El ferrocarril que promete unir dos océanos y despertó una guerra de intereses
¿Un tren que unirá dos océanos y quedó en el olvido? La historia del Ferrocarril Trasandino del Sur y los intereses que frenaron su construcción.
Un proyecto ferroviario que nació hace casi un siglo vuelve a ser noticia. El Ferrocarril Trasandino del Sur podría conectar el Atlántico con el Pacífico en tiempo récord, pero su historia está marcada por promesas incumplidas y decisiones políticas que lo congelaron. ¿Qué pasó con esta obra clave para la Patagonia?
La iniciativa, ideada por el ingeniero Domingo Pronsato, buscaba unir el puerto de Bahía Blanca con el chileno de Talcahuano. La idea era aprovechar las vías existentes y completar un tramo que convertiría al norte patagónico en un corredor bioceánico. Pero el proyecto chocó contra la falta de políticas de Estado sostenidas en el tiempo.
¿Por qué es tan importante hoy?
El contexto actual le dio nueva relevancia. El desarrollo de Vaca Muerta, el crecimiento de las exportaciones energéticas y la necesidad de salir hacia los mercados del Pacífico convierten a este ferrocarril en una pieza estratégica. Brasil ya está construyendo un corredor bioceánico de 4.500 kilómetros para llegar a China, mientras Argentina sigue mirando al costado.
Los números son contundentes: un barco tarda 7 días en ir de Bahía Blanca a Talcahuano. Con el tren, el viaje se reduciría a un día y medio. Además, cruzar la cordillera a menor altura evitaría los cierres por nieve y abarataría los costos logísticos.
Los intentos fallidos
En 1985 se sancionó la Ley 23.253 que declaraba de interés nacional la obra. Pero quedó en el papel. En 2005, el gobernador Sobisch impulsó la Ley 2505 para financiar el tramo Zapala-Las Lajas. Se construyeron algunos kilómetros, pero las críticas lo tildaron de “un tren a la nada” y otro gobierno lo paralizó. Las vías llegaron solo hasta el río Covunco.
El problema de fondo, dicen los especialistas, es la falta de acuerdos binacionales. Sin una decisión conjunta entre Argentina y Chile, el proyecto seguirá siendo letra muerta. “Lo más difícil ya se hizo hace décadas”, sostienen los impulsores, “solo falta completar un tramo menor”.
La pregunta ya no es si conviene, sino cuándo se decidirá a terminarlo. Mientras tanto, la región pierde competitividad y las oportunidades se van por otros puertos.