El gesto de su hermano que la marcó para siempre en plena lucha contra el cáncer

Un bultito en la mama derecha, un control anual que no lo había detectado y una frase que le cambió la vida el 14 de marzo de 2022. Jimena Latorre contó cómo atravesó el tratamiento y el gesto de su hermano que todavía la conmueve.

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El gesto de su hermano que la marcó para siempre en plena lucha contra el cáncer
El gesto de su hermano que la marcó para siempre en plena lucha contra el cáncer

Jimena Latorre tenía 2022 recién empezando y una banca en el Congreso cuando un bultito que se palpó en la mama derecha le cambió la agenda para siempre. La biopsia llegó el 14 de marzo: tumor maligno. Lo que vino después fueron dos años de tratamiento, una cirugía, radioterapia y una certeza que todavía la acompaña.

En una entrevista con Andino Streaming, la dirigente mendocina dejó por un rato su rol institucional y habló como paciente oncológica. Contó el impacto del diagnóstico, los meses de médico en médico y las desigualdades que atraviesan muchas mujeres que no tienen su suerte laboral.

El día que el ecógrafo llamó a otro ecógrafo

Latorre había pasado su control anual el año anterior sin novedades. Esta vez se palpó algo distinto en la parte baja de la mama derecha y fue directo a hacerse la ecografía. En la sala notó algo en la cara de los profesionales: dejaron la rutina del “está todo bien” y pidieron sumar a un segundo especialista.

“Uno como que huele esa cara de los médicos, del ecógrafo, que dice: ‘Voy a llamar a otro ecógrafo’”, recordó. Después vinieron la mamografía, la punción y la biopsia. El resultado se lo llevaron una de sus mejores amigas y su hermano: “Bueno, es un tumor maligno, tenés cáncer”.

La comparación que eligió para describir ese momento fue marina: una ola que te tapa y te deja sin saber para dónde salir. Recién cuando logró pararse pudo ordenar el objetivo, que era uno solo: curarse. Y para eso, dijo, hay un factor que lo condiciona todo.

“El principal indicador respecto al éxito o al fracaso de un tratamiento en el cáncer, y particularmente en el cáncer de mama, es el tiempo. El tiempo con el que se diagnostique y el tiempo con el que se inicie el tratamiento”, subrayó.

Un tumor HER2 positivo y dos años de rutina médica

Su caso era un tumor hormonodependiente, HER2 positivo, de casi tres centímetros. El primer paso fue quimioterapia para reducirlo. La respuesta fue buena: bajó a menos de un centímetro y entonces pudieron operarla. Siguieron la radioterapia y un año de hormonoterapia, con controles mensuales.

En paralelo, el cuerpo le jugó otras cartas. Atravesó una menopausia química inducida por el tratamiento y después una quirúrgica, que requirió dos operaciones para extirparle los ovarios. A eso se sumaron la fisioterapia, las consultas con una genetista, el acompañamiento nutricional y el trabajo psicológico.

“En esos dos años vivís de médico en médico”, resumió. La incertidumbre, dice, se morigera por momentos pero no desaparece. Hace poco, en agosto, le dieron una noticia que vivió como un logro: la próxima revisión sería recién en un año, y no a los seis meses.

Aun así, no se relaja. “Siempre el paciente de cáncer es un paciente oncológico. Me puedo haber curado para siempre o puede volver”, planteó.

El privilegio de poder seguir trabajando

Latorre siguió yendo al Congreso durante el tratamiento. Hay una imagen suya sesionando que sus pares recuerdan con cariño. Para ella, continuar con sus tareas fue un sostén enorme y, al mismo tiempo, una muestra de la desigualdad que enfrentan muchas pacientes.

“¿Cuántas mujeres pacientes de cáncer de mama tienen la oportunidad que tuve yo de poder seguir trabajando a mi ritmo, con mis limitaciones?”, se preguntó. Y apuntó contra un problema concreto: hay quienes pierden el empleo tras el diagnóstico y quienes son autónomas y, si no trabajan, no cobran.

“Yo realmente me siento una privilegiada”, afirmó.

“Aprendí a elegir las batallas”

La Jimena de antes y la de después del cáncer no son la misma persona, y ella no lo vive como una pérdida. Se define como alguien impulsiva, temperamental y pasional, y dice que esa esencia sigue intacta. Lo que cambió fue la balanza: qué merece esfuerzo y qué no.

“Aprender a elegir las batallas. Y resignar que no somos el 100. Nadie puede dar el 100. Eso es una utopía”, sostuvo. Para ella, decir “no puedo” o “necesito ayuda” no es una debilidad sino reconocer los propios límites.

El hermano que se rapó la cabeza

Durante el tratamiento compartió una foto que conmovió a muchos: su hermano rapado, acompañándola. Sobre el papel de la familia, los amigos y los compañeros de trabajo, fue clara: son fundamentales. Pero pidió algo puntual a quienes rodean a un paciente oncológico.

“Una cosa es empatizar con la situación especial, con la diferencia, con la necesidad particular de un paciente, y otra cosa es tratarlo como si no pudiera hacer algo”, distinguió. Lo que más ayuda, contó, es la naturalidad: que la inviten igual a la reunión, que le digan que si se siente mal se puede ir y que después alguien la ayuda.

El pelo corto como recordatorio

No extraña a la Jimena anterior al diagnóstico. Incluso reivindica el cambio: “Hay mucha gente que dice ‘estás cambiada’, como si fuera algo malo. Y yo creo que en buena hora”.

Después del tratamiento no volvió a dejarse el pelo largo, como lo tuvo toda la vida. Da dos razones: le gusta cómo le queda corto y, sobre todo, no quiere olvidarse. “No me quiero olvidar de que tuve cáncer de mama. Es parte de mí, es parte de mi identidad, es parte de mi vida, es parte de mi transformación, de mi crecimiento”, explicó.

Su mensaje a quienes reciben el diagnóstico

A una mujer que acaba de recibir la noticia le pediría tres cosas: que confíe en sí misma, que busque su red de contención y que no sienta que pedir ayuda es una debilidad. “Es muy importante sacarnos esa capa de superheroínas que muchas veces tenemos las mujeres”, dijo.

Recordó también una frase de su psicóloga que la ayuda a frenar cuando cree que puede con todo: “Muerta no le servís a nadie”. Y contó algo que le pasó a ella: al principio pensaba más en cómo darles la noticia a sus papás sin lastimarlos que en lo que le estaba ocurriendo.

El consejo que dejó es ordenar el entorno para poder atravesar el tratamiento, sumar un equipo médico especializado y un sostén afectivo que apuntale durante todo el proceso. Porque, como dijo, el objetivo es curarse, y para eso hay que transitar el camino de la mejor manera posible.

La detección temprana, el gran factor

Cada 19 de octubre, el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama recuerda que detectar a tiempo mejora las chances de un tratamiento exitoso. La mamografía permite identificar lesiones incluso antes de que se puedan palpar, y la edad de inicio y la frecuencia de los estudios deben definirse según las recomendaciones médicas y los antecedentes de cada persona.

La historia de Latorre también deja al descubierto otras urgencias: el acceso oportuno a los estudios, la continuidad de los tratamientos, el acompañamiento psicológico y las condiciones laborales que permitan atravesar una enfermedad larga sin perder el sustento.

Porque hablar de cáncer de mama no es hablar solo de una enfermedad. Es hablar de mujeres que tienen miedo, que necesitan ayuda y que siguen criando, trabajando y sosteniendo a sus familias mientras buscan una nueva normalidad. Y de una verdad incómoda: sobrevivir no siempre significa volver a ser la misma persona.

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