El exministro que dice que Salta ya es la capital del litio y revela cuál es la deuda pendiente
Martín de los Ríos recorrió en Territorio Minero el avance del litio en Salta y marcó un límite: no alcanza con exportar. El exministro puso el foco en lo que, según él, todavía no se ve en la Puna.
Martín de los Ríos no mide el crecimiento de la minería salteña en toneladas ni en dólares. Para el exministro de Producción y Desarrollo Sustentable, el verdadero desafío es que la gente vea desarrollo: empleo, proveedores, infraestructura y mejores condiciones de vida en la provincia.
Lo dijo en una entrevista en Territorio Minero, donde repasó la transformación de la matriz productiva de Salta, el liderazgo provincial en el litio y las condiciones que, según advierte, deben acompañar a una actividad con oportunidad histórica pero también con desafíos concretos.
De la salmuera al carbonato: el cambio que ya se ve
Durante décadas, la imagen productiva de Salta estuvo atada al tabaco, las legumbres y los granos. Ese mapa cambió. Para De los Ríos, el proceso se entiende en un contexto internacional que revalorizó ciertos recursos: la transición energética, la electromovilidad y la necesidad de almacenar energía dispararon una demanda mundial que encontró en los salares de la región una oportunidad favorable.
“Estos factores universales marcaron una oportunidad histórica y creo y puedo decirlo con orgullo, Salta estuvo a la altura de circunstancia”, sostuvo.
El exfuncionario atribuye el crecimiento actual a una condición determinante: la continuidad de las reglas de juego. Según su mirada, los proyectos que arrancaron años atrás encontraron una provincia que mantuvo previsibilidad y seguridad jurídica más allá de los distintos gobiernos.
“Esos proyectos encontraron ambiente favorable, encontraron una provincia que no cambiaba la regla de juego, una provincia que mantenía previsibilidad, seguridad jurídica”, afirmó.
“Salta ya es la capital del litio”
De los Ríos no dudó al definir el posicionamiento actual de la provincia. “Salta ya es la capital del litio”, afirmó. Su argumento se apoya en la cantidad y diversidad de proyectos que hoy atraviesan distintas etapas en el territorio: más de una decena entre exploración avanzada, construcción y producción. Además, Salta fue la primera provincia argentina en comenzar a exportar litio.
El cambio también se observa en el producto que sale de la provincia. La actividad dejó atrás la imagen de la extracción de salmuera para avanzar hacia procesos industriales que permiten obtener distintos productos. “Hoy ya producimos carbonato de litio”, señaló, y mencionó además la producción de hidróxido y cloruro de litio vinculada a proyectos que operan en la provincia.
Para De los Ríos, ahí está uno de los puntos que suele quedar fuera de la discusión pública: la minería no termina en la extracción del recurso. Existe una cadena de transformación industrial que agrega valor antes de que el producto llegue al mercado internacional.
“Pasar de salmuera cruda, de partícula de litio en salmuera, a carbonato de litio, a cloruro, a hidróxido, tiene un enorme agregado de valor”, explicó.
Frente al planteo de por qué Salta no fabrica baterías directamente, respondió que la discusión debe contemplar toda la cadena. Una batería requiere otros minerales e insumos que Argentina no produce en las mismas condiciones, por lo que desarrollar cada eslabón no implica que todos deban instalarse en el mismo territorio.
“Nosotros exportando, industrializado ese litio en salmuera a través de cloruro, de carbonato, de hidróxido, lo que fuere, estamos realmente honrando las chimeneas, como dirían nuestros abuelos, es decir, la industria y agregando valor en Salta”, sostuvo.
Crecimiento no es lo mismo que desarrollo
El boom de las exportaciones mineras es uno de los datos que más visibilidad ganó en los últimos años. Pero para el exministro, quedarse solo con esas cifras es mirar una parte demasiado pequeña del fenómeno.
“El verdadero desafío es que la gente vea desarrollo”, planteó. La diferencia entre crecimiento y desarrollo es uno de los ejes de su mirada. Las regalías forman parte del proceso, pero no son el único impacto económico que deja una inversión minera.
“La actividad económica que genera una inversión en Salta es trabajo para los proveedores, trabajo para la gente, gente que a su vez subcontrata a otra gente o proveedor grande que subcontrata un proveedor chico”, explicó.
En ese entramado aparecen empresas locales, trabajadores, contratistas, profesionales y nuevos emprendimientos que pueden beneficiarse de la expansión. La minería, en esa visión, funciona como un motor que genera movimiento más allá de los límites físicos de un proyecto.
Pero para que ese crecimiento se convierta en desarrollo, De los Ríos considera que debe existir una planificación paralela desde el Estado.
“Ese es el desarrollo que le debe dar y todos capacitados y listos para después realizar actividades que trasciendan a ese proyecto de litio”, sostuvo.
La idea apunta a que las inversiones actuales dejen capacidades que permanezcan aun cuando cambien los mercados o se agote un recurso. Una Puna con mejores rutas, energía, conectividad y servicios podría desarrollar nuevas actividades económicas en el futuro.
“Una Puna con rutas, con energía, con infraestructura y después podrá hacer turismo, después podrá hacer un montón de cosas que van a trascender a un mineral puntual”, señaló.
Agua, ambiente y licencia social: las tres condiciones
El crecimiento minero también plantea condiciones que, para De los Ríos, no pueden quedar en segundo plano. Ubicó tres cuestiones centrales: el cuidado ambiental, el uso responsable del agua y la licencia social.
Sobre el ambiente, reconoció que toda actividad productiva genera algún nivel de impacto y puso el foco en minimizar los efectos negativos mediante controles y cumplimiento de las normas. “¿Hay impacto ambiental? Por supuesto que sí. Toda actividad productiva tiene un impacto ambiental, pero que sea el menor impacto negativo posible dentro del concepto de sustentabilidad”, afirmó.
El agua ocupa un lugar particular, especialmente por tratarse de un recurso fundamental para las comunidades de la Puna y para las distintas actividades productivas que allí conviven. Por eso planteó que el desarrollo de la minería debe garantizar que las comunidades y actividades preexistentes tengan la seguridad de contar con el recurso.
El tercer desafío es social. Para De los Ríos, la licencia social no puede pensarse como una instancia posterior al desarrollo de un proyecto, sino como una condición permanente.
“El salteño tiene que sentir que la actividad minera le mejoró su calidad de vida”, afirmó.
La infraestructura, el otro gran desafío
El exministro también puso el foco en una de las dificultades estructurales de Salta y el norte argentino. La provincia tiene una enorme extensión territorial y una matriz productiva diversa, pero transportar lo que produce hacia los grandes centros de consumo y exportación sigue siendo un desafío.
“Salta debería tener de Metán a Tartagal esa ruta 9/34 y después tendría que ser autopista por el flujo, por la demanda de tránsito que tiene”, planteó.
Para De los Ríos, muchas de las obras necesarias exceden la capacidad financiera de una provincia y requieren una discusión federal sobre la distribución de recursos. Su planteo es directo: sin infraestructura no hay competitividad y sin competitividad se limita el crecimiento de las cadenas productivas.
“El camino es desarrollo”, resumió.
En esa misma lógica ubicó al corredor bioceánico, al que considera una oportunidad estratégica para Salta. La posibilidad de conectar los mercados del centro de Brasil y Paraguay con los puertos del Pacífico atravesando territorio salteño podría generar mucho más que una nueva vía para exportar.
“Eso genera desarrollo, oportunidades, infraestructura, inversiones, movimiento, mano de obra”, enumeró.
Una oportunidad que no tiene techo
La minería ocupa hoy un lugar central en las exportaciones salteñas, pero De los Ríos evita plantearla como una actividad que deba reemplazar a las demás. Por el contrario, considera que la provincia tiene potencial para desarrollar simultáneamente múltiples cadenas productivas: minería, ganadería, frutas tropicales, agricultura, hidrocarburos y otras actividades pueden crecer si mejoran sus condiciones de competitividad.
La minería, sin embargo, atraviesa un momento particularmente dinámico por el contexto internacional. “El momento es aquí y ahora y hay que aprovecharlo al máximo”, afirmó.