El equipo de la Unco que sueña con el bicampeonato nacional ya tiene rivales y una cuenta pendiente

Seis estudiantes de la Unco viajan a Corrientes a defender el título que el club de litigación ganó el año pasado. Pero hay un problema que podría dejarlos afuera: la cuenta que no cierra y la fecha que se acerca.

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El equipo de la Unco que sueña con el bicampeonato nacional ya tiene rivales y una cuenta pendiente
El equipo de la Unco que sueña con el bicampeonato nacional ya tiene rivales y una cuenta pendiente

Seis estudiantes de la Universidad Nacional del Comahue (Unco) se preparan para representar a la casa de estudios en el Concurso Nacional de Litigación Penal (Cenulp), donde el año pasado el club de litigación de la universidad se consagró campeón. La competencia, organizada por el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (Inecip), reúne a equipos de distintas facultades que simulan juicios penales completos: fiscalía, defensa, testigos, juez y jurado. Litigar, en ese marco, significa sostener y argumentar un caso ante un tribunal, algo que quienes cursan Derecho rara vez practican antes de recibirse.

Fechas y sedes de la competencia

El certamen tiene una primera etapa virtual del 19 al 23 de octubre, en la que se litigan las audiencias de control de la acusación, una instancia previa al juicio oral donde las partes discuten qué información y qué testigos podrán ingresar al debate. La fase presencial se desarrollará del 2 al 6 de noviembre en la ciudad de Corrientes, con la participación estimada de unas 32 universidades de Argentina, México y Uruguay.

Quiénes viajan y cómo se preparan

El equipo que viajaría a Corrientes está integrado por seis litigantes, el máximo que admite el concurso, y un entrenador: Santiago Britos, también graduado de la Unco. Los estudiantes son Martin Jimenez Marchant, Diego Jurado, Agustina Artiagas, Sofia Rodil, Lucia Morales y Mateo Vivier.

Esta semana, además, debuta en la competencia el equipo formado por Juan Ignacio Guizado, Franco Garcia y Facundo Saavedra, que litigan la audiencia de Formulación de Cargos de manera virtual. Se trata de una instancia nueva, que se concursa por primera vez y que no acumula puntos: quienes la disputan solo compiten en la fase virtual, no en la presencial.

De los integrantes que ganaron el año pasado solo repite Agustina, que entonces fue testigo en los casos y ahora litiga. El resto son «camadas nuevas», estudiantes de entre 21 y 24 años.

El trabajo colectivo detrás del equipo

Martina Medel conoce el concurso desde varios lugares: compitió como estudiante en 2022 y 2023, después se sumó a la formación de otros equipos y desde 2025 integra el comité evaluador, el grupo de docentes que califica a los participantes. En diálogo con Río Negro contó que el Club de Litigación del Comahue (Lipeco) vive esta nueva participación con orgullo y que el trabajo que lo sostiene es colectivo, porque involucra a docentes, graduados, estudiantes y familias que, según describió, los reciben un sábado o un domingo en sus casas para ensayar.

Los estudiantes explicaron que se preparan con días completos de estudio, que alternan con otras materias, finales y, en algunos casos, con el trabajo, y que entrenan entre dos y cuatro horas todos los martes en la facultad, además de las reuniones que cada equipo organiza durante la semana para el caso que le fue asignado.

Contaron que en Lipeco el grupo «es una rueda»: quienes ya concursaron enseñan a quienes ingresan, junto con los profesores, y cada año se trabaja de manera distinta según las necesidades del grupo, con la idea de llevar al concurso lo que se corrigió en ediciones anteriores y no se quiere repetir.

El desafío económico: cómo colaborar

Uno de los grandes desafíos actuales para este grupo es económico. El club se autofinancia con aportes de la universidad, de familias y de docentes, que donan los honorarios de cursos arancelados, pero el viaje a Corrientes, que desde Neuquén se hace en avión o con entre 15 y 20 horas de traslado, supera lo reunido hasta ahora.

Según la estimación del club, cada pasaje cuesta alrededor de 600 mil pesos por estudiante, el alojamiento para los seis litigantes y el entrenador ronda los 1,1 millones de pesos y a eso se suman las comidas y los gastos diarios, que buscan cubrir para que ningún integrante tenga que afrontarlos, sobre todo porque varios alquilan en Roca o viven en Godoy, Huergo, Centenario o Neuquén.

Para recaudar lanzaron un bono contribución, en el que cada persona aporta lo que puede. Martina admitió que, pese a la difusión, todavía no obtienen los resultados esperados y que la preocupación crece porque «falta cada vez menos», ya que sería «una picardía» no poder viajar habiendo salido campeones el año pasado.

Los datos del bono están en el Instagram del club (@litigacion.unco) y quienes prefieran comunicarse por teléfono pueden hacerlo al 2984-708630, número de Santiago Britos, entrenador y tesorero del club junto con Mariana Martín.

Evaluadores y mirada federal

A la par de la logística para llegar a Corrientes, la Unco aporta dos evaluadoras al concurso: Jorgelina Montero, que forma parte del comité organizador, y Martina, quien por esa función no puede participar del entrenamiento del equipo para no generar una desventaja frente a otras universidades.

Martina explicó que cada provincia aporta, en lo posible, un evaluador o una evaluadora para que el jurado tenga una mirada federal, ya que los procesos judiciales no funcionan igual en Neuquén, Río Negro o La Pampa que en Corrientes, Chaco o La Rioja, y que quienes evalúan reciben una formación específica sobre cómo dar una devolución.

Según detalló, las rondas generales se litigan de lunes a miércoles, y las ocho universidades con mejor puntaje pasan a cuartos de final, semifinal y final. Esta última es un juicio por jurados con doce personas en paridad de género, ante las que los estudiantes deben explicar su caso en términos claros y lograr, según les toque ser fiscales o defensa, una condena o una absolución.

Qué se aprende y qué esperan del torneo

Para la evaluadora, el valor del concurso está en lo que la universidad no siempre ofrece, ya que la enseñanza tradicional del Derecho consiste en aprender normas, artículos y opiniones, de modo que «llegás a quinto año sin realmente saber qué es lo que hace un abogado o una abogada».

En el club entrenan habilidades blandas como la oratoria, el análisis de los hechos, la argumentación jurídica y la persuasión. Martina destacó además el rol de los docentes que impulsan el proyecto, entre ellos Jorgelina Montero, de la cátedra de Procesal Penal II, Emanuel Roa Moreno y Juan Pablo Chirinos, que invierten horas fuera de su carga horaria y no reciben rédito económico: «lo hacen por amor al arte».

Del lado de los estudiantes, Agustina contó que el desafío «genera mucha expectativa» y que existe «el deseo de defender el título», aunque son conscientes de que compiten muchas facultades y de que todas aspiran a lo mejor, por lo que «siempre es algo reñido». Para ella, que viajó el año pasado como testigo, volver como litigante y desarrollar los casos junto a compañeros nuevos es algo que la entusiasma y que «forma como futura profesional».

Sofía, por su parte, dijo que es «un orgullo poder representar a la Universidad», más aún por lo que lograron sus antecesores, y que haber sido elegida para competir le resulta muy gratificante.

De la experiencia del año pasado rescatan lo aprendido al observar a otras universidades y al participar de talleres con docentes de distintos lugares. Sobre lo que esperan de esta edición, concluyeron: «nos gustaría volver a salir campeones».

Foto: gentileza

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