El garage que se convirtió en un museo de videojuegos: la historia de Mario y sus 14 máquinas
En el garaje de su casa, Mario armó un club con 14 máquinas originales que transportan a otra época. ¿Qué pasa cuando un padre se encuentra con el juego de su infancia?
En el Día Mundial del Videojuego, que se celebra cada 29 de agosto, Catamarca tiene un rincón donde el tiempo se detuvo y las pantallas vuelven a encenderse como en los viejos salones de arcade. Se trata de 1UP Club de Amigos y Videojuegos, un proyecto que nació en el garaje de la casa de Mario y que ya se convirtió en un punto de encuentro para varias generaciones.
Lo que desde afuera parece un garaje común, al cruzar la puerta se transforma en un mundo de luces, sonidos y palancas. "Es un lugar descontracturado en el garaje de una casa y una vez que entrás acá, entrás al mundo de los videojuegos", cuenta Mario.
14 máquinas y ninguna computadora
El lugar cuenta actualmente con 14 máquinas, pero no se trata de emuladores ni de computadoras adaptadas. Mario decidió conservarlas de la manera más original posible, respetando sus pantallas, controles y funcionamiento.
"Trato de conservar la originalidad de cada una de ellas, con su pantalla, sus palanquitas. No hay emulación, no hay computadoras", explica. La intención es recuperar la experiencia de los antiguos salones: poner una ficha, tomar la palanca y jugar frente a una máquina que mantiene su identidad.
El top 3 de los visitantes
Entre las diferentes opciones, hay tres que se llevan buena parte de las partidas: el flipper, la ametralladora y Street Fighter. Cada máquina genera una experiencia diferente, pero la ametralladora tiene algo particular. "Te transmite sensaciones diferentes en su vibrar", explica Mario.
El flipper, por su parte, es otro de los grandes protagonistas del lugar y uno de los juegos que más recuerdos despierta entre quienes crecieron con este tipo de máquina.
Cuando un papá le enseña a jugar a su hijo
Para Mario, una de las escenas más lindas que se generan en 1UP ocurre cuando se encuentran dos generaciones frente a una misma máquina. Los chicos llegan acostumbrados a los videojuegos actuales, mientras que sus padres reconocen inmediatamente los controles y las dinámicas de aquellos juegos con los que crecieron.
"Para los niños es una experiencia nueva, están acostumbrados a otro tipo de juegos", cuenta. Y entonces aparece una escena que Mario disfruta especialmente: un padre que empieza a jugar y después le muestra a su hijo cómo hacerlo. "Es lindo ver disfrutar jugar a un papá que le enseña a su hijo y saca pecho diciéndole: 'Así es, chango'".
La experiencia retro también está fuera de las máquinas
En 1UP también hay espacio para otras propuestas. El lugar cuenta con cervezas con temática de videojuegos y una máquina expendedora que funciona de una manera muy particular: como los antiguos arcades, utilizando una ficha. Además, quienes quieran dejar por un rato los videojuegos pueden elegir entre Jenga, cubos para armar, cartas, dominó y ajedrez.
"Tratamos de que cada objeto mantenga la esencia de la época", señala Mario. Por eso también aparecen casetes, discos, relojes y otros objetos retro que ayudan a completar el viaje en el tiempo.
"Soy como el ropavejero de Catamarca"
Muchos de esos objetos fueron llegando de una manera inesperada. La gente que conoce el proyecto comenzó a acercarle cosas que tenía guardadas en sus casas y que podían encontrar un nuevo lugar en 1UP. "La gente me trae cosas, soy como el ropavejero de Catamarca, pero feliz y agradecido", cuenta entre risas.
Así, el espacio fue creciendo con máquinas, juegos y también con recuerdos que pertenecieron a otras generaciones.
Un proyecto que también guarda recuerdos familiares
Detrás de 1UP hay una historia mucho más personal. Para Mario, este proyecto está relacionado con sus propios recuerdos de infancia y, especialmente, con sus padres. "Es difícil ser totalmente feliz una vez que la vieja se va", expresa. Pero asegura que parte de su mamá está presente en lo que construyó. "Su ADN está acá y también el de mi viejo, que me llevaba a jugar a los juegos de chico".
Esos recuerdos se mezclan hoy con la felicidad de haber puesto en marcha su primer proyecto. "Soy feliz con esto que me está pasando y creo que es el mejor momento de mi vida", asegura.
"Mi primer proyecto y va sobre ruedas"
Mario reconoce que 1UP es su primer proyecto y que la respuesta de la gente lo impulsa a seguir creciendo. "Mi primer proyecto y va sobre ruedas", resume. El próximo objetivo es ampliar el espacio para brindar mayor comodidad a quienes lo visitan. "La idea es poder ampliar el lugar, brindar más espacio y comodidad. Estamos muy apretados", cuenta.
Sin embargo, hay algo que pretende mantener: el espíritu descontracturado. "Es un lugar descontracturado y la gente puede venir como desee: con pijama, máscara, van a ser premiados". La invitación, dice Mario, es para todos. "Todos son bienvenidos de corazón".
En este Día Mundial del Videojuego, INFORAMA recorrió un lugar donde los videojuegos no son solamente una forma de entretenimiento. Son recuerdos, encuentros y una manera de conectar a padres, hijos y distintas generaciones frente a las mismas máquinas. Porque en 1UP, cada ficha puede convertirse en un pequeño viaje al pasado. Y cuando la pantalla se enciende y comienza una nueva partida, por un momento, los grandes vuelven a ser chicos y los chicos descubren cómo se jugaba antes.