El evento que puede cambiar la cara de Rosario (y el futuro electoral de dos dirigentes)
137 mil millones de pesos, 16.550 puestos de trabajo potenciales y una ciudad que busca cambiar su imagen: los Juegos Suramericanos dejan números que sorprenden, pero hay algo más que se juega en las próximas semanas y que nadie quiere anticipar.
Durante años, las cámaras que apuntaban a Rosario buscaban patrulleros, balaceras o escenas de dolor. En las próximas dos semanas, la atención se la llevarán atletas, estadios e historias de superación. Los Juegos Suramericanos abonan a una idea-fuerza de las gestiones de Maximiliano Pullaro y Pablo Javkin: la ciudad da una vuelta de página. Una medalla que varios quieren colgarse.
En realidad, los juegos fueron confirmados en 2023, cuando la violencia en Rosario llevaba más de una década en ascenso. Con más o menos homicidios, el evento se hubiera realizado igual. Pero sin la reducción de la violencia registrada después, el espectáculo en el Monumento y las competencias habrían quedado como postales aisladas de una ciudad todavía bajo asedio.
Con la violencia en retroceso, los Suramericanos pueden funcionar como una vidriera de la transformación de la ciudad. Igual, en las sedes del poder cruzan los dedos. Esperan que no se produzca ningún hecho que genere conmoción y rompa el clima de fiesta del evento.
El impacto económico que ilusiona
Los juegos también tienen una dimensión económica. Las reservas hoteleras y el movimiento en bares funcionan como un bálsamo para sectores golpeados por la caída del consumo. El diputado provincial Joaquín Blanco y el equipo económico de La Usina Social estimaron un impacto de 137 mil millones de pesos y una demanda potencial equivalente a 16.550 puestos de trabajo. “En la última semana cambió el clima en la gastronomía. Se revalorizaron el evento y las obras”, dicen cerca de Javkin.
Rosario y la construcción de poder blando
El cambio de piel permite a Rosario pelear otro lugar en el mapa regional. Córdoba conserva la ventaja de una industria turística consolidada, destinos de temporada y un fuerte desarrollo de infraestructura. Rosario busca otro diferencial: turismo de reuniones, ferias, competencias y grandes acontecimientos. Córdoba vende destino; Rosario intenta vender eventos.
Tanto en la provincia como en el municipio confían en que los estadios estarán llenos. La expectativa se apoya sobre una particularidad de Rosario: su red de clubes. Aportan infraestructura, conocimiento y una trama comunitaria que el Estado no podría construir desde cero. Detrás de las obras nuevas existe un capital social acumulado durante generaciones. Los Lionel Messi, Ángel Di María, Luciana Aymar y otras figuras del deporte no aparecen en el vacío.
Los Suramericanos, la adjudicación de los Juegos Panamericanos Junior de 2029 e incluso el Business Forum pueden leerse como partes de una misma estrategia. Santa Fe busca ganar terreno en la disputa regional y demostrar que puede organizar eventos internacionales sin depender de Buenos Aires. Es una forma de construir poder blando, aunque apoyada sobre instrumentos bastante concretos: créditos internacionales, inversión en infraestructura y el refuerzo de la seguridad.
Otro rasgo distintivo de los Suramericanos es su transversalidad. La candidatura comenzó a tejerse cuando la provincia estaba en manos del peronismo y la ciudad era gobernada por el Frente Progresista.
La negociación entre Omar Perotti y Javkin permitió conseguir la sede y el financiamiento, pero también exigió concesiones: Rosario quedó afuera del hockey, pese a su historia y su estadio mundialista, y parte de las competencias se trasladó a Rafaela.
Esa diversidad les da a los Juegos un plus de legitimidad institucional y vuelve más difusa su capitalización. Todos pueden reclamar una porción del mérito. De hecho, el perottismo ya lo hace en las redes sociales.
