El Gobierno se equivoca y resurge un fenómeno político que nadie quiere ver
Cada tropiezo del oficialismo tiene una consecuencia inesperada: da oxígeno a un elenco político que la sociedad ya había dejado atrás. Un análisis crudo revela el peligroso ciclo que se activa y por qué, pese al enojo, el regreso al pasado parece una opción descartada en las urnas.
Un análisis mordaz pone el foco en lo que considera el verdadero peligro detrás de los errores del oficialismo. No es el desgaste en sí, sino la resurrección de figuras del pasado que la sociedad ya rechazó en las urnas. La coyuntura compleja, con salarios rezagados y una clase media al límite, alimenta un ciclo que el kirchnerismo intenta explotar, pero que históricamente termina en una nueva derrota electoral.
El autor del texto realiza una analogía bíblica para describir la situación: la de “los muertos vivos”. Explica que cada vez que el Gobierno comete un error, se produce “el regreso de los muertos vivos”, nombrando a Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Máximo Kirchner, Axel Kicillof, Juan Grabois, José Mayans, Gildo Insfrán, Miguel Ángel Pichetto, Andrés Larroque y Sergio Massa.
¿Qué legado dejaron los “resucitados”?
Para fundamentar su postura, el análisis enumera una serie de datos del gobierno anterior. Señala una inflación acumulada del 1020% en cuatro años y un pico del riesgo país en 2719 puntos en octubre de 2023, contrastándolo con los menos de 600 puntos actuales.
Además, menciona que se dejó un salario mínimo de 145 dólares, el más bajo de Sudamérica exceptuando a Venezuela. El dato más crudo es una pobreza infantil del 62.9%, lo que significa que 8 millones de niños y adolescentes vivían en hogares pobres al final de ese ciclo.
Un cálculo impactante surge de datos de la Federación Argentina de Cartoneros: durante el último año de ese gobierno se crearon 53.000 nuevos cartoneros en los conurbanos. Esto equivale a un nuevo cartonero cada 15 minutos.
Un ciclo que se repite: error, envalentonamiento y paliza
El texto describe un patrón recurrente que, según afirma, se viene repitiendo. Primero, el Gobierno se “manda una cagada”. Inmediatamente después, el kirchnerismo se envalentona y pide juicio político, lo que genera que una parte de la sociedad se asuste. Sin embargo, el ciclo culmina con una nueva “paliza electoral” para el kirchnerismo.
Para respaldar esto, recuerda los resultados de las elecciones de octubre, hace cinco meses, donde el espacio peronista-kirchnerista perdió en 18 provincias. Detalla derrotas contundentes: en la Ciudad de Buenos Aires (47 a 27), Córdoba (42 a 5 para Fuerza Patria), Mendoza (54 a 24) y Jujuy (37 a 15), entre otras.
La advertencia es clara: cuando la gente ve resurgir a estas figuras, reacciona diciendo “otra vez esto no” y “yo al pasado no vuelvo”, lo que se traduce en un voto castigo.
La doble vara y el silencio incómodo
El análisis cuestiona la “autoridad moral” de quienes ahora critican. Recuerda declaraciones de Alberto Fernández sobre el presidente Javier Milei, a quien calificó de no estar “psiquiátricamente bien”. Frente a esto, el texto se pregunta retóricamente si ese “monigote de Cristina Kirchner” puede hablar de salud mental, tildándolo de “el presidente más dañino de la historia” de la democracia.
También dirige una pregunta incómoda al gobernador Axel Kicillof, quien recientemente fue vinculado a dichos “golpistas” de las Madres de Plaza de Mayo. Le pregunta si renunció cuando su jefe de Gabinete, Martín Insaurralde, “apareció viajando con la nuestra” en un yate en el Mediterráneo con una modelo VIP.
Subraya que nadie pidió un juicio político a Kicillof por ese escándalo, que involucraba al funcionario usando “nuestra guita” para viajes de lujo. La historia, recuerda, terminó con la ex pareja de Insaurralde, Jesica Cirio, casándose con el financista Elías Piccirillo, quien habría ganado “cientos de millones de dólares” gracias al “rulo financiero de Sergio Massa”.
Ante este episodio, el texto acusa a gran parte del periodismo político de hacer un “silencio sepulcral”, contrastándolo con la cobertura actual de los escándalos del Gobierno.
La advertencia final y la exigencia de transparencia
El análisis reconoce que el caso del vocero presidencial, Manuel Adorni, luce “irrecuperable” y “como boleto picado”, por temas como propiedades sin declarar y “viajes de casta”. Exige que dé explicaciones concretas y no se parezca “al kirchnerismo a la hora de responder”.
Le aconseja a Adorni que no se enoje con los periodistas, sino que muestre la transferencia del pago de sus viajes, presente su declaración jurada adelantada y justifique los ingresos para sus propiedades. “Son tres cosas y se termina el tema. Salvo que no se pueda justificar”, sentencia.
Pero el núcleo de la advertencia es otro: “lo más delicado acá no es Adorni, sino que cualquier escándalo del Gobierno le da letra a gente demasiado dañina”. El riesgo, según el autor, es que se habilite el discurso de que “al final, somos todos iguales” o “vas a tener que elegir entre corruptos”.
Para cerrar, menciona declaraciones de Rodolfo Aguiar, de ATE, quien dijo que el gobierno de Milei es peor que la pandemia. Frente a esto, el texto recuerda que la pandemia, durante la gestión anterior, dejó 130.000 muertos, cerró 80 empresas por semana, provocó que 500.000 chicos abandonaran la escuela según UNICEF y generó síntomas de depresión profunda en el 36% de la población.
La conclusión es un llamado de atención al oficialismo: “La motosierra contra la casta tiene que recuperar el filo. De lo contrario, estaremos ante el dramático regreso de los muertos vivos”.