El favor que selló la impunidad de los Caputo: la jueza que nadie vio venir
Un juez tenía en sus manos el futuro de los hermanos Caputo. Días antes, su esposa había conseguido algo que esperaba desde años. Lo que pasó después con el expediente...
El ministro de Economía Luis Caputo no necesitó decir una palabra sobre las causas que lo complicaban. En apenas unos días, tres frentes judiciales se cerraron a su favor y el de sus hermanos, en una secuencia que involucra al ministro de Justicia, al Senado y a un juez agradecido.
El triple festejo
Primero fue el archivo del expediente por la deuda con el FMI, considerado el caso judicial más importante del país. Los camaristas Mariano Llorens y Pablo Bertuzzi confirmaron la decisión que ya había tomado la jueza María Eugenia Capuchetti. Los tres fueron designados por Mauricio Macri; a Bertuzzi, además, lo confirmó Milei. Con ese fallo, Caputo zafó junto a Macri, Federico Sturzenegger, Santiago Bausili y Nicolás Dujovne.
Segundo: el sobreseimiento por la deuda a 100 años que Caputo emitió y a la vez compró desde una sociedad en Islas Caimán que no declaró. Otra vez con la firma de Llorens y Bertuzzi.
Tercero, y el que más lo tocó de cerca: el sobreseimiento de sus hermanos Flavio Luis Nicolás, Hugo Luis Pascual y Rosana Pía, investigados por contratar a los violentos de Revolución Federal para trabajos de carpintería que no sabían hacer y que debían colocarse a más de 1.000 kilómetros de distancia. El favor lo firmó el juez Marcelo Martínez de Giorgi.
El descargo que lo delató
De las causas por la deuda, Caputo no dijo nada. Pero cuando llegó el sobreseimiento de sus hermanos, estalló en X: “Años gastando plata de los contribuyentes (Arca, IGJ, Policía, etc) en la persecución más RIDÍCULA de la historia!! Y con la complicidad de una buena parte del periodismo”, escribió, y acusó al kirchnerismo de usar el aparato estatal para perseguir.
También trató de “sinvergüenzas, mentirosos y corruptos” a los periodistas que revelaron el vínculo de su hermana Rosana con Jonathan Morel y Leonardo Sosa, los líderes de Revolución Federal que marchaban con una guillotina y la consigna de que los kirchneristas debían terminar “presos, muertos o exiliados”. El vínculo lo publicó El Destape, pero se lo contó a este medio el propio Morel en octubre de 2022.
En una charla con Luis Majul, Caputo había dicho: “¿Y si se levanta un loquito del otro lado y le pegaba un tiro a mi hermana?”. El ejemplo le funcionó al revés: la acción de esos grupos fue lo que impulsó que Fernando Sabbag Montiel intentara asesinar a Cristina Kirchner.
De la carpintería al magnicidio fallido
Sabbag Montiel se infiltró entre los militantes que esperaban a CFK en la puerta de su casa. La idea no era nueva: el 26 de agosto de 2022, seis días antes del atentado, Morel dijo en un Twitter Space que si no le conocieran la cara se infiltraría una semana y “en cuanto puedo pasa a la historia”.
A estos personajes los financiaban los Caputo bajo la excusa de contratarlos para trabajos de carpintería que Morel tercerizó porque no sabía hacerlos. “Nuestro objetivo es que los kirchneristas tengan miedo de ser kirchneristas”, dijo Sosa.
La crónica de Nicolás Baintrub en Anfibia reconstruyó que ambos militaron la candidatura de Macri en 2015 y luego se volcaron al libertarianismo. El 25 de mayo, Jonathan se paró frente al Cabildo con antorchas; para el 9 de julio ya tenían un grupo de WhatsApp y una guillotina fabricada en su carpintería que decía: “Tod☀️s presos, muertos o exiliados”. Sosa tenía fijado “Haga patria, persiga al kirchnerismo”; Morel, en su biografía, “Bala a los kirchneristas”. Las frases seguían ahí una semana después del atentado.
El armador de la impunidad
El rol del ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques es clave. Fue ejecutor del lawfare durante el gobierno de Macri y ahora es el armador de la impunidad en el de Milei. Fue uno de los viajeros a Lago Escondido invitados por Clarín, el grupo autodenominado “Los Huemules”, que incluía a su padre Carlos “Coco” Mahiques, a Pablo Yadarola, a Pablo Cayssials, a Julián Ercolini, a Marcelo D’Alessandro, a Leonardo Bergroth y al publicista Tomás Reinke.
Mahiques festejó que Milei alcanzó “las 166 designaciones de jueces, fiscales y defensores en un solo año, la cifra más alta registrada en el país para un mismo período”. Habló de “un verdadero cambio de época para el Poder Judicial”. La agilización de los tiempos, hay que reconocerlo, funciona: sobre todo para los amigos.
La jueza que cerró el círculo
Para entender el salvataje de los hermanos Caputo hay que sumar un nombre menos conocido: Ana María Cristina Juan, esposa del juez Martínez de Giorgi. Trabajaba como secretaria letrada en Comodoro Py y su pliego iba y venía durante años. El 4 de junio, el Senado la votó por unanimidad como jueza federal de Hurlingham. El 15 de julio, Milei y Mahiques la designaron. Pocos días después, su esposo sobreseyó a todos los Caputo.