La construcción fue colectiva, pero no todos en las mismas condiciones para cosechar sus frutos. Perotti puede reclamar la decisión original; Pullaro, la ejecución, y Javkin, la transformación de Rosario. La foto tiene varios autores, aunque el gobernador y el intendente ocupan ahora el centro del escenario.
A Pullaro, los Juegos le permiten exhibir los atributos que pretende asociar con su gestión: orden, inversión pública, velocidad de ejecución y coordinación territorial.
Javkin puede presentarse como uno de los arquitectos de la reconstrucción de Rosario. Una ciudad que vuelve a mostrarse abierta, activa y con capacidad para alojar grandes eventos.
Ausencias y señales políticas
El dato político de la apertura fue la ausencia de la primera plana del gobierno nacional. Sólo vino Daniel Scioli, secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, pero ni Javier ni Karina Milei estuvieron en Rosario. “Maxi los invitó personalmente”, cuenta un funcionario que está en la organización del evento.
La Casa Rosada dejó libre una vidriera internacional sobre seguridad, turismo e inversión que otro gobierno habría intentado ocupar. La ausencia muestra también una dificultad del mileísmo: apropiarse de acontecimientos federales que no fueron producidos por su propia agenda. “Esto no lo ven ni cerca”, dicen en Unidos.
La Casa Gris y el Palacio de los Leones procuran mantener una relación cordial con la Nación. Encuentran en Diego Santilli un canal receptivo, aunque limitado a una agenda de corto plazo. “Después de tres años de gobierno no vas a resolver nada de fondo”, admite un funcionario.
Ese vínculo acotado tiene una excepción: la seguridad, principal punto de convergencia entre los tres niveles del Estado. La coordinación resulta clave para evitar un rebrote de la violencia. En ese marco, la jura a sala llena de Florentino Malaponte como magistrado federal fue una señal de respaldo transversal a la renovación de la Justicia. Al menos en ese terreno, las diferencias quedan en segundo plano.
Las opciones de Pullaro y Javkin
Terminados los juegos, estará un poco más cerca la otra competencia: la electoral.
En la provincia Pullaro se siente cómodo. En su círculo más cercano no ven ningún rival competitivo fuera de Unidos. Tampoco aparece ningún retador dentro de la alianza en la que conviven radicales, socialistas, macristas y otras tribus. “No creo que nadie se anime”, dijo el viernes pasado a LT8 el senador Esteban Motta.
Después de la elección de concejales del año pasado, que marcó un escenario de tercios entre el peronismo, los libertarios y Unidos, el panorama en Rosario es más abierto. Javkin tiene la carta que ordenará el juego: si irá por la reelección o no. Parte con ventaja en una eventual interna por su nivel de conocimiento, su centralidad y un capital político superior al de cualquier rival de Unidos. Además, las encuestas registran una mejora en la valoración de su gestión.
Sin embargo, un tercer mandato plantea el desafío de cómo generar expectativa de cambio después de dos gestiones y de un ciclo que con sus mutaciones lleva casi cuatro décadas al frente de la ciudad.
La respuesta puede asomar en su discurso sobre la “grandeza” de Rosario en la Bolsa de Comercio: proyectar un salto de calidad por encima del balance de gestión. Los Suramericanos ayudan porque ofrecen una imagen anticipada de esa nueva ciudad.
Si Javkin no compite, Unidos necesitará más que nunca una Paso que ocupe todo el ancho de banda. Federico Angelini se perfila como el delfín de Pullaro y como alguien capaz de disputar el voto más cercano a La Libertad Avanza (LLA). El socialismo prepara un nombre para atraer al electorado progresista. Y habrá alguien que represente a la gestión. En la lista aparecen varios nombres, como Sebastián Chale, María Eugenia Schmuck, Ciro Seisas o Carolina Labayru.
Hoy en Unidos ven cada vez más difícil que aparezca una candidatura capaz de contener a toda la alianza en la elección presidencial de 2027. “Puede ser en 2031”, concede un referente. La gestión tiene las urgencias de una carrera de cien metros; construir una alternativa nacional exige ritmo de maratón.
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