El fotógrafo que fue a la guerra de vacaciones: su cámara captó lo que nadie quería ver y terminó acribillado

¿Qué vieron a través de su lente que pudo costarle la vida? El misterioso asesinato del fotógrafo que desafió a sus jefes para retratar el lado más humano y desgarrador de Vietnam, y cuyas imágenes ganaron los premios más importantes del mundo.

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El fotógrafo que fue a la guerra de vacaciones: su cámara captó lo que nadie quería ver y terminó acribillado

Un automóvil abandonado contra un árbol y dos cuerpos destrozados por más de cincuenta balazos cada uno. Así terminó la historia de Kyoichi Sawada, el fotógrafo japonés que, con sus imágenes, expuso la brutalidad humana de la Guerra de Vietnam como nadie lo había hecho antes. A pesar de las décadas transcurridas, la identidad de sus asesinos y el motivo exacto del crimen siguen siendo un enigma que muchos vinculan directamente con el poder incómodo de su lente.

De las vacaciones al campo de batalla

Corría el año 1965 y Kyoichi Sawada, con 30 años, trabajaba como fotógrafo para la agencia Associated Press International (API) en Tokio. Su solicitud para ser enviado como corresponsal a Vietnam fue denegada por sus superiores, quienes argumentaron que el conflicto no generaba suficiente interés en Japón. Sawada, con una determinación que marcaría su destino, no se rindió. Decidió utilizar sus propias vacaciones para viajar por su cuenta a la zona de guerra, sumergiéndose en un conflicto en uno de sus momentos más álgidos.

Allí, lejos de la oficina, su cámara comenzó a registrar no las grandes estrategias militares, sino el drama íntimo y desgarrador de la población civil y los soldados. Se internó en pastizales, cruzó ríos peligrosos y caminó entre aldeas humeantes y trincheras plagadas de cadáveres. Su trabajo no se limitaba a observar; vivía la guerra desde adentro.

Imágenes que conmovieron al mundo

El ojo de Sawada tenía una cualidad única: humanizaba el horror. Mientras en conflictos anteriores las fotografías a menudo ocultaban los rostros de las víctimas, sus imágenes los ponían en primer plano. Capturó el terror en los ojos de un soldado corriendo, la desesperación de una madre evacuando con sus hijos a cuestas, y la fría naturalidad de un vehículo blindado arrastrando el cuerpo de un combatiente del Vietcong.

Una de sus fotografías más icónicas, titulada “Flee to Safety” (Escape a la seguridad), muestra a una mujer y sus hijos cruzando un río, con el pánico grabado en sus rostros mientras buscan ponerse a salvo de un bombardeo inminente. Esta imagen, junto a otra donde un marine estadounidense arrastraba el cadáver de un enemigo, le valieron el prestigioso Premio Pulitzer de Fotografía y el World Press Photo en 1966.

El precio de mostrar la verdad

El éxito y los reconocimientos le trajeron un ascenso a editor fotográfico, un puesto de escritorio que pronto sintió como una prisión. Sawada necesitaba volver al campo. Regresó a Vietnam y, en un gesto que definía su carácter, buscó a las personas de la aldea de Quy Nhon que aparecían en su famosa foto para repartir entre ellas el dinero del premio que había ganado.

Para 1970, con la guerra expandiéndose a Camboya, fue nombrado jefe de la oficina de API en ese país. El 28 de octubre de ese mismo año, junto al periodista Frank Frosch, se dirigía a Phnom Penh cuando desaparecieron. Una patrulla de búsqueda los encontró horas después, acribillados al costado de un camino rural. Su automóvil, intacto y sin señales de robo, estaba estrellado contra un árbol a pocos metros.

Un misterio que perdura

¿Fue un simple robo que terminó mal? ¿Una confusión en medio del caos bélico? Las circunstancias apuntan a algo más siniestro. La ejecución metódica, con más de cincuenta impactos de bala por cuerpo, sugiere una emboscada planeada. Muchos colegas y estudiosos del caso creen que Sawada fue víctima de un ajuste de cuentas. Sus fotografías, al mostrar la crudeza de la guerra y sus consecuencias humanas, resultaban profundamente incómodas para ciertos sectores, tanto militares como políticos, que preferían una narrativa más controlada.

Algunos especulan que algún superior, cuya imagen o acciones quedaron expuestas por el lente implacable de Sawada, ordenó su eliminación, aprovechando el fragor del conflicto para encubrir el crimen. A 56 años de aquel octubre de 1970, la muerte de Kyoichi Sawada, el fotógrafo que fue a la guerra en sus vacaciones, permanece sin resolverse, un testimonio mudo del peligro de mostrar la verdad cuando esta no conviene.

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