El fraile que pudo haber evitado la disolución de Argentina
Lo presentaron como un simple orador sagrado, pero detrás del hábito había un estratega político que frenó guerras civiles y hasta se animó a confrontar con la cúpula de la Iglesia. Lo que hizo Esquiú cuando nadie quería tomar la palabra.
En el año del bicentenario de su nacimiento, la figura de Fray Mamerto Esquiú volvió a ser reivindicada, pero esta vez no desde el púlpito sino desde la historia política. Un conversatorio en Buenos Aires buscó correr al Beato del lugar de "orador circunstancial" para ubicarlo como una pieza clave en la construcción del Estado argentino.
El encuentro se realizó en Casa de Catamarca en la Ciudad de Buenos Aires y contó con la presencia de la diputada nacional con mandato cumplido Silvana Ginocchio y del historiador Marcelo Gershani Oviedo, integrante de la Comisión Académica por el Bicentenario del Natalicio de Fray Mamerto Esquiú. La actividad fue impulsada por el gobierno provincial.
Ante una concurrencia numerosa y entusiasta, Gershani Oviedo expuso una mirada que incomoda a la historiografía clásica: Esquiú no fue solo un religioso devoto, sino un actor político central en un país que se desangraba en guerras internas.
El "Orador de la Constitución"
Los asistentes al conversatorio lo señalaron como el "Orador de la Constitución" por su papel decisivo en la pacificación y organización del Estado argentino. Su famoso "Sermón de la Constitución" no habría sido un mero acto eclesiástico, sino una acción política pragmática para evitar nuevas guerras civiles.
Según Gershani Oviedo, allí radica la grandeza del fraile: más allá de su rango eclesial y de los intereses sectoriales, llamó al desprendimiento de los intereses particulares en pos del bien común y de la paz social. Un acto de heroísmo que lo coloca a la par de Belgrano, San Martín o Moreno, figuras que dieron su vida por la patria naciente.
El historiador invitó a rescatar a Esquiú no solo desde el plano "místico-religioso", sino como el "catamarqueño más valioso que parió esta tierra", un prócer civil fundamental para evitar la disolución nacional durante el conflictivo siglo XIX.
Un hombre que no buscaba el poder
Uno de los rasgos que reveló Gershani Oviedo es que Esquiú ocupaba cargos públicos y eclesiásticos que no buscaba. "Renunciaba permanentemente y no le aceptaban la renuncia justamente porque se valoraba el valioso aporte que podía brindar", explicó. Llegó incluso a rechazar los arzobispados más influyentes de la época por su profunda humildad.
El mensaje de Esquiú, emitido desde una Catamarca que consolidaba su autonomía institucional, fortaleció la identidad de todo el Norte Grande y se proyectó hacia la Nación. Para el historiador, logró anteponer el destino de la Argentina y la unidad nacional a las posturas tradicionales de la Iglesia en temas complejos de la Constitución de 1853, como la libertad de cultos.
Esa postura le costó cierto ostracismo dentro del ala más conservadora del clero y de una parte de la elite catamarqueña que interpretaba su llamado a la concordia como una adhesión a las ideas liberales de la Constitución.
Formación íntegra en Catamarca
Gershani Oviedo destacó un dato que considera clave: Esquiú se formó intelectual y religiosamente en Catamarca. "No estudió ni en Córdoba, ni en Chuquisaca ni en ningún otro centro de altos estudios de la época", aseguró, y subrayó que eso demuestra el alto nivel de estudios filosófico-teológicos que se brindaba en el convento franciscano catamarqueño.
El historiador pintó el contexto que atravesó al fraile: "En sus retinas guardaba las escenas dantescas de aquellos días en que fue decapitado el gobernador José Cubas por orden de las fuerzas rosistas, en 1841; en sus oídos resonaban los relatos de su padre, un soldado español de las guerras de la Independencia".
"Demasiado dolor, demasiada sangre derramada en busca de la libertad y de la independencia", sostuvo, y agregó que Esquiú entendió que "era el momento de empezar a cerrar esa etapa" y puso su oratoria al servicio de la paz.
Su rol en la Constitución provincial
Esquiú también tuvo participación activa como político en la convención que sancionó la constitución catamarqueña de 1855. En la sesión del 26 de septiembre de 1854 fijó los criterios sobre las cualidades que debían reunir los representantes del pueblo: debían ser elegidos aquellos ciudadanos "dotados de saber, honradez, firmeza y patriotismo".
Gershani Oviedo explicó que esas cualidades eran imprescindibles para "distinguir lo justo y lo bueno, para no flaquear ante las amenazas de la tiranía o del despotismo, o ante la seducción de la demagogia, y para saber sacrificar las afecciones privadas en aras del bien común".
Así, la voz de un fraile nacido en una familia humilde terminó de demostrar que el federalismo del interior tenía la madurez intelectual necesaria para consolidar las bases del país, contrapesando el centralismo porteño.
Para el historiador, "es sumamente necesario que los catamarqueños conozcamos a Esquiú y nos apropiemos de su vida, obra y legado". Sus palabras, aseguró, recuerdan la importancia de conocer la historia, dejar de lado las apetencias y pensar en el colectivo de la patria.