El escritor que se metió en los burdeles de Rosario y murió a los 26 años: ahora vuelve
¿Qué fue lo que realmente mató a Nicolás Jozami a los 26 años, cuando se metía en los burdeles de Pichincha para escribir? La reedición de su obra revive el misterio.
Nicolás Jacinto Jozami nació en Paraná en 1905 y murió en Rosario en 1932, con apenas 26 años. Las causas de su deceso siguen siendo un misterio: una enfermedad fulminante, según la necrológica de El Diario, o una paliza propinada en el puerto rosarino como venganza de rufianes, según la versión que sostuvo su familia. Lo cierto es que su obra, olvidada durante décadas, está a punto de regresar con una edición que reunirá novelas, cuentos y artículos periodísticos.
La Editorial Universitaria de Entre Ríos (Eduner) ya reeditó dos de sus libros y ahora prepara un volumen que compilará La señorita de los siete pecados capitales —novela publicada en 1929 en edición de autor—, además de cuentos, obras de teatro y textos periodísticos aparecidos en medios de Paraná, Rosario y Buenos Aires. También incluirá relatos inéditos, entre ellos una ficción basada en el crimen y descuartizamiento de Virginia Donatelli, un caso célebre de 1929.
Un cronista metido en el ambiente
Jozami se inició como periodista en Paraná, en El Diario, y a fines de los años veinte se mudó a Rosario con su esposa, la maestra Ofelia Troncoso. Allí integró la redacción de La Tierra, el periódico de la Federación Agraria Argentina, colaboró en otras publicaciones y se sumergió en el ambiente prostibulario de Pichincha. Su curiosidad lo llevó también a otras ciudades del Litoral y a Montevideo, donde publicó por primera vez ¡Vendida! Cómo una muchacha rusa cayó en las garras de la Migdal, su texto más difundido.
Paola Calabretta, a cargo de la edición, destaca su paso por la revista Cinema de Rosario: “Los contemporáneos destacan a Jozami como un escritor y periodista muy curioso y muy inteligente, y eso se refleja en su producción para Cinema, donde firmó colaboraciones con su nombre y con seudónimo. En esa revista escribió sobre la mafia de la época, entrevistó a personalidades de Rosario e hizo crónicas sobre edificios y paseos de la ciudad. Aparte cubrió las sesiones del Concejo Deliberante para La Tierra”.
¡Vendida! se publicó como folletín en el diario El País de Montevideo antes de la edición en libro de Editorial Tor. Eduner lo reeditó en 2022 con prólogo de Edgardo Cozarinsky. Previamente había recuperado Poemas a las cosas de la calle sucia, publicado originalmente en 1929. La “calle sucia” del título remite a la calle Diamante, en Paraná, y también a “las ochenta casas públicas que embellecen el barrio de Sunchales”, en Rosario. Un poema del libro, “Parrilla La Carmelita”, alude a un lugar de reunión de rufianes en Ovidio Lagos 106 y menciona a Venancio Salinas, más conocido como El Paisano Díaz, “tipo famoso entre el elemento criollo, y a quien los socios de la Migdal respetaban y temían”, según Jozami.
Las memorias de una joven rusa
En ¡Vendida!, Jozami presenta el relato como las memorias de Cosia Zeilón, una joven rusa que llegó engañada al país para ejercer la prostitución. El libro recorre burdeles de Campana, Rosario, Bahía Blanca, Tres Arroyos, Ensenada y Buenos Aires, menciona a rufianes históricos como Simón Rubinstein y Felipe Schon, e incluye pasajes descarnados sobre violaciones, torturas y el crimen de una francesa que se negó a prostituirse. “Parece una novela de no ficción o en todo caso puede ser leída desde ese lugar”, propone Calabretta.
Cosia Zeilón habría adoptado el nombre de Esther Jadzikoba. Cozarinsky advirtió en su prólogo que no puede ser leída “sino como un personaje de novela”, aunque “más allá de su existencia inverificable, Jozami escribe con conocimiento de lo que narra”. El propio autor contó que un amigo, el cronista policial José Castilla, se la presentó en el bar del Hotel Savoy, en Rosario. La describió como “una mujer de figura elegante”, de sonrisa y expresión bondadosa, “envuelta en el humo de un aromático cigarrillo egipcio”.
Más allá de esa fuente inverificable, Jozami aprovechó el escándalo que sacudía a la Zwi Migdal tras la denuncia de Raquel Liberman, presentada el 31 de diciembre de 1929, y el centenar de allanamientos ordenados por el juez Manuel Rodríguez Ocampo a comienzos de 1930. Su conocimiento del ambiente era personal, sobre todo en Paraná y Rosario, pero lo que su relato presenta como testimonial era información que ya circulaba en la prensa. La novela incorpora incluso a María Fizzer, alias “Emma la millonaria”, detenida en mayo de 1930, una prostituta convertida en madama que llamó la atención por su fortuna y por ser la única mujer entre los dirigentes de la organización.
Calabretta subraya que el valor de ¡Vendida! no está en su pretendido carácter documental sino en la reescritura de los tópicos de la prostitución. “Escribía muy en diálogo con sus contemporáneos y con alusiones al cine y la literatura que dan cuenta de un lector muy formado”, dice la editora. En sus textos hay referencias a una novela de Enrique González Tuñón y una cita de El puente de los suspiros (1878), publicación promovida por un grupo de tratantes para denunciar a la competencia.
El misterio de su muerte
La necrológica de El Diario de Paraná informó que Jozami murió “por el flagelo de una enfermedad cruel y divorciada con la ciencia”. La enfermedad nunca se precisó. En la familia dieron por cierta la versión de la emboscada en el puerto de Rosario y la paliza que le provocó la muerte un mes después, como represalia de rufianes, aunque no existe ningún dato que la respalde. Tampoco está comprobado que la Zwi Migdal haya operado como tal en la ciudad.
Además de ¡Vendida!, Jozami escribió Medianoche… Buenos Aires (Maipú, Corrientes, Sarmiento, Esmeralda), otra novela sobre el ambiente prostibulario, y Tres historias malas de tres telefonistas buenas y otros cuentos picarescos. “Tenemos referencias de obras de teatro y otros textos que no aparecen por ningún lado. A la muerte de Jozami sus papeles quedaron en manos de su hermana, después de unos sobrinos y más tarde de un periodista. Por alguna razón no hubo interés en publicarlos”, cuenta Calabretta.
“Pareciera que un instinto de muerte cercana ampliara las facultades creadoras de Jozami, ofreciendo un fenómeno pocas veces visto de fecundidad”, se asombró El Diario en una nota póstuma. Casi un siglo después, el misterio de esa obra empieza a develarse.


