El "gordito de 95 kilos" que se convirtió en leyenda y llega a San Juan con siete cirugías de columna encima
Le dijeron que no podía correr 5 kilómetros y terminó conquistando las siete cimas del mundo. A los 64 años, con siete cirugías de columna encima, el "Sr. Ironman" baja en San Juan para su prueba número 222.
Luis Alvarez no necesita presentación en el mundo del triatlón. A los 64 años, este mexicano nacido en Monterrey será una de las figuras centrales del Ironman Full que el 1 de noviembre se disputará por primera vez en San Juan, y llegará con un historial que pocos pueden igualar: será su Ironman número 222.
El dato no sorprende si se repasa su carrera, pero sí impresiona. Alvarez arribará al suelo sanjuanino recuperado de una operación de rodilla realizada hace tres semanas, con una intervención cardíaca de hace dos años y siete cirugías de columna a cuestas.
Del sofá a la línea de largada
Su vínculo con el deporte no nació de una vocación temprana. A los 23 años, Alvarez era, según sus propias palabras, "el gordito de los 95 kilos" que quiso correr 5K en Monterrey y no pudo. Ese fracaso fue el punto de inflexión.
Primero vinieron los 5K, después los 10K, los 21K y los 42K. Más tarde llegó el ultramaratón. Cada distancia fue un escalón en una hoja de vida deportiva que terminó de consolidarse con el triatlón, disciplina que lo convirtió en leyenda.
Un récord que habla solo
Su foja de servicios incluye un logro difícil de dimensionar: corrió todos los Ironman que se han realizado en el mundo. En un solo año completó 14 triatlones, con saltos de continente a continente de un día para el otro para encadenar dos pruebas consecutivas.
Pero el triatlón no es su única pasión. El deporte de aventura lo atravesó de punta a punta: andinismo, buceo, aguas abiertas y paracaidismo, con más de 500 saltos en su haber.
Las siete cimas y el Everest
El alpinismo ocupa un capítulo aparte. Alvarez coronó las siete cimas más altas de cada continente, entre ellas el Aconcagua. Sin embargo, la experiencia que más lo marcó fue el Everest, al que ascendió con 51 años.
Allí vivió la enseñanza más estremecedora de su vida: perder la vista por los efectos de la nieve. Sintió en carne propia lo que significa no poder ver, y eso le despertó su costado solidario. Empezó a colaborar con invidentes, guiándolos en competencias de Ironman.
En ese camino se cruzó con el triatleta argentino invidente y sordo Martín Cremenchusky, con quien corrió varias pruebas. Y en el momento más duro del Everest, otro argentino, el tucumano Pablo Celaya, fue clave para que pudiera descender y llegar sano y salvo al campamento.
"Soy un agradecido de la vida"
"Empecé en el deporte por una cuestión de vida. A los 23 años era el gordito de los 95 kilos que quiso correr 5K en Monterrey y no pudo. Esto disparó algo en mi interior y encontré en la belleza del deporte el vehículo para mejorar mi vida", reflexionó el ingeniero mexicano, que trabajó en varias compañías automotoras de nivel mundial y también fue comentarista en la televisión de su país.
"La experiencia en el Everest marcó mucho mi visión de la vida misma. Me quedé sin ver, sentí eso en carne propia y dimensioné lo que es estar en esa condición. Desde ahí me acerqué a muchos invidentes y les ofrecí toda mi experiencia. Creo que eso cierra el ciclo vital de cada uno y soy un agradecido de la vida", agregó.
San Juan vivirá una semana histórica con el desembarco del Ironman Full por primera vez. Entre los miles de triatletas que enfrentarán el exigente recorrido local estará Luis Alvarez, el "Sr. Ironman", una leyenda que llega a sumar otra página a su historia.