El espectáculo natural que tiñe de rosa a Santiago y nadie puede ignorar
Los lapachos florecieron y transformaron a Santiago del Estero en un mar de flores rosadas. ¿Sabías que este fenómeno natural dura muy poco? Descubrí dónde encontrarlos y por qué vale la pena frenar a mirarlos.
Las calles de Santiago del Estero cambiaron de look y el responsable es un árbol que florece en silencio. Los lapachos rosados se adueñaron de la ciudad y convierten cualquier recorrido cotidiano en una postal inesperada.
Autos apurados, bocinas, semáforos y gente que va de un lado a otro. La rutina santiagueña avanza a su ritmo habitual, pero alcanza con levantar la vista para toparse con un fenómeno que detiene el tiempo: las copas de los lapachos estallaron en flores.
El rosa es el color dominante. Aparece en veredas, plazas, avenidas y hasta en los patios de las casas. Las enormes copas floridas se recortan contra el cielo y transforman el paisaje urbano. En menor medida se ven ejemplares blancos y algunos amarillos, que suman variedad a la escena.
¿Dónde encontrarlos?
No hace falta alejarse demasiado. Muchos de estos árboles están en los recorridos de todos los días, en esas esquinas que uno atraviesa sin prestar atención. Quizás ese sea parte de su encanto: no piden ser vistos, simplemente florecen.
Y la decisión de detenerse a contemplarlos queda en cada uno. Porque hay bellezas que están a la vuelta de la esquina, esperando que alguien las note.

Una ciudad que también sabe ser linda
Se habla mucho de Santiago por sus noticias, sus problemas y sus obras. Pero una ciudad también puede ser una sensación: una tarde tranquila, un mate compartido, una caminata sin apuro. Y ese manto rosado que aparece sobre las cabezas cuando se transita una calle cualquiera.
Lo que hace especial a esta floración es que no dura para siempre. Pronto las flores caerán y las ramas quedarán desnudas, por eso vale la pena aprovechar estos días.

Hay bellezas que están en nuestras propias calles. Y estos días tienen cinco pétalos y un color que parece pintar Santiago desde arriba. Son los lapachos de siempre, pero cuando florecen nos recuerdan que la ciudad que habitamos también puede sorprendernos.
Por un rato, está bien olvidarse de lo malo, respirar profundo y simplemente decir: ¡Qué lindo está Santiago!