El fuego llegó a Merlo y los expertos lanzaron una advertencia que nadie esperaba escuchar
Especialistas de siete países se reunieron en la Villa de Merlo para debatir cómo frenar los incendios de interfase. Uno de ellos lanzó una frase que dejó a todos pensando: hay que hablar de fuego cuando el fuego no está.
Durante dos jornadas en la Villa de Merlo, especialistas de Argentina y de otros seis países debatieron sobre un problema que crece: los incendios de interfase, esos que avanzan sobre zonas donde viviendas y vegetación conviven a metros de distancia. El II Congreso Internacional de Prevención de Incendios de Interfase, organizado por la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC), dejó una conclusión que incomoda: la prevención no puede empezar cuando el fuego ya está a la vista.
El encuentro se realizó el jueves 1 y viernes 2 de octubre y reunió a investigadores, funcionarios, profesionales y referentes de Argentina, Chile, Uruguay, Portugal, España, Italia y Canadá. La idea central que atravesó las exposiciones fue correr el foco desde la emergencia hacia una estrategia permanente de preparación y planificación.
“Hablar de fuego cuando el fuego no está”
La necesidad de actuar antes de que ocurra el desastre fue uno de los conceptos más repetidos. Diego Farías, del Ministerio de Bioagroindustria de Córdoba, lo sintetizó con una frase que resonó en el auditorio: hay que “hablar de fuego cuando el fuego no está” para poder avanzar en acciones concretas de prevención.
Sofía Sánchez, de la Universidad Nacional de Córdoba, fue en la misma dirección al sostener que “la prevención no empieza cuando ya está el fuego, sino que se construye desde mucho antes, trabajando particularmente con quienes viven, producen y habitan el territorio”.
Marcelo Alfredo Rey, del Plan de Prevención de Incendios Forestales de Río Negro, puso el acento en un punto que suele pasarse por alto: los recursos no alcanzan si no hay estrategia para llegar a la gente. “Podemos tener todo el dinero, todos los recursos materiales, el personal necesario; pero si no tenemos la capacidad de llegar a la comunidad, toda política pública va a ser insuficiente”, afirmó.
Gustavo Romero, coordinador académico de la UNLC, resumió otro de los ejes: “No queremos solamente comunidades protegidas, queremos comunidades preparadas, organizadas y protagonistas”.
El territorio, entre el riesgo y la expansión urbana
Las transformaciones del territorio y las actividades humanas también estuvieron en el centro del debate. El investigador del IANIGLA-CONICET Juan Rivera explicó que la acción humana modificó las condiciones en las que se producen los incendios y advirtió que hoy son “dos veces y media” más probables que en el pasado, además de poder alcanzar una intensidad mayor.
Desde Portugal, Emanuel Oliveira propuso un cambio de paradigma: “Deberíamos pensar en ser gestores del paisaje y no gestores de fuego”.
Nadia Iasich, de la Dirección General de Ordenamiento Territorial de Tierra del Fuego, vinculó el riesgo con el crecimiento urbano y señaló que los valores más altos de peligro de incendios de interfase coinciden con barrios populares y con nuevos proyectos inmobiliarios. La planificación territorial apareció así como una herramienta central frente a la expansión de las áreas donde casas, actividades productivas y vegetación quedan pegadas.
Cuando el incendio deja de ser forestal
Los incendios que avanzan sobre zonas habitadas exigen una respuesta que va más allá del combate del fuego. El español David Caballero, que participó de manera virtual, fue tajante: cuando el fuego alcanza población dispersa, “ya no son problemas de incendios forestales”, sino situaciones de protección civil.
“Son incendios forestales muy rápidos y acaban en un desastre. Cuando alcanzan la población dispersa, estamos en una situación de riesgo de protección civil”, explicó.
Desde Chile, Felipe Zumarán sumó otra dimensión: “Cuando se desata el desastre, vamos a hablar del factor humano de la emergencia”.
La preparación de los propios habitantes también tuvo su espacio. Anabela Bonada, de Canadá, presentó el concepto Helping homeowners help themselves, que busca que cada propietario asuma un rol activo en la preparación de su vivienda. “Es ayudar al dueño de vivienda a ayudarse a sí mismo, porque es tu casa, si la perdés perdés tus cosas más valiosas”, sostuvo.
Ciencia, incertidumbre y el conocimiento que no se aplica
La relación entre la investigación científica y la gestión concreta del riesgo fue otro de los temas transversales. Miguel Méndez Garabetti, de las universidades nacionales de San Luis y de Cuyo, recordó que la incertidumbre es inherente a estos fenómenos: “La incertidumbre en este tipo de fenómenos siempre va a existir y no la podemos eliminar; lo que tratamos de hacer es poder cuantificarla para tratar de reducirla”.
En cuanto al comportamiento del fuego, Diego Ricardo Bros, de la Universidad Nacional de Misiones y CONICET, remarcó el peso del combustible disponible: “El 80-85% de la predicción del comportamiento del fuego depende del combustible. El desafío que tenemos para hacer un buen modelo de propagación es el combustible”.
María Inés Campos, autora del libro La meteorología en la gestión del fuego, planteó que existe un puente entre la investigación y su aplicación que “se rompe en muchos lugares porque tenemos mucho más conocimiento del que efectivamente aplicamos”.
La formación profesional también fue señalada como parte de la solución. Carina Ré, coordinadora de carrera, destacó que “cada egresado representa mucho más que un título: representa una nueva capacidad instalada en algún lugar de nuestro país”.
El fuego no reconoce fronteras
Los incendios tampoco respetan límites administrativos. Desde Uruguay, Rafael Sosa llamó a fortalecer el trabajo entre comunidades vecinas: “El fuego no reconoce los límites políticos. ¿Qué mejor que protegerme con mi vecino y con mis vecinos?”.
La italiana Silvia Calvani propuso avanzar “desde un sistema fragmentado y centrado en la emergencia a una transición hacia una gobernanza comunitaria”. En la misma dirección, Josefina Bordino, de la FAO, sostuvo que “los saberes y la participación del territorio son clave para una gestión del riesgo” y advirtió que sin participación de la población no hay apropiación local de las estrategias.
Planificar antes de que llegue la emergencia
La necesidad de una política sostenida en el tiempo también estuvo presente. Adriana Serquis, diputada nacional e investigadora del CONICET, señaló que hay cuestiones que no pueden quedar exclusivamente sujetas a las reglas del mercado y sostuvo que “el Estado tiene que estar presente para poder continuar con la planificación”.
Francisco Aruta Matsen, de Chile, cuestionó una interpretación habitual frente a los incendios: “¿Sucede un incendio porque falló la prevención? Esa es la respuesta que se da casi siempre... pero todavía no conocemos la enfermedad y vamos a empezar a hacer prevención”.
Las exposiciones coincidieron en que prevenir implica conocer las causas, comprender el territorio, anticipar escenarios, preparar a las comunidades, mejorar la planificación y transformar el conocimiento científico en decisiones concretas. El desafío que dejó planteado el Congreso es reducir el riesgo antes de la emergencia y construir comunidades capaces de participar activamente en esa tarea.
La transformación de enfoque que atravesó las dos jornadas podría resumirse en una idea simple pero profunda: pasar de pensar solamente en cómo apagar el fuego a preguntarse cómo se construyen territorios menos vulnerables antes de que el fuego aparezca.