El futuro de la Argentina: cinco economistas revelan el camino de la reconversión productiva

¿La Argentina puede abrirse al mundo sin destruir su tejido productivo? Cinco economistas de primer nivel debatieron los riesgos y oportunidades de la reconversión que define nuestro futuro.

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El futuro de la Argentina: cinco economistas revelan el camino de la reconversión productiva

La Argentina enfrenta un desafío crucial: cómo reconvertir su aparato productivo para crecer e insertarse en el mundo sin dejar a nadie atrás. Cinco destacados economistas analizaron para La Nación los costos, beneficios y posibles caminos de esta transformación inevitable. El debate gira en torno a la apertura económica, la pérdida de empleos industriales y los sectores que podrían motorizar el crecimiento futuro para 46 millones de habitantes.

¿Cuál es el punto de partida de la reconversión?

Dante Sica, fundador de Abeceb y exministro de Producción, explica que el país está en una transición entre regímenes económicos. Pasó de una economía cerrada, con señales de precios distorsionadas, a otra que busca normalizarse. “Acá no hubo una baja de aranceles para todos los sectores. Solo con normalizar ya hay muchas empresas que no son competitivas”, afirma Sica. Estas empresas operaban bajo protección de normas antidumping, restricciones a la importación y tasas subsidiadas.

Marina Dal Poggetto, directora de EcoGo, coincide en que era necesario abrir la economía para aumentar la productividad, pero advierte sobre los costos. “Pasar de un esquema de economía cerrada con brecha cambiaria y tasas negativas a una economía abierta y normalizada tiene costos”, observa, refiriéndose al aumento inicial del desempleo. La pregunta clave, según ella, es si ese impacto es manejable desde la política.

Jorge Vasconcelos, investigador jefe del Ieral de Fundación Mediterránea, agrega otros obstáculos: un tipo de cambio real apreciado en más de un tercio respecto de 2003, impuestos distorsivos que pesan un 8% del PBI, y el rol de China, que ahora empuja a la deflación los precios de los productos industriales. Además, señala el daño del cepo cambiario, reflejado en que el uso de la capacidad instalada de la industria es de solo el 53,8%.

¿Se pueden amortiguar los efectos negativos?

Un dato alarmante es que solo en el sector manufacturero se perdieron 60.400 puestos entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025. Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo de Fundar, critica que el Gobierno abrió la economía “sin paracaídas”, priorizando reducciones de impuestos a las importaciones sobre los de la producción como parte de su estrategia antiinflacionaria.

“Eso tuvo costos relevantes que estamos viendo: la economía creció 4,4% en 2025 pero se destruyó empleo formal, es totalmente inédito desde que hay series estadísticas”, cuestiona Schteingart. Para atenuar el efecto, propone un tipo de cambio más alto. “Por ahí la desinflación es un poco más lenta, pero eso evita llevarse puesto a parte del entramado productivo”, indica.

Dal Poggetto también pone el foco en el tipo de cambio, señalando que abrir la economía con el dólar atrasado es peligroso. El tipo de cambio real está hoy en niveles de 88, tomando como base 100 la salida del cepo cambiario del gobierno de Macri. Sica, en cambio, cree que el debate sobre el tipo de cambio es de segundo orden. “La discusión es micro, de empresa. Hay que ser eficiente”, opina.

¿Quiénes generarán el empleo del futuro?

Agustín Etchebarne, director general de la Fundación Libertad y Progreso, es contundente: “La reconversión no es opcional, es estructural”. Plantea que la pregunta no es cómo salvar los empleos industriales, sino dónde se crearán los nuevos. En su visión, los servicios serán el gran motor, representando más del 70% del empleo como en las economías desarrolladas.

Etchebarne enumera sectores con fuerte impulso: economía del conocimiento e inteligencia artificial, entretenimiento y contenido, servicios interpersonales (educación, salud, turismo) y servicios profesionales globales. Los cinco sectores que motorizarán el crecimiento, a su juicio, son el agro, la energía, la minería, la construcción y los data centers para IA en el sur.

Vasconcelos cree que, con énfasis en la competitividad, la Argentina puede recuperar terreno en exportaciones industriales. También ve potencial en el agro y en actividades intensivas en gas natural. Dal Poggetto resume el desafío final: consolidar un proceso de crecimiento sin inestabilidad macro. “Si la economía crece 4 o 5% todos los años se puede absorber el desempleo”, señala.

La complejidad del debate queda clara en las visiones encontradas. Mientras Sica insiste en que “la agenda que viene es la micro, la de las empresas”, Schteingart advierte sobre la apertura “sin paracaídas”. El camino elegido definirá no solo números macroeconómicos, sino el futuro laboral de millones de argentinos.

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