El exjefe militar que amenaza con terminar 19 años de Netanyahu: su partido se llama "Honesto"
Un exmilitar de 66 años que fundó su propio partido hace apenas tres años se le planta a Netanyahu y las encuestas ya lo ponen adelante. Su origen, la tragedia familiar que lo marcó y el plan que propone para un país agotado por la guerra: todo eso define una elección que puede cambiar el rumbo de Israel.
Benjamin Netanyahu acumula casi 19 años como primer ministro de Israel, repartidos en tres períodos. La pregunta que sobrevuela la política israelí es si su largo reinado llegará a su fin en las elecciones del 27 de octubre. El hombre que podría destronarlo es un exmilitar de 66 años que hace apenas tres fundó su propio partido.
Se trata de Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), quien desde su agrupación Yashar se posiciona como el principal desafiante del premier. Su figura conecta con millones de israelíes desencantados con Netanyahu, un descontento que se profundizó tras el ataque sorpresa de Hamas del 7 de octubre de 2023, la crisis de los rehenes y una guerra que se extendió a varios frentes.
El 7 de octubre, la herida que marca la campaña
Según un sondeo del Instituto Israelí para la Democracia, el 68% de los votantes afirma que el ataque de Hamas será un factor determinante a la hora de sufragar. Pero el malestar con Netanyahu venía de antes: la reforma judicial que impulsó puso en tela de juicio la separación de poderes y enfrenta un juicio por corrupción que sigue en curso. Ese combo derivó en una crisis de seguridad e institucional que erosiona sus chances electorales.
Eisenkot capitalizó ese descontento y se lanzó a la carrera por el gobierno. Se presenta como un aspirante a primer ministro que supera en todo al desgastado líder, quien en los últimos tres años perdió la confianza incluso de numerosos votantes de su propio partido, el derechista Likud.
Las encuestas sobre quién sería mejor primer ministro ubican consistentemente a Eisenkot por delante de Netanyahu. Y aunque en el sistema parlamentario israelí lo que define es la cantidad de bancas, también allí lidera: distintos sondeos indican que la coalición que lo acompaña sumaría algunos escaños más que el oficialismo. Sin embargo, ningún bloque alcanza por ahora las 61 bancas necesarias para asegurar la mayoría en el Parlamento.
De las Fuerzas Armadas a la política, sin carisma pero con prestigio
Eisenkot nació en el norte de Israel y se crió en el sur, lejos de los centros de poder y de las elites tradicionales. Hijo de inmigrantes judíos de Marruecos, forma parte de los millones de israelíes de origen sefaradí, un dato que le aporta cercanía con el votante.
Su carrera militar es extensa, pero en política es un recién llegado: desembarcó como legislador en 2022 y tres años después fundó su propio partido. Los analistas coinciden en que no se destaca por el carisma ni por la elocuencia de sus discursos, atributos clásicos de la política en cualquier latitud. Aun así, esos no parecen ser los valores que más pondera hoy un electorado cansado del dominio de Netanyahu.
“Gadi Eisenkot ya era una figura conocida y respetada en Israel antes de incursionar en la política. Su prestigio público se forjó a lo largo de una extensa carrera militar, que culminó con su desempeño como jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel entre 2015 y 2019. Previamente, estuvo al mando de la Brigada Golani -una de las unidades de infantería más célebres de Israel- y ocupó cargos de alto nivel, como jefe de la Dirección de Operaciones y comandante del Mando Norte. Al entrar en la política, contaba ya con un considerable reconocimiento”, explicó a LA NACION Shaul Bartal, investigador del Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat y del Instituto de Oriente de la Universidad de Lisboa.
Históricamente, dos tercios de los exjefes de las FDI se volcaron a la política, una estadística que refleja el peso crucial de los asuntos de seguridad para los israelíes, que atravesaron guerras desde la fundación del Estado en 1948: primero contra los vecinos árabes, luego contra milicias fundamentalistas como Hamas y Hezbollah, y siempre con Irán como enemigo de fondo. Dos exjefes militares llegaron a ser primeros ministros y Eisenkot aspira a ser el tercero.
Como militar se forjó una reputación de comandante metódico y previsor, convencido del uso de la fuerza pero desconfiado de las operaciones sin objetivos políticos y estratégicos alcanzables. Todo lo contrario de Netanyahu, a quien sus críticos le endilgan no haber definido nunca los objetivos a largo plazo en Gaza, donde se lo ve empantanado pese a la superioridad de las fuerzas israelíes y a la demolición implacable.
