El error que muchos cometen al cepillarse los dientes después de comer
La erosión dental avanza sin dolor y muchos la confunden con caries. Una odontóloga salteña reveló el hábito cotidiano que, lejos de proteger los dientes, los desgasta más rápido.
La salud bucal no se limita a la higiene diaria ni a la prevención de caries. Hay afecciones que avanzan sin hacer ruido y que pueden comprometer la estructura de los dientes. Una de ellas es la erosión dental, un desgaste progresivo del esmalte que suele pasar inadvertido hasta que ya dejó huella.
La odontóloga salteña Virginia Militello, especialista en rehabilitación oral y oclusión, restauraciones biomiméticas y discapacidad, egresada de la UBA, explicó cuáles son las causas, cómo reconocer las primeras señales y por qué conviene consultar antes de que el deterioro avance.
Qué es la erosión dental y en qué se diferencia de las caries
La erosión dental es la pérdida progresiva del esmalte, la capa externa que protege los dientes, a causa de la acción química de los ácidos. A diferencia de las caries, en este proceso no intervienen directamente las bacterias.
Esa distinción es clave: un diente puede desgastarse de forma significativa aunque no presente caries. La exposición reiterada a sustancias ácidas va afectando la superficie y compromete su estructura. Por eso, la detección temprana en la consulta odontológica permite intervenir antes de que se pierda más tejido dentario y, sobre todo, identificar qué está provocando el daño.
Las causas: factores internos y externos
Los factores que favorecen la erosión pueden ser intrínsecos, es decir, originados dentro del propio organismo. Entre ellos se encuentran el reflujo gastroesofágico, determinados trastornos digestivos y los vómitos recurrentes, como los que pueden presentarse en personas con bulimia. En esos casos, los ácidos del estómago entran en contacto con los dientes y generan un ambiente que propicia la pérdida de esmalte.
También están los factores extrínsecos, relacionados con sustancias ácidas que ingresan desde el exterior, principalmente a través de la alimentación y de ciertas bebidas.
Qué alimentos y bebidas afectan el esmalte
Las gaseosas, las bebidas carbonatadas, los energizantes y los jugos cítricos pueden contribuir al desgaste progresivo de la superficie dental. A ellos se suman otros productos como el vino, el vinagre y algunas bebidas a base de soja, cuya acidez puede favorecer el proceso según su composición y la frecuencia con que se consumen.
La clave está en la frecuencia con la que los dientes quedan expuestos a estas sustancias. Por eso, conocer los hábitos alimentarios del paciente es una parte importante de la evaluación odontológica. Además, ciertos medicamentos y suplementos pueden influir en la erosión, como algunos comprimidos de vitamina C y las aspirinas masticables, sobre todo cuando se usan de manera prolongada.
El rol protector de la saliva
La saliva cumple una función fundamental: ayuda a neutralizar los ácidos en la boca y favorece la remineralización del esmalte. Cuando una persona tiene xerostomía, conocida como boca seca, esa protección natural disminuye.
La falta de saliva reduce la capacidad del organismo para contrarrestar la acidez y aumenta la vulnerabilidad de las piezas dentarias. Por eso, la evaluación de la salud bucal también debe contemplar factores biológicos que pueden potenciar el desgaste, más allá de la alimentación o la higiene.
El error de cepillarse justo después de comer
Aunque el cepillado es indispensable, hacerlo inmediatamente después de consumir alimentos o bebidas ácidas puede ser contraproducente. Cepillarse durante los primeros 30 minutos posteriores a una exposición importante a los ácidos puede favorecer el desgaste de la superficie dental, que queda temporalmente reblandecida.
La misma precaución rige después de episodios de reflujo o vómitos, ya que los ácidos estomacales afectan la superficie de los dientes. En esos casos, esperar antes de cepillarse permite que la saliva neutralice la acidez y recupere las condiciones del medio bucal.
Bruxismo: un agravante
El bruxismo, que consiste en apretar o rechinar los dientes, también puede agravar el deterioro cuando se combina con un ambiente ácido. El desgaste mecánico por la fricción entre las piezas dentarias potencia los daños sobre un esmalte ya afectado por los ácidos. Esa combinación vuelve más vulnerables los tejidos dentales y acelera el desgaste.
Por eso, durante la consulta es importante evaluar tanto los hábitos alimentarios como la presencia de bruxismo y otros factores que puedan intervenir en el deterioro dental.
Las señales que conviene no ignorar
Una de las más frecuentes es la sensibilidad dental frente al frío y al calor, que aparece cuando las estructuras internas del diente quedan menos protegidas. Otro signo característico es el cambio de coloración hacia tonos amarillentos: a medida que el esmalte se desgasta, se hace más visible la dentina, la capa que está inmediatamente por debajo.
También pueden producirse modificaciones en la forma y la textura de las piezas dentarias, señales que requieren una evaluación profesional para determinar su origen y grado de avance.
Por qué la detección temprana marca la diferencia
Detectar la erosión dental permite identificar las zonas afectadas e investigar las causas que originaron el problema. A partir de esa evaluación, el odontólogo puede orientar al paciente sobre los hábitos que necesita modificar y establecer un tratamiento adaptado a cada situación.
La erosión dental es una afección muy frecuente entre los pacientes que llegan al consultorio, por lo que es fundamental generar conciencia sobre sus factores de riesgo. La clave está en reconocer las primeras señales, identificar la causa y actuar antes de que la pérdida de tejido dentario sea mayor. Aunque el esmalte perdido no se regenera naturalmente, una intervención adecuada puede frenar el proceso y prevenir nuevos daños.