El folleto del banco que escondía los billetes: el método que usaban los cajeros condenados en Orán

El tribunal dio por probado el ardid: los clientes no podían ver la máquina contadora y los billetes desaparecían antes de pasar por ella. La frase de una víctima lo resume todo: "Nunca pensé que me estaban robando".

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El folleto del banco que escondía los billetes: el método que usaban los cajeros condenados en Orán
El folleto del banco que escondía los billetes: el método que usaban los cajeros condenados en Orán

El Tribunal Oral Federal N°2 de Salta condenó a dos empleados del Banco Nación de Orán por una serie de estafas que se extendieron durante meses. La sentencia, que tuvo como prueba central las cámaras de seguridad, reveló el mecanismo del "pellizco": los clientes entregaban fajos de billetes, pero el conteo se hacía fuera de su vista y algunos ejemplares desaparecían antes de pasar por la máquina contadora.

Los condenados son Silvia Verónica Castro, cajera con más de 30 años en la sucursal, y Fernando Horacio Arias Knudsen. El juez Domingo Batule les impuso dos años y seis meses de prisión en suspenso, respectivamente, tras declararlos penalmente responsables por el delito de estafa en concurso ideal con incumplimiento de los deberes de funcionario público. Además, dispuso la inhabilitación para ejercer cargos públicos por el doble del tiempo de cada condena y reglas de conducta por dos años, que incluyen el control de la Dirección de Control y Asistencia de Ejecución Penal y la prohibición de abusar de estupefacientes y bebidas alcohólicas.

Una máquina fuera de la vista de los clientes

Según se acreditó en el juicio, la maniobra se apoyaba en la disposición física del sector de cajas. Los clientes entregaban el dinero en la ventanilla, pero el conteo se realizaba en un box contiguo, fuera de su campo visual. Un vidrio esmerilado impedía ver con claridad lo que ocurría durante el procedimiento.

Una vez que Castro recibía los fajos, los trasladaba hasta la máquina contadora y, antes de colocarlos en el dispositivo, retiraba algunos billetes. En otros casos, la sustracción se producía después de una primera pasada por la contadora. Los billetes sustraídos eran ocultados dentro de un folleto publicitario del propio Banco Nación.

El faltante solo se advertía cuando la máquina arrojaba una suma menor a la esperada. Como el cliente no había podido seguir el proceso y confiaba en quien realizaba la operación, la primera conclusión no era que alguien había sustraído el dinero, sino que el error había sido propio.

"Nunca pensé que me estaban robando"

Los testimonios de las víctimas fueron clave. Varios declararon que, al notar diferencias entre el dinero que creían haber llevado y el monto contabilizado, asumían que se habían equivocado antes de llegar al banco. En algunos casos, según detalló la Fiscalía, los clientes reponían la suma faltante sin formular reclamos y sin desconfiar de la cajera.

Durante el debate, una de las damnificadas resumió esa situación con una frase que quedó incorporada al caso: "Nunca pensé que me estaban robando". El fiscal federal Marcos Romero sostuvo que la falta de reclamos inmediatos no significaba que no hubiese existido perjuicio, sino que las víctimas no advertían en ese momento que el dinero había sido sustraído.

La confianza fue, según la acusación y el tribunal, uno de los elementos que hizo posible la maniobra. Castro llevaba más de 30 años trabajando en esa sucursal, un dato que reforzaba la familiaridad con muchos de los clientes que concurrían de manera habitual a realizar depósitos.

El compañero que descubrió la maniobra

El esquema comenzó a quedar expuesto el 17 de noviembre de 2023. Ese día, un empleado del banco se acercó a la caja para comunicarle a Castro una gestión interna. Como la mujer estaba atendiendo a un cliente, decidió esperar. Durante esa espera observó un comportamiento que le llamó la atención: vio cómo la cajera retiraba dinero del depósito y lo ocultaba dentro de un folleto. Luego verificó su contenido y constató que allí había billetes que habían sido separados del fajo entregado por el cliente.