Su origen distintivo le da un vínculo afectivo con los votantes, y su prestigio militar lo muestra como alguien capacitado para garantizar la seguridad que los israelíes anhelan. La seguridad, el estandarte de Netanyahu, ese caballito de batalla que se agotó de galopar en el vacío, sin avances y con un sinfín de guerras simultáneas. Eisenkot tiene como premisa innegociable investigar a fondo las responsabilidades del gobierno de Netanyahu en la previa a la invasión de Hamas.
“Eisenkot está en cierta medida en las antípodas de Netanyahu, es su negativo, su contrario. Inclusive el partido que creó se llama Yashar, que significa ‘derecho’ u ‘honesto’ en hebreo. Quiso marcar la diferencia diciendo que es una persona recta, no alguien torcido, completamente diferente de Netanyahu”, dijo a LA NACION el israelí de origen argentino Arie Kacowicz, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Kacowicz subrayó que fue Eisenkot quien, integrando el gabinete de guerra convocado por Netanyahu tras el ataque de Hamas para afrontar la emergencia, priorizó por encima de todo la recuperación de los rehenes. Para él, el regreso de los cautivos era el objetivo número uno, incluso si eso implicaba frenar significativamente la ofensiva militar o acordar un alto el fuego prolongado. Otros, confundiendo estrategia con venganza, preferían arrasar Hamas a cualquier costo aunque eso significara dejar rehenes atrás.
Fue en ese primer período cuando Eisenkot sufrió su mayor tragedia personal: la muerte de Gal, uno de sus hijos, mientras cumplía un operativo en Gaza para recuperar los cuerpos de dos rehenes muertos en cautiverio. Luego siguieron las muertes de dos sobrinos, también en cumplimiento del deber. Sin referirse públicamente al hecho, esa circunstancia familiar también lo acerca al votante israelí: quien más, quien menos, se identifica con ese dolor. Las cicatrices no terminan de cerrar.
“Eisenkot se presenta a sí mismo como un centrista comprometido con Israel como Estado judío y democrático. Por tanto, su atractivo no constituye necesariamente una prueba de que los votantes se estén desplazando hacia la izquierda. Más bien, ofrece un cambio de liderazgo al tiempo que preserva una sensación de continuidad en materia de seguridad e identidad nacional”, señaló Bartal.
Qué propone si llega al poder
Eisenkot quiere recomponer las relaciones exteriores del país, terminar la guerra en Gaza —quizás con el plan que presentó Donald Trump y que Netanyahu rechazó— y poner freno a la violencia de los colonos extremistas contra los palestinos en Cisjordania, territorio ocupado desde 1967 y fuente de inestabilidad.
También plantea descartar el cuestionado proyecto de reforma judicial de Netanyahu y exige un mayor compromiso de los judíos ultraortodoxos con el resto de la sociedad, cada vez más indignada porque los jóvenes de esa confesión no están obligados a servir en el Ejército, a diferencia de los hijos de los demás. Son vistos no como profundos estudiosos en contacto con las verdades eternas de Dios, sino como privilegiados que se pasan el día leyendo cómodamente la Biblia y el Talmud mientras los demás dejan la vida.
“Si, Dios no lo quiera, la actual coalición de derecha vuelve a ganar, conducirá a Israel hacia rumbos sombríos que ya podemos ver desarrollarse ante nosotros: un país menos democrático, menos liberal y, a mi juicio, también menos judío”, advirtió Eisenkot en una extensa entrevista con The Times of Israel. Lo de “menos judío” se relaciona con la intención del gobierno de Netanyahu, que algunos han hecho explícita, de anexar Cisjordania y pasar así de la mera ocupación militar a la soberanía absoluta.
“Quienquiera que desee imponer la soberanía plena sobre toda Judea y Samaria [Cisjordania] e incorporar a otros 2,8 millones de palestinos a Israel, está poniendo en peligro el proyecto sionista y la mayoría demográfica judía. Quienquiera que desee debilitar a la Corte Suprema y aplastar al Poder Judicial, está poniendo en peligro la democracia”, remarcó el candidato.
A mediados de 2024, Eisenkot abandonó el gabinete de guerra de Netanyahu, frustrado con las decisiones del premier. Ahora sus caminos vuelven a cruzarse, esta vez hacia una colisión inevitable en la fecha electoral.
Kacowicz lo resume con tono académico y pasional a la vez: “En los últimos cuatro años, especialmente desde la guerra, se han ido de Israel 270.000 ciudadanos. Son gente que aportaba al país. Estas elecciones no tienen que ver con la derecha, la izquierda o los palestinos. Estas elecciones son si vamos a seguir teniendo una democracia liberal y un Estado de derecho o si esto se desmorona”.