El gerente de hotel que se convierte en Truman Capote y revela el secreto que lo une al escritor
Un gerente de hotel de lujo en Buenos Aires tiene una doble vida en el escenario. ¿Qué profunda conexión lo une a Truman Capote y hace que el público salga de pie? El secreto detrás de la transformación que conmueve al teatro local.
Un hombre que maneja el marketing de un hotel de lujo en Buenos Aires sube a escena cada domingo para transformarse en una leyenda de la literatura. Gabriel Oliveri, el gerente del Four Seasons, confiesa a TN: “Podría decir que soy como el Capote argentino, sin su talento y sin su maldad”. Su obra, “Queridísimo Truman”, escrita junto a Florencia Bendersky, ya recibe ovaciones de pie en el Paseo La Plaza.
La historia de Oliveri comienza lejos de los reflectores, en Concordia, Entre Ríos. Allí, un chico pasaba las siestas leyendo revistas, soñando con una vida distinta. En los años ochenta, dio el salto a Buenos Aires persiguiendo ese sueño, en una época en que, al otro lado del continente, Truman Capote moría solo y adicto en Los Ángeles.
¿Cómo un gerente de hotel termina encarnando a un ícono literario?
Oliveri llegó a la capital para ser actor. Estudió con reconocidos maestros como Augusto Fernandes, Julio Chávez, Luciano Cáceres y Lili Popovich. Sin embargo, la vida lo llevó por otro camino, hacia la hotelería de alto nivel. “Los hoteles son el gran escenario de la vida”, reflexiona. “Siempre le digo a mi equipo: sonrían, están en escena”.
El reencuentro con el teatro llegó tras un momento personal difícil. Hace dos años, tras el fallecimiento de su madre, una psicóloga le sugirió retomar una pasión. Volvió a estudiar con Popovich, coach de figuras como Juan Minujín y Leonardo Sbaraglia, quien lo alentó: “Ella me dijo que era muy bueno lo que yo hacía”.
La chispa definitiva la encendió Florencia Bendersky. Tras verlo interpretar a Ernest Hemingway en Microteatro, le propuso un desafío mayor: encarnar a Truman Capote. Para Oliveri, fue un llamado. “Fue una sorpresa porque yo había leído desde chico y me sentía identificado con él. Esa gente que sale de un pueblo, llega a la capital y trata de cumplir sus sueños”.
La identificación fue tan profunda que se sumergió en el personaje. Escribió la obra junto a Bendersky, ensayaron durante tres meses e incluso viajó para recorrer los lugares clave en la vida de Capote. Su búsqueda de autenticidad lo llevó a conseguir ediciones originales de los libros del autor, incluyendo un ejemplar de “A Sangre Fría” de 1965.
El misterioso momento en que dos vidas se funden en el escenario
En escena, Oliveri no actúa solo. Lo acompañan dos talentos multifacéticos: Sergio Grimblat y Cristóbal Barcesat, quienes dan vida a diversos personajes. El vestuario, a cargo de Julio Suárez –ganador de un Goya por “La sociedad de la nieve”–, aporta el toque de glamour y precisión histórica.
La obra, una biografía musical de setenta minutos, recorre la vida completa del autor, mezclando fragmentos de su obra con anécdotas personales. “No quería que la obra fuera un plomo culturoso”, aclara Oliveri. “La idea es lograr que la gente que pasa salga del teatro y quiera leer a Capote”.
Pero hay algo más. El montaje también es un relato sobre la influencia transformadora de la literatura. “Contar cómo un escritor que haya nacido tan lejos de casa pueda influir tanto en tu vida. Es su vida mezclada un poco con la mía”, revela el actor y gerente.
El proceso actoral que vive Oliveri en cada función bordea lo místico. “Siempre tengo algo de lo que me agarro para recuperar su voz”, confiesa. Describe un momento revelador: “Por momentos miro uno de los reflectores que están por encima del escenario y siento que tengo la cara de él en mi cara. Es algo sumamente extraño”.
“Maceró las palabras y le hablo al público sintiendo que su boca es la mía, su voz es la mía”, detalla sobre esa sensación que define como “misteriosa y maravillosa”. En ese instante, las fronteras entre el gerente argentino y el escritor estadounidense se desdibujan por completo.
“Queridísimo Truman” se presenta como un homenaje vibrante. Con una banda sonora que va desde Pet Shop Boys y Gershwin hasta la cumbia villera, la obra equilibra nostalgia y melancolía con un espíritu queer festivo y abierto. Es, en definitiva, una reivindicación creativa de un autor y un personaje que, a través de un hombre de Concordia y su hotel en Buenos Aires, se niega a caer en el olvido.