El Ford 1946 que unió a Neuquén: la historia que casi nadie recuerda
Tenía apenas dos años cuando llegó a Neuquén. Años después, junto a dos amigos, compró un Ford 1946 que se convirtió en el inicio de una empresa vial clave para la provincia. La historia que casi nadie recuerda.
En el mes en que se conmemoró el Día del Camino, un homenaje familiar rescata la figura de Don Julio Pedro Tresalet, el empresario que ayudó a coser el territorio neuquino cuando casi todo estaba por hacerse.
Hablar de caminos en aquellos años es hablar de una provincia irreconocible. Una tierra inmensa, de distancias que parecían no terminar, poblaciones muchas veces aisladas y una red vial que todavía debía abrirse paso entre la cordillera, la meseta y los ríos.
Tresalet había nacido en San Miguel del Monte, en la provincia de Buenos Aires. Llegó con apenas dos años, en 1926, a la Estancia Vista Alegre, en Neuquén. Desde entonces su vida quedó atada a esta tierra, que hizo propia y donde desarrolló toda su trayectoria.
El camión que abrió el camino en Neuquén
Después de trabajar cinco años en Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), en Pampa Tril, en 1947 decidió junto a dos amigos, Fernando Antonio Álvarez y Ricardo Schmidt Martínez, adquirir un camión Ford modelo 1946. La idea era hacer fletes para la Agencia Linares de Neuquén.
No pudieron comprar el vehículo completo de una sola vez. Como recuerda la crónica que el diario Sur Argentino publicó muchos años después, empezaron por el chasis, siguieron con la carrocería y fueron sumando, poco a poco, cada uno de los elementos indispensables para ponerlo a trabajar. Así arrancó la historia.
El punto de partida de una empresa
Aquel Ford 1946 sería mucho más que un camión. Sería el punto de partida de una empresa que con los años quedaría ligada a la apertura de caminos y al desarrollo vial de Neuquén y del Comahue.
Vendría después la relación con YPF, el transporte de combustibles desde Plaza Huincul hasta Bariloche, los viajes largos por caminos difíciles y, finalmente, el gran salto: participar de una licitación para construir un camino. Ganarla, como recuerda aquella nota, no fue lo más difícil. Lo verdaderamente difícil fue cumplir. Hubo que alquilar equipos, reunir hombres y salir adelante. Y salió adelante.
Paso a paso, aquel emprendimiento se transformó en Tresalet Empresa Constructora Vial, que llegó a tener alrededor de cien trabajadores y un importante parque de topadoras, motoniveladoras, cargadoras, camiones y equipos viales.
Su trabajo quedó plasmado en numerosos caminos de Neuquén y Río Negro. El artículo que Sur Argentino publicó en septiembre de 1976, bajo el título “Caminos para el Comahue”, menciona, entre otras obras, trabajos en plena cordillera y distintos tramos de las rutas provinciales.
Integrar pueblos de Neuquén
Detrás de las máquinas y de la empresa había una idea mucho más profunda: abrir un camino era integrar el territorio. Era acercar poblaciones, permitir que circularan personas y mercaderías, favorecer la producción y crear posibilidades de desarrollo donde hasta entonces predominaban el aislamiento y las enormes distancias. El propio artículo lo resumía con una expresión que conserva intacto su significado: “…abriendo un camino, están abriendo nuevos senderos de patria.”
En septiembre de 1976, cuando se publicó aquella extensa semblanza, mi padre seguía imaginando nuevos proyectos y pensando en el futuro de su empresa y de la provincia. El destino quiso que falleciera apenas unos meses después, en diciembre de 1976.
Por eso, a cincuenta años de aquella publicación y en esta Semana del Camino, volver a leer esas páginas tiene un significado muy especial. No solo porque hablan de mi padre, sino porque retratan una época de Neuquén en la que prácticamente todo estaba por hacerse.
Detrás de aquellos caminos hubo trabajadores, maquinistas, camioneros, mecánicos, técnicos y empresarios que enfrentaron geografías difíciles con medios infinitamente más modestos que los actuales, pero con una enorme voluntad de hacer. El reconocimiento, entonces, a todos aquellos pioneros y también a la Dirección Provincial de Vialidad del Neuquén, institución fundamental en la construcción e integración territorial de la provincia. Y como hijo, pero también como ingeniero que ha dedicado buena parte de su vida profesional al desarrollo de esta tierra, un particular orgullo al recordar a quien comenzó aquella historia con un sencillo Ford 1946 y terminó dejando su huella en tantos kilómetros de caminos neuquinos.
Don Julio Tresalet, un hombre que llegó a Neuquén siendo apenas un niño, que hizo de esta provincia su lugar en el mundo y que contribuyó a construirla de una de las maneras más concretas posibles: abriendo caminos.
“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.”