 2 Cuevas: un santuario único

Ubicado en el departamento Ancasti, a cien metros de una antigua mina de cobre explotada entre las décadas de 1920 y 1940, este alero destaca por su contenido excepcional. Para los antiguos habitantes de la región, era un Zupca, un adoratorio en lengua kakana.

La presencia de la mina y las representaciones de hachas ceremoniales sugieren que los pueblos ancestrales del oriente catamarqueño no dependían de los yacimientos de Capillitas en Andalgalá para obtener bronce arsenical, un dato que podría cambiar la visión sobre su desarrollo tecnológico.

El Sacrificador: una figura sin precedentes

En la pared norte de la Cueva Oeste se encuentra el "Señor de La Resfalosa", un personaje de 98 cm de altura con máscara ceremonial cuadrada y penacho de plumas. Sus ojos remedan la semilla del cebil, característica metonímica de la Cultura Aguada según la arqueóloga María Bernarda Marconetto.

Porta un hacha ceremonial de 35 cm y el esbozo de una cabeza cercenada. Pero lo más sorprendente es que este personaje está representado dentro de una gran copa, en lugar de la tradicional banca ceremonial o tiana usada para destacar la jerarquía en el mundo andino. Esta particularidad es única en toda la región.

El Shaman y la víbora: otros misterios del alero

Otro motivo inédito es el "Shaman Señor de La Resfalosa", un antropomorfo de 90 cm de perfil con fauces felínicas, colmillos prominentes y un impresionante tocado de plumas. Representa a un Machi o médico shamán, según la terminología kakán.

La naturaleza también aporta su signo: la Cueva Occidental, con acceso reptando, alberga la representación de una víbora de 120 cm en pintura blanca, con cabeza felínica y cola que termina en un tridígito, la huella del suri. Este ofidio combina elementos de la Cultura Aguada con simbolismos locales, y es el único motivo pictórico de esa cavidad.

La Cultura Aguada: un legado que se expande

El investigador recuerda sus conversaciones con el doctor Alberto Rex González, pionero en el estudio de esta cultura, quien definió su cronología y alcance. Según esos diálogos, hacia el año 500 d.C. Aguada estaba plenamente formada en el Valle de Ambato, alcanzando su apogeo entre los años 600 y 800 de la era cristiana.

Su declinación, un siglo después, podría deberse a cambios climáticos, con menor precipitación y aumento de la temperatura. La religión, centrada en la deidad solar, fue un vínculo esencial que impulsó cambios sociopolíticos. Estos rasgos se observan en las pirámides de La Rinconada y Choya, y en los centros pictográficos de La Tunita, La Candelaria, Vallecito y la propia Resfalosa.

Rex González, en sus últimas visitas a Catamarca, investigó la segunda estructura ceremonial piramidal en San Pablo, Choya 68, donde Avellaneda documentó su última entrevista, de próxima publicación.

Un puente entre culturas

Avellaneda no solo busca preservar estos vestigios, sino que se ve a sí mismo como un Unku Runa, un "hombre puente" entre el legado precolombino y la cultura occidental. Su trabajo ha dado frutos en dos exposiciones fotográficas: "Senderos Ancestrales de Memoria" y la próxima "Felinos y Shamanes".

"Para querer, hay que conocer", repetía su abuelo. Y en cada recoveco de estas sierras, Avellaneda demuestra que el conocimiento es el primer paso para valorar y proteger un patrimonio que sigue guardando secretos milenarios.

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