El final tangible: Cierran las últimas puertas de Garbarino y la Justicia pone la lupa en sus activos ocultos
La Justicia ordenó el cierre definitivo de los últimos locales de Garbarino y lanzó una búsqueda exhaustiva de sus bienes. ¿Qué encontraron en los allanamientos y cuál es el activo oculto que todos quieren liquidar?
La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino entró en su fase de colapso material con el cierre de sus últimos locales, mientras la Justicia inicia una cacería de bienes para pagar a los acreedores. El proceso, ordenado tras la declaración de quiebra, incluye desde allanamientos para inventariar lo que queda hasta la posible venta de su valiosa cartera de marcas.
Uno de los puntos de venta más emblemáticos, el local frente a los Tribunales en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, amaneció con sus persianas definitivamente bajadas. Esta imagen concreta simboliza el epílogo de una empresa que llegó a dominar el mercado nacional.
La medida es consecuencia directa de la resolución del Juzgado Nacional en lo Comercial N°7. El 4 de marzo, el juez Fernando D’Alessandro declaró la quiebra de la compañía tras el fracaso de su concurso preventivo, iniciado en 2021.
¿Qué queda para liquidar?
El fallo judicial dispuso el desapoderamiento total de la empresa sobre sus bienes, los cuales ahora integran la masa falencial bajo control de la sindicatura. La tarea central que se inicia es identificar qué activos quedan y cómo se podrán liquidar.
Se ordenó mantener la inhibición general de bienes y comunicar la situación a diversos registros públicos para rastrear cualquier activo a nombre de Garbarino. Esta búsqueda abarca registros inmobiliarios, automotores, de marcas y organismos societarios.
La pesquisa se extiende hasta Tierra del Fuego, donde la compañía posee participación accionaria de control en las firmas Tecnosur S.A. y Digital Fueguina S.A. Estas participaciones pasan a ser parte del patrimonio de la quiebra y podrían ser activos relevantes.
En paralelo, la sindicatura deberá realizar inventarios físicos en locales y oficinas. Para asegurar estos bienes, el juez autorizó allanamientos e incluso el uso de fuerza pública si fuera necesario para ingresar a los establecimientos.
Un patrimonio en estado crítico
El panorama de lo que podría encontrarse no es alentador. Un informe de la sindicatura de enero consignó que la mercadería remanente sumaba apenas 1.597 unidades, productos descritos como “obsoletos y deteriorados, con escaso valor comercial”.
El documento advierte que, ante la falta de reposición durante un período prolongado, el stock quedó totalmente desactualizado y perdió toda demanda en el mercado.
El valor oculto en un nombre
Frente a este escenario, uno de los focos principales está puesto en los activos intangibles. La cartera de marcas de Garbarino se perfila como uno de los bienes más valiosos dentro del proceso de liquidación.
La sindicatura ya solicitó abrir un incidente específico para preservar y eventualmente enajenar estas marcas. Se advierte que el paso del tiempo o la falta de renovación registral podría provocar su pérdida, depreciando el patrimonio para los acreedores.
Se pidió al Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) que informe el estado de todas las marcas vinculadas a la compañía. Identificado ese universo, se podrá avanzar con su venta, incluso mediante un martillero público.
El valor simbólico de la marca es innegable. Por décadas, Garbarino fue un gigante del retail argentino, con más de 300 sucursales y 5.000 empleados en su auge. Hoy, su futuro y el de todo su patrimonio residual quedan en manos de un frío proceso judicial de liquidación.
El expediente recién comienza esta etapa definitiva. La gran incógnita es cuánto valor real podrá rescatarse de una empresa que, al momento del colapso, había reducido su operación a apenas tres locales y menos de veinte empleados.