El error que casi todos cometen con su perro cuando ladra y que empeora todo

¿Acaricias a tu perro cuando ladra para calmarlo? Un adiestrador canino revela por qué ese gesto tan común es, en realidad, el peor error que podés cometer y está empeorando el comportamiento de tu mascota sin que te des cuenta.

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El error que casi todos cometen con su perro cuando ladra y que empeora todo

Un adiestrador canino español con miles de seguidores en redes sociales lanzó una advertencia contundente a los dueños de mascotas. Existe una reacción instintiva, muy común, que en lugar de calmar al animal, potencia su comportamiento molesto y lo incentiva a ladrar más. La clave, según el experto, está en entender un error de comunicación fundamental entre especies.

Alan Peiró, el especialista detrás de la advertencia, compartió un video en su cuenta de Instagram, donde supera los 12.000 seguidores. Allí, identificó el patrón problemático: “Al dueño de un perro agresivo o reactivo que acaricia a su mascota cuando está ladrando para que se calme”.

Peiró fue categórico al explicar la razón: “las personas y los perros no hablan el mismo idioma”. Lo que para un humano es un gesto de consuelo, para el animal tiene una interpretación completamente distinta.

¿Qué entiende realmente el perro cuando lo acariciamos?

“Cuando tú acaricias al perro, lo que el perro está entendiendo es que le estás felicitando”, afirmó el adiestrador. El detalle es crucial: por más que el dueño diga “tranquilo, no ladres” mientras lo toca, el mensaje que recibe la mascota es el opuesto.

Según su análisis, el animal procesa esa caricia como una señal de aprobación. “Por lo tanto, por mucho que le estés diciendo ‘tranquilo, no ladres’ mientras lo acariciás, lo que tu perro entiende es: ‘Muy bien, sigue así. La próxima ladrá un poquito más’”, completó Peiró.

El experto profundizó en esta diferencia de percepción. Para los humanos, una caricia simboliza calma, cariño y amor. Sin embargo, para los perros, ese contacto físico puede significar simplemente aceptación. “Para ellos, una caricia es aceptación. Por lo tanto, si tu perro está ladrando y lo acariciás, lo que estás haciendo es confirmar que esa conducta te gusta”, sentenció.

Video Placeholder Instagram @adiestramiento_n.humedas

La técnica correcta: refuerzo positivo y el momento clave

Entonces, ¿cuál es la alternativa correcta cuando el perro no para de ladrar? Alan Peiró recomendó una estrategia clara: “quitar contacto visual para alejarlo de ese estímulo y esperar a que se calme para entonces sí reforzar esa conducta, la calma”.

Esta recomendación se alinea con los principios del refuerzo positivo, una técnica de entrenamiento que desaconseja tajantemente acariciar al perro mientras ladra. En su lugar, propone dar un estímulo agradable únicamente después de una respuesta deseada, para que esa buena conducta se repita.

El riesgo de actuar en el momento equivocado es alto. Si un perro ladra y justo en ese momento recibe caricias, juego, comida o incluso atención intensa, existe el peligro de que ese comportamiento indeseado se fortalezca. El animal hace una asociación directa entre el premio y su acción inmediata.

El refuerzo positivo propone premiar al perro una vez que está calmado y no mientras ladra. (Foto: AdobeStock)
El refuerzo positivo propone premiar al perro una vez que está calmado y no mientras ladra. (Foto: AdobeStock)

Esta perspectiva es respaldada por instituciones veterinarias. El portal de VCA Animal Hospitals, una red de hospitales en Estados Unidos y Canadá, advierte que cualquier forma de atención dirigida a un perro que está ladrando puede funcionar inadvertidamente como una recompensa.

Un artículo de la Facultad de Medicina Veterinaria Cummings de la Universidad de Tufts refuerza este punto. La estrategia recomendada es, precisamente, ignorar la conducta no deseada. El método sugiere acercarse en silencio, sentarse o esperar con tranquilidad.

La lógica final es pedagógica. Si el perro logra atención solo cuando está calmado, empieza a aprender una regla nueva: lo que da resultado y genera un premio no es ladrar, sino estar tranquilo. El secreto, por lo tanto, no está en callar el ladrido, sino en premiar estratégicamente el silencio.

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