El error que casi todos cometen al ver un coipo, un huillín o un castor en la Patagonia
Los avistamientos de coipos en los humedales patagónicos tienen a todos con el celular en mano, pero la mayoría confunde a las tres especies que dominan ríos y lagos. La clave para no equivocarse está en un detalle que casi nadie mira.
Caminar por las costas de los ríos y lagos patagónicos tiene un premio para los más atentos: cruzarse de golpe con la fauna local. La reaparición de familias de coipos nadando en los humedales entusiasmó a vecinos y turistas, que ahora salen con el celular listo para retratarlos.
Pero ante un chapoteo entre los juncos aparece la misma duda de siempre: ¿es una nutria, un coipo o un castor? Aunque parezcan parientes porque comparten el mismo ambiente acuático, sus historias biológicas son opuestas. Y confundirlos es más común de lo que se cree.
Para identificarlos sin ser biólogo alcanza con mirar tres cosas: la cola, el color de los dientes y cómo se comportan en el agua.
El huillín, el verdadero «lobito de río» que casi no se ve
Es la única nutria nativa de la zona. Carnívoro estricto, tiene un cuerpo esbelto, ágil y alargado, diseñado para la velocidad bajo el agua. Su presencia funciona como un bioindicador: donde hay huillín, hay aguas cristalinas y costas bien conservadas.
El problema es que es muy escaso. Sus poblaciones estables se limitan al Parque Nacional Nahuel Huapi, las cuencas de los ríos Limay, Neuquén y Negro, y a apariciones recientes en el Parque Nacional Los Alerces.
Si tenés la suerte de ver uno, la recomendación es fotografiarlo desde lejos, sin flash, y reportar el avistamiento a los guardaparques para colaborar con el monitoreo científico de la especie.
El coipo, el herbívoro que carga con un apodo injusto
Popularmente lo llaman «nutria», pero es un roedor herbívoro inofensivo. Su cabeza es más rectangular y rústica, con tupidos bigotes blancos (vibrisas) que lo caracterizan.
El rasgo infalible aparece cuando sale del agua: si ves una cola larga, delgada y cilíndrica, parecida a la de un ratón gigante, estás ante un coipo nativo. Y si alcanzás a verle los dientes frontales, el fuerte color naranja lo delata de inmediato como roedor.
El castor, el ingeniero exótico que arrasa el bosque
Llegó desde Norteamérica a mediados del siglo pasado, introducido en Tierra del Fuego, y se convirtió en una catástrofe ambiental. Es un roedor pesado y robusto que tala árboles autóctonos y construye enormes diques que inundan y pudren el bosque.
Su marca registrada es la cola: ancha, plana, escamosa y sin pelo, en forma de pala. La usa para propulsarse y para dar fuertes golpes en el agua cuando quiere dar la alarma.
La tabla para no fallar
| Característica | Coipo (nativo y común) | Huillín (nativo en peligro) | Castor (exótico invasor) |
|---|---|---|---|
| Tipo de animal | Roedor herbívoro | Carnívoro (nutria) | Roedor herbívoro |
| Forma de la cola | Larga y cilíndrica (tipo rata) | Larga, peluda y musculosa | Ancha, plana y escamosa (pala) |
| Dientes visibles | Grandes incisivos anaranjados | Afilados de carnívoro (ocultos) | Grandes incisivos anaranjados |
| Comportamiento | Nada asomando cabeza y lomo | Esquivo, nado ondulatorio | Construye diques, inunda zonas |
La próxima vez que un movimiento entre los juncos te sorprenda, ya sabés: mirá la cola, los dientes y cómo se mueve. La respuesta está ahí.