El golpe que nadie esperaba: Central ganaba, merecía más y se quedó con las manos vacías
Central mereció más que Newell's, pero el empate en el último suspiro le arrebató dos puntos clave en la lucha por el campeonato. La Lepra festejó un punto que vale oro, mientras el Canalla se queda con la bronca de un triunfo que se le escapó.
El clásico ante Newell's dejó una sensación que duele más que una derrota: la de un triunfo que se escapó cuando ya parecía asegurado. Central fue superior de principio a fin, se puso en ventaja y controló el partido, pero en la última jugada recibió el gol del empate. El 1 a 1 final dejó a los hinchas con un sabor amargo y la certeza de que se perdieron dos puntos que estaban al alcance de la mano.
El equipo de Ariel Holan dominó el encuentro con autoridad, manejó los tiempos y generó las situaciones más claras. Sin embargo, la falta de contundencia volvió a ser un problema: las aproximaciones no se tradujeron en una diferencia mayor. Cuando todo indicaba que el triunfo quedaba en Arroyito, un cabezazo en el área propia, en tiempo de descuento, le dio el empate a la Lepra.
Un primer tiempo de dominio absoluto
Desde el arranque, Central mostró sus intenciones. Con Di María como estandarte, el Canalla presionó alto, recuperó rápido y circuló la pelota con criterio. Newell's, por su parte, se refugió en su campo y apostó a aguantar. Las llegadas locales se sucedieron, pero el gol tardó en llegar.
Recién sobre el final de la primera etapa, tras un córner, llegó la apertura del marcador. El Gato Ávila, con un zurdazo certero, puso el 1 a 0 y desató la alegría en Arroyito. Parecía el premio justo a tanto esfuerzo.
Un segundo tiempo que se complicó
En el complemento, el partido cambió. Newell's salió con otra actitud y el juego se volvió más friccionado. Central ya no tuvo tanta claridad para atacar y el rival empezó a inquietar. Aun así, el equipo local aguantó el resultado y parecía tener el control.
Cuando el reloj marcaba el minuto 90, y con Central celebrando una nueva victoria, llegó el baldazo de agua fría. Una pelota parada, un cabezazo en el área y el empate de Newell's. El estadio enmudeció. La Lepra, que no había generado casi nada en todo el partido, se llevaba un punto que valía oro.
La bronca y la frustración se apoderaron de los jugadores y de los hinchas. No era para menos: el equipo había hecho los méritos para ganar, pero el fútbol a veces es injusto. El clásico, que debía ser una fiesta, terminó con un sabor a derrota que va a costar digerir.