El gobernador que prometía auxilios a Güemes, pero le cortaba los caballos y las armas
Prometía auxilios para la causa de la libertad, pero los hombres, los caballos y las municiones nunca llegaban a destino. La historia de la interna que, según los historiadores, le costó a Güemes la chance de sumarse a la campaña continental de San Martín.
La pelea entre Bernabé Aráoz y Martín Miguel de Güemes no quedó en una simple rivalidad entre gobernadores. Según un análisis histórico difundido por El Tribuno, esa interna fue una de las expresiones más graves de la fragmentación política que afectó a las Provincias Unidas justo cuando se jugaba la independencia americana.
La creación de la provincia de Tucumán en 1814, al dividirse la antigua Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán, colocó a Aráoz al frente de una autoridad que fue creciendo con los años. Desde 1816, mientras San Martín organizaba el Ejército de los Andes para liberar Chile y luego el Perú, Güemes sostenía en el norte una guerra defensiva-ofensiva contra los realistas. La resistencia de las milicias gauchas salteñas mantenía a los ejércitos españoles lejos del interior y permitía que el gobierno central concentrara recursos en la campaña del Pacífico.
La estrategia que se quebró
San Martín necesitaba que las fuerzas realistas del Alto Perú quedaran contenidas mientras avanzaba por Chile. Güemes necesitaba el apoyo de las provincias para sostener esa contención. La coordinación entre ambos respondía a un plan común. Belgrano lo entendía así y, en una carta a Güemes del 3 de febrero de 1818, le hablaba del "objeto común" y de la próxima aparición de la bandera de la libertad en el Pacífico.
Dentro de ese esquema, Tucumán tenía una posición estratégica clave. Sin embargo, Aráoz empezó a dificultar el envío de hombres, armas, caballos y municiones que Güemes necesitaba para defender el norte y preparar su participación en el Ejército de Observación sobre el Perú.
El historiador Martín G. Figueroa Güemes sostuvo que la inquina de Aráoz hacia Güemes estaba acompañada por una profunda emulación política. El tucumano, que gozaba de la gloria de haber participado el 20 de febrero de 1813 en la victoriosa Batalla de Salta, ahora anhelaba la ruina del caudillo salteño "porque pretendía sucederle en el mando del ejército que definiría el pleito americano y obtener como recompensa el gobierno vitalicio de la ínsula en la que acababa de proclamarse presidente".
Lo que decía y lo que hacía
La contradicción entre las palabras de Aráoz y sus actos resulta llamativa. Mientras proclamaba su adhesión a la causa de la libertad y prometía auxilios, estos muchas veces no llegaban o lo hacían en condiciones deficientes. Belgrano, que desde Tucumán seguía al frente del Ejército del Norte, conocía las dificultades y procuraba asistir al gobernador salteño dentro de sus posibilidades. En una carta del 15 de mayo de 1817, ante los reclamos de Güemes, Belgrano llegó a expresar su sospecha de que existía "picardía" en el manejo de los recursos enviados.
Las dificultades se prolongaron durante los años siguientes. En 1820, Aráoz continuó manifestando formalmente su disposición a colaborar, pero en los hechos obstaculizó el paso de los refuerzos destinados al proyecto militar de Güemes. Ese mismo año llegó a proclamar la efímera República de Tucumán, profundizando la fragmentación política del antiguo espacio de la Intendencia.
El choque armado y la invasión realista
La situación alcanzó su punto culminante entre 1820 y 1821. Güemes, decidido a continuar el plan combinado con San Martín y al frente del Ejército de Observación sobre el Perú, necesitaba dejar organizada la administración de Salta. Pidió al Cabildo que se eligiera un gobernador delegado y logró que el 18 de diciembre de 1820 el Cabildo proclamara como gobernador sustituto al doctor José Ignacio Gorriti.
Hallándose Güemes en Jujuy, regresó a Salta y se dispuso a resolver el conflicto con Tucumán, confiando el avance de sus fuerzas al coronel Alejandro Heredia. La confrontación desembocó en una campaña militar cuyo episodio decisivo fue la batalla de Rincón de Marlopa, librada el 3 de abril de 1821, donde las fuerzas salteñas de Heredia fueron derrotadas por las tropas tucumanas. El hecho fue informado al Virrey del Perú desde Arequipa, al día siguiente, por el general Juan Ramírez Orozco, con evidente premura y propósito de desacreditar a los patriotas. Más tarde se sucedieron nuevos encuentros favorables a los tucumanos en Trancas y Acequiones.
Güemes quedó impedido de obtener los recursos necesarios para continuar su proyecto de marcha hacia el Perú. La guerra civil entre patriotas interrumpió la cooperación militar indispensable para completar el plan sanmartiniano.
El resultado de esa fragmentación fue aprovechado por los realistas. Pedro Antonio de Olañeta, conocedor de las divisiones entre los patriotas, ordenó la invasión de Jujuy al mando del coronel Guillermo Marquiegui. Aunque los patriotas obtuvieron después el triunfo del "Día Grande de Jujuy", la desunión había debilitado gravemente la capacidad ofensiva de Güemes. A ello se sumó la llamada "Revolución del Comercio", instigada por Bernabé Aráoz, mediante la cual sectores internos de Salta depusieron temporalmente a Güemes. La conspiración contó con la protección de sus adversarios refugiados en Tucumán, agravando una situación militar e institucional ya extremadamente comprometida.
La responsabilidad histórica de Aráoz, según el análisis, debe medirse por las consecuencias concretas de sus decisiones más allá de sus motivaciones personales. Su enfrentamiento con Güemes contribuyó a impedir la circulación de recursos, debilitó la defensa del norte, favoreció la acción de los realistas y frustró la posibilidad de que Güemes se incorporara a la campaña continental proyectada por San Martín.
Tanto San Martín como Güemes comprendieron que las luchas internas debían quedar subordinadas al objetivo superior de la independencia americana. Güemes solo recurrió a la guerra contra sus adversarios internos cuando consideró que estos comprometían directamente la defensa y el proyecto emancipador. Aráoz, en cambio, terminó subordinando la cooperación continental a conflictos localistas.
Cuando Güemes murió el 17 de junio de 1821, su muerte constituyó la principal causa de la inmediata disolución del Ejército Auxiliar del Perú, de la prolongación de la guerra en el Perú y de las graves dificultades militares que debió afrontar San Martín durante el semestre previo a la entrevista de Guayaquil. El fracaso de aquella última etapa del plan sanmartiniano demuestra que la emancipación americana no dependía solamente de vencer a los ejércitos realistas: requería también preservar la unidad de acción entre los patriotas.
* Rodolfo Leandro Plaza Navamuel, Diplomado Universitario en Genealogía y Heráldica. Académico de número y expresidente de la Academia Güemesiana del Instituto Güemesiano de Salta. Sitial Nº 2 Ángel Justiniano Carranza.