El enigma del retrato de Dardo Rocha: ¿dónde lo tomó realmente Segundo Borio?
El retrato de Dardo Rocha tomado por Segundo Borio en 1904 esconde una dirección que no coincide con su famoso estudio. ¿Qué misterio se esconde detrás de esa inscripción? Descubrí la historia completa.
Una fotografía histórica del fundador de La Plata guarda un misterio que pocos notaron: la dirección impresa en la imagen no coincide con la del famoso estudio de su autor. ¿Qué revela este detalle sobre el célebre fotógrafo platense?
El retrato de Dardo Rocha que se conserva en el Museo y Archivo Dardo Rocha muestra al fundador de frente, con barba, traje y una expresión serena. Pero en el borde inferior se lee: “Fot. S. Borio. 40 N° 739 - La Plata”. Y esa inscripción encierra un pequeño enigma.
Según el investigador y periodista platense Roberto Abrodos, el estudio de Segundo Borio funcionaba en avenida 51 entre 5 y 6, número 509. Allí operó una de las casas de fotografía más reconocidas de la ciudad. Entonces, ¿por qué el retrato de Rocha lleva otra dirección?
¿Qué hay detrás de la dirección?
La discrepancia entre la dirección impresa y la conocida del estudio abre varias posibilidades: ¿era esa la casa particular del fotógrafo? ¿Había funcionado allí su estudio en algún momento? ¿O Borio había cambiado de domicilio y de local comercial a lo largo de los años?
Por ahora, la respuesta no aparece con la misma nitidez que el rostro de Rocha. Y quizás sea precisamente esa incertidumbre la que vuelve más atractiva la fotografía.
El hombre detrás de la cámara
Segundo Borio no fue, según Abrodos, simplemente un hombre que aprendió a manejar una cámara. Fue un fotógrafo en el sentido más completo: alguien que convirtió el retrato en una forma de arte.
En una época en la que la fotografía todavía tenía algo de acontecimiento, Borio entendió que hacer un buen retrato no consistía solo en conseguir el parecido físico. Había que encontrar algo más difícil: el gesto, el carácter, la personalidad del retratado.
“Poseía el don de descubrir el espíritu”, resume Abrodos en diálogo con EL DIA, al describir aquella capacidad para interpretar el temperamento y hasta la psicología de quien se colocaba frente a su cámara.
Por eso sus retratos buscaban evitar la rigidez típica de las fotografías de estudio de aquellos años. En sus trabajos, sostiene el investigador, había “agilidad, gracia y tecnicismo”. El objetivo era que la imagen no pareciera una figura inmóvil sobre una cartulina, sino una persona viva.
Había una frase que funcionaba como la mejor aprobación posible: “Parece que está hablando”. Si alguien miraba una fotografía y tenía esa impresión, el fotógrafo había conseguido su propósito.
Borio hizo de esa búsqueda su marca y convirtió su estudio en un lugar frecuentado por la sociedad platense. Una exposición permanente en el vestíbulo permitía ver los retratos de personalidades conocidas y comprobar, antes de que existieran las redes sociales y los teléfonos capaces de fotografiarlo todo, cómo una ciudad construía también su propia memoria a través de las imágenes.
Frente al fundador
En 1904, Segundo Borio tuvo frente a su cámara a Dardo Rocha. El fundador de La Plata tenía entonces 66 años y ya había quedado inscripto en la historia de la ciudad que había imaginado y fundado dos décadas antes.
No era, por lo tanto, un retrato cualquiera. Fotografiar a Rocha significaba poner delante del objetivo a uno de los hombres centrales de la historia platense.
Aquel encuentro quedó registrado en distintas reproducciones. Para el cincuentenario de La Plata, se recordó especialmente el trabajo de Borio y se exhibieron retratos del fundador realizados al óleo y a la sepia. Eran presentados como una muestra de los méritos del fotógrafo y como un homenaje a la memoria de quien había proyectado la ciudad.
La fotografía que llegó hasta el Museo Rocha permite imaginar aquel momento: Rocha frente a la cámara, Borio detrás de ella y, entre ambos, una tecnología todavía relativamente nueva transformando un instante en memoria.
Pero la inscripción vuelve a llevar la historia hacia otro lugar.
“40 N° 739 - La Plata”
Ese domicilio no coincide con el estudio de avenida 51 N° 509 que las referencias ubican como la casa Borio. Y esa diferencia abre una posibilidad fascinante: que la fotografía haya sido tomada en otro momento de la trayectoria del fotógrafo, en una dirección anterior, o incluso fuera de su conocido estudio. También podría tratarse de un domicilio particular. Sin documentación que permita cerrar el círculo, la pregunta permanece.
Y quizás valga la pena conservarla así.
Porque detrás de ese pequeño dato hay otra manera de mirar la historia de La Plata. No solamente a través de sus grandes edificios, sus fundadores o sus fechas, sino también de las personas que se ocuparon de detener el tiempo.
Segundo Borio hizo eso durante décadas. Fotografió a hombres y mujeres de la ciudad cuando todavía hacerse un retrato era un acto solemne, casi ritual. Entre ellos estuvo Dardo Rocha, fundador de La Plata.
Hoy, más de un siglo después, queda su rostro. Queda también el nombre del fotógrafo. Y queda una dirección que no termina de coincidir con la historia conocida.
Tal vez la respuesta esté en algún viejo registro, en una guía comercial, en un domicilio olvidado o en otra fotografía de Borio. Por ahora, el retrato conserva las dos cosas que mejor resisten al paso del tiempo: la imagen de un hombre y el misterio de dónde fue tomada.