El Gallinato: 50 años después, los nombres que la dictadura quiso borrar volvieron al lugar del horror

El Gallinato, el paraje salteño donde la dictadura dinamitó cuerpos, volvió a llenarse de nombres a 50 años de la masacre. Hubo un acto, un documental y una historia familiar que estremece: la de la beba que quedó sola.

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El Gallinato: 50 años después, los nombres que la dictadura quiso borrar volvieron al lugar del horror
El Gallinato: 50 años después, los nombres que la dictadura quiso borrar volvieron al lugar del horror

Se cumplen 50 años de la Masacre de El Gallinato y el Sitio de Memoria, en el cruce de la ruta nacional 9 con la provincial 11, en el departamento La Caldera, volvió a llenarse de nombres, fotografías y testimonios. H.I.J.O.S. Salta y la Municipalidad de La Caldera organizaron el acto conmemorativo, con la presencia de familiares, organismos de derechos humanos, la Universidad Nacional de Salta, gremios, estudiantes y vecinos.

La consigna volvió a ser la misma de cada aniversario: mantener abierta la memoria, reclamar verdad y justicia y evitar que las víctimas queden reducidas a una fecha en el calendario.

Qué pasó en septiembre de 1976

Durante ese mes, Salta fue escenario de una serie de secuestros, asesinatos y desapariciones en el marco del terrorismo de Estado. En la madrugada del 24 de septiembre fue secuestrada Silvia Benjamina Aramayo. Horas después corrieron la misma suerte Gemma Ana María Fernández Arcieri, su esposo Héctor Domingo "Guilo" Gamboa, Daniel Loto Zurita y Carlos Estanislao Figueroa Rojas. En otro operativo fue asesinado el estudiante Martín Miguel Cobos. Algunos de los secuestrados fueron trasladados luego hasta El Gallinato.

El Gobierno de Salta señaló que el lugar fue utilizado para dinamitar cuerpos de personas detenidas-desaparecidas como parte del dispositivo represivo de la dictadura. Los juicios por delitos de lesa humanidad y los testimonios reunidos durante años permitieron reconstruir parte de esa cadena represiva.

La documentación leída durante el acto insistió en una idea: los represores no solo buscaban matar, también pretendían hacer desaparecer los cuerpos, las pruebas y las historias. No lo consiguieron.

Gemma y "Guilo": la historia de una hija que quedó sola

Entre los nombres que vuelven cada septiembre están los de Gemma Fernández Arcieri y Héctor Domingo "Guilo" Gamboa. Gemma era antropóloga y docente de la Universidad Nacional de Salta, y participaba de experiencias de alfabetización con trabajadores del Ingenio San Martín del Tabacal. Héctor había tenido militancia política y trabajaba como comerciante. Ambos fueron secuestrados esa madrugada.

En su casa quedó su hija Mariana, de apenas unos meses. Los integrantes del grupo de tareas la dejaron en la calle, frente a la vivienda de un vecino que la recibió y luego logró entregarla a familiares. Esa imagen se convirtió con los años en una de las más dolorosas de la represión en Salta.

La historia tuvo otro capítulo en el Cementerio de la Santa Cruz. En 1977, Julio Gamboa encontró allí un maxilar y restos de cabello que identificó como pertenecientes a su cuñada Gemma. Los restos, sin embargo, volvieron a desaparecer. El sector fue posteriormente señalizado como sitio de memoria y forma parte de las evidencias vinculadas con los crímenes de la dictadura.

Los nombres detrás de las fechas

La memoria de El Gallinato no habla de números, habla de personas. Silvia Aramayo tenía 23 años, estudiaba Historia en la UNSa y participaba de la Juventud Universitaria Peronista. Daniel Loto Zurita era militante peronista y trabajaba como carpintero, camionero y empleado de comercio. Carlos Estanislao Figueroa Rojas estudiaba Ciencias Económicas y participaba del movimiento estudiantil. Martín Miguel Cobos era estudiante y tenía 18 años cuando fue asesinado durante un operativo policial en el que buscaban a su hermano Enrique.

El Ministerio Público Fiscal explica que durante la dictadura se implementó un sistema clandestino de represión que incluyó desapariciones forzadas, asesinatos, torturas y otros delitos cometidos de manera sistemática contra la población civil.

El intendente Diego Sumbay ya había planteado en 2024, al cumplirse 48 años de los hechos, que "la memoria debe ser una política de Estado". La frase sintetizó uno de los ejes del encuentro: que El Gallinato no sea solo un sitio al que se concurre una vez al año, sino un espacio desde el cual las nuevas generaciones puedan conocer qué ocurrió.

Un documental para recuperar otras voces

La conmemoración también tuvo una dimensión audiovisual. La productora Gemma Malen Pez Gamboa presentó un adelanto del documental en desarrollo "Masacre de Gallinato. Un silencio en el estruendo", que busca recuperar testimonios de familiares y amigos de las víctimas, pero también de habitantes de La Caldera y El Gallinato que recuerdan haber escuchado detonaciones durante aquellas madrugadas.

Pez Gamboa es descendiente de Gemma Fernández y Héctor Domingo "Guilo" Gamboa. Según explicó, una de las razones que impulsaron el proyecto fue la necesidad de hacer visible un episodio que considera menos conocido que otros hechos de la última dictadura. La intención es que las nuevas herramientas de registro —cámaras, celulares, audios y redes sociales— permitan ampliar las formas de transmitir la memoria.

Días antes, la Municipalidad de La Caldera había realizado en su Salón Municipal una proyección especial de un fragmento del documental, presentado como un espacio para "mantener viva nuestra historia y memoria colectiva".

La memoria también mira el presente

El documento leído durante el acto no se quedó en el pasado. "La memoria de El Gallinato también nos obliga a estar atentos a cualquier forma de violencia institucional, a la persecución, a la criminalización de la protesta y a los discursos de odio. Discursos y políticas de Estado que hoy nos obligan a recordar la desaparición de Jésica Gutiérrez, en otro septiembre trágico, el de 2024. Y seguimos y seguiremos exigiendo saber ¡Dónde está Jésica! Porque luchar por Memoria, Verdad y Justicia es el modo en que manifestamos nuestra resistencia y proyectamos el cambio social que nos merecemos", dice el texto.

Donde hubo explosiones hoy hay nombres. Donde hubo silencio hay testimonios. Donde se intentó borrar los cuerpos hay un sitio de memoria. Esa es la marca que El Gallinato conserva, en los cerros y en las familias, medio siglo después.

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