El formoseño que dejó Pirané para entrenar en Brasil y ahora subió al podio en Rosario
El VAR le anuló un triunfo que todo el estadio ya gritaba y la medalla parecía escaparse. Minutos después, el judo argentino volvió a rugir en Rosario con tres podios: quién se quedó con cada presea.
En un estadio Invencible de Rosario repleto desde las diez de la mañana, el judo de los Juegos Suramericanos 2026 arrancó con una catarata de emociones y tres medallas para la delegación argentina. Las tribunas, colmadas de chicos llegados en excursiones escolares, bajaron el clásico "¡Argentina, Argentina!" cada vez que un compatriota pisaba el tatami.
Con seis representantes repartidos en siete categorías de la modalidad Shiai, la cosecha nacional quedó firmada por Agustina De Lucía (hasta 63 kilos), Galo Villavicencio (-60 kg) y Joaquín Tovagliari (-66 kg).
De Lucía, plata con sabor agridulce
La judoca del club Tiro Suizo mejoró el bronce que había conseguido en Asunción 2022 y se colgó la plateada tras caer 10-0 ante la venezolana Anriquelis Barrios. La emoción la desbordó al repasar el camino recorrido.
«Estoy contenta, aunque un poco angustiada porque quería otro color. Pensé en mi familia… mi papá estuvo haciendo mucho tiempo de chofer para llevarme y traerme, juntando plata para los pasajes. Esto es para ellos. Cuando te va mal o quedás abajo, estas cosas te hacen valorar muchísimo subir al podio», confesó con la voz quebrada.
Sobre el apoyo del público, no dudó: «Es una locura. Siento que están valorando también esto, que acá no es solamente fútbol. Fue muy lindo». Antes de irse al vestuario se tomó unos segundos para fotografiarse con un nene que se acercó tímidamente a mostrarle un dibujo sobre ella. «¡Sos un capo!», le respondió.
El piranense que se mudó a Buenos Aires para crecer
La otra historia de esfuerzo y desarraigo la protagonizó Galo Villavicencio. Oriundo de Pirané, Formosa, venció al ecuatoriano Juan Pablo Ayala y se subió al tercer escalón del podio. Campeón sudamericano 2026 y oro en el Open Panamericano de Lima, llegó a esta cita después de una preparación exigente que lo obligó a mudarse a Buenos Aires hace tres años y a hacer extensas concentraciones en Brasil.
«Todo el esfuerzo dio sus frutos», aseguró, mientras le dedicaba el logro a su novia, la también judoca Agustina Lahiton, que debió bajarse del torneo a último momento por un desgarro pero lo acompañó desde las gradas.
El bronce de Tovagliari, con gusto a revancha
El cierre de la cosecha nacional llegó con Joaquín Tovagliari, que superó al paraguayo Mateo Ortiz y se quedó con el bronce. Minutos antes había sufrido un golpe durísimo en semifinales: todo el estadio gritó lo que parecía su pase a la final, pero una revisión de video (VAR check) determinó que había tocado a su rival por debajo de las rodillas y el triunfo fue para el contrincante.
Lejos de bajonearse, Tovagliari usó el calor de la gente como combustible para cambiar el chip. «Es impresionante el público. Cuando subía al tatami y sentía todo el grito de la gente, era decirme a mí mismo 'acá dejo todo'. No hay forma de salir de ahí si no es dejándolo todo», relató después de un grito a puro pulmón con la tribuna al quedarse con el bronce.
En Rosario, la efervescencia de la localía también se colgó su propia medalla. Una energía inagotable que servirá de impulso para este sábado y domingo, cuando el judo continúe su curso.