El gobernador cambió de opinión sobre la Carta Orgánica y en Bariloche apuntan al motivo
¿Qué cambió en apenas un mes para que el gobernador pase de no querer opinar sobre la Carta Orgánica a llamarla "sectaria"? La columna que responde apunta a una fecha clave.
El gobernador de Río Negro pasó de evitar pronunciarse sobre la Carta Orgánica de Bariloche a calificarla de "sectaria" y sostener que solo sirve para complicar al intendente. La columna firmada por Pablo Chamatrópulos en Bariloche Opina pone el foco en ese giro y en el timing: el cambio de discurso llegó cuando faltan diez días para la elección del 1° de noviembre.
Hace un mes, según recuerda el texto, el mandatario provincial había dicho que no le correspondía opinar sobre la Carta y que provincializar esa elección sería un error. La pregunta que plantea el autor es directa: "¿A qué gobernador le creemos? ¿Qué cambió en un mes?". Su respuesta es que lo que cambió es la cercanía del acto electoral.
Autonomía y reglas propias
Para el columnista, no es habitual que un gobernador se exprese así sobre la vida institucional del municipio más importante de la provincia. Bariloche, subraya, tiene autonomía y la cuida: las reglas locales las escriben los barilochenses. El texto remarca que la ciudad fue pionera al redactar su primera Carta Orgánica en 1986 y que sigue definiendo sus derechos y obligaciones por decisión propia.
"Exigencias" o controles
El punto central del cruce está en cómo se nombra lo que la Carta le pide al Ejecutivo municipal. Lo que el gobernador llama exigencias, sostiene el autor, son controles. El ejemplo que trae es el paso de las licitaciones por el Concejo: no lo describe como un capricho, sino como el mecanismo para saber en qué y cómo se gasta el dinero de los vecinos.
La columna también reivindica herramientas de participación ciudadana que, según afirma, muchas ciudades envidian. Y deja una definición política: "Una Carta que limita al poder no es sectaria, es una Carta que cuida al vecino".
Actualizar, sí; cheque en blanco, no
El autor no descarta la necesidad de una puesta a punto. Reconoce que la Carta tiene casi veinte años y que cambiaron tanto la ciudad como el mundo, y por eso considera clave la elección del 1° de noviembre. Pero aclara que modernizarla no implica dejar de controlar al intendente de turno ni otorgarle un cheque en blanco. Apunta a un marco más moderno, transparente y participativo, con más herramientas para la ciudad.
El cierre es un pedido directo al gobernador: si tiene ganas de opinar, que proponga. "Destruir es fácil", sentencia la columna, antes de recordar que la decisión final queda en manos de los barilochenses en las urnas.