La situación fue informada a los superiores de la entidad y, a partir de ese momento, comenzó una revisión más amplia de las cámaras de seguridad de la sucursal.

Los videos revelaron que no era un hecho aislado

El análisis de las filmaciones resultó determinante. Los investigadores revisaron registros que se remontaban al 19 de julio de 2023 y detectaron otros movimientos similares. A partir de ese material, la Fiscalía estableció inicialmente 22 hechos de estafa: 20 atribuidos a Castro y dos a Arias Knudsen. Sin embargo, al momento de dictar sentencia, el Tribunal Oral Federal N°2 tuvo por acreditados 18 episodios: 17 correspondientes a Castro y uno a Arias Knudsen.

Las grabaciones fueron exhibidas durante el juicio y constituyeron una de las pruebas centrales de la acusación. También declararon clientes afectados, quienes confirmaron que habían detectado faltantes en sus depósitos pero que en ese momento no habían relacionado esas diferencias con una posible sustracción por parte de los empleados.

Los acusados negaron los hechos y atribuyeron la causa a una supuesta persecución laboral y a conflictos internos dentro de la entidad. Sin embargo, la Fiscalía sostuvo que esa hipótesis no estaba respaldada por evidencia y remarcó que las imágenes eran contundentes respecto de las maniobras observadas.

Las condenas y el pedido de la Fiscalía

El juez Domingo Batule, integrante unipersonal del Tribunal Oral Federal N°2, condenó a Silvia Verónica Castro a dos años de prisión en suspenso y a Fernando Horacio Arias Knudsen a seis meses de prisión en suspenso. Ambos fueron declarados penalmente responsables por el delito de estafa en concurso ideal con incumplimiento de los deberes de funcionario público.

La pena finalmente impuesta fue menor a la solicitada por la Fiscalía. El fiscal había pedido dos años y seis meses para la cajera y un año para su pareja, mientras que la defensa había solicitado ocho meses para Castro y seis para Arias Knudsen. Como atenuante, se tuvo en cuenta que ninguno de los dos registraba antecedentes penales.

Al fundamentar la condena, el juez destacó la forma en que se había desarrollado el mecanismo y puso especial énfasis en el abuso de confianza. Batule señaló "lo aceitada que era la maniobra delictiva" y sostuvo que el ardid afectó no solamente a los clientes perjudicados, sino también de manera indirecta a la imagen del Banco Nación.

El magistrado también coincidió con la Fiscalía en que no existía una situación de necesidad económica que permitiera explicar el accionar de los condenados. Durante la audiencia de determinación de la pena, el fiscal Marcos Romero sostuvo que ambos acusados contaban con una situación económica que no podía ser considerada precaria. Mencionó un informe según el cual residían en una vivienda de importantes dimensiones, ubicada en un buen barrio, y que en el mismo inmueble funcionaba además un comercio dedicado a la venta de piscinas y productos de limpieza. A esos ingresos se sumaban los salarios que ambos percibían como empleados de la entidad bancaria.

El juez retomó ese argumento y concluyó: "Solo la necesidad de lucro es lo que los ha motivado a cometer estos hechos".

Los damnificados podrían reclamar por los daños

Otro de los puntos que dejó la sentencia es la posibilidad de que los clientes afectados impulsen reclamos por los perjuicios sufridos. El juez indicó que los damnificados podrían iniciar acciones por los daños derivados de la maniobra.

Durante el proceso, la defensa había cuestionado la existencia de una afectación económica al banco al señalar que no se había podido determinar con precisión el monto total sustraído y que se trataba de sumas menores. Sin embargo, tanto la Fiscalía como la querella del Banco Nación remarcaron que el perjuicio no podía evaluarse solamente por la cantidad de dinero sustraída, sino también por el impacto que el mecanismo tuvo sobre la confianza de los clientes y la imagen de la entidad.

El caso terminó con 18 hechos acreditados, dos condenas en suspenso y una reconstrucción que mostró hasta qué punto la maniobra dependía de algo mucho más simple que un mecanismo sofisticado: que los clientes confiaran en quien estaba del otro lado de la caja.

